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Radiografía de Trainspotting 20 años después

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La periodista María Capote nos trae la radiografía completa de esta película que, 20 años después de su aparación, anuncia su secuela.

Trainspotting es una expresión popular en el Reino Unido para definir el delirante hobby de sentarse en una estación para ver pasar trenes. Irvine Welsh, el autor de la novela, dijo que de la misma manera en que esta actividad no tiene sentido para los que no la practican, el mundo de la heroína no tiene sentido para los que no la consumen. En 1996 el término llegó hasta el último rincón del mundo gracias a la gloriosa película de Danny Boyle. Y ahora, después de 20 años, Boyle se prepara para rodar Porno, la secuela de Trainspotting. La periodista María Capote nos trae la radiografía de una receta cargada de jeringas, sueños rotos, alucinaciones, pinchazos, dinero fácil y una deliciosa promiscuidad.

Vorágine social, emociones más orgásmicas que la misma heroína y descontrol. El incomprendido caos que coqueteaba por las calles de Edimburgo de la mano de un grupo de junkies que saltaban de exceso en exceso se catapultó bajo el nombre de Trainspotting.

En 1993, Irvine Welsh publicó la obra que le daba una mirada a un mundo de estéticas cargadas de rebelión y descontento colectivo. Y que a Welsh le abrió las puertas a la fama cuando el director Danny Boyle, tres años después, la llevó a la pantalla grande. Trainspotting se convirtió en un clásico noventero de culto al que le celebramos sus 20 años el pasado mes de febrero, tan exitoso que Boyle está trabajando en una secuela con los mismos personajes para el próximo año, como informó en el Festival Telluride Film.

Trainspotting, los avances culturales y el cine a través de películas como Tirten, Factory girl, Enter the Void e inclusive 24 hour party people comparten la culpa de que el público comenzara a ver el tema de la adicción con ojos nobles. Incluso Welsh declaró en una entrevista concedida para The Guardian que para él escribir Trainspotting fue liberador: cambió la visión que él tenía de su país de origen y la percepción que tenía el público del mismo. “O el vaso está medio vacío o medio lleno con este tipo de cosas, cuando la gente escribe una novela quiere tener gran alcance e impacto. Y para conseguirlo con una primera novela, puedes verlo como una carga o logro. He sido capaz de hacer cosas que yo no habría sido capaz de hacer antes y hasta he estado más a gusto con los editores”.

Para desdicha de varios, inclusive del mismo Boyle, el héroe camaleónico David Bowie no quiso aparecer en el soundtrack de Trainspotting, lo que provocó un vuelco en la musicalización de la escena en la que Mark Renton exorcizó sus demonios más profundos y lo hizo filosofar sobre su vida en el retrete.

(Ciénaga, el otro corazón de Macondo)

Este es un filme que idealizó a los antihéroes callejeros y aceptó a los marginados sociales. Cambió con franqueza los estereotipos sociales de la perversión que acompañaba la noche europea.

Desde la aparición de la Naranja mecánica el cine estaba inundándose de antihéroes. La película de Kubrick, en ese entonces ya dos décadas atrás, había dejado clara la estética de lo mundano y cómo a través de la pantalla esto podía ser bien visto. En los ochenta la aparición de Drugstore Cowboy, de Gus Van Sant, había aumentado el morbo social relatando la vida de varios toxicómanos estadounidenses que nunca lograron reponerse a las adicciones. Y en 1994, cuando Trainspotting ya había cumplido un año en las librerías y su autor buscaba un productor ideal para llevarla a la pantalla, llegó Quentin Tarantino y su obra Pulp Fiction, que mostraba los matices norteamericanos y se abría paso frente a la exaltación de la cultura pop. Sin embargo, en Europa, los inadaptados seguían sin ser reflejados en piezas fílmicas y puestos en el lugar que creían que merecían tener.

Solo en 1996, en el momento en que se estrena Trainspotting, la censura europea estalló en su máximo furor cuando impulsó la historia que cambió la forma de ver la adolescencia, la autodestrucción y burló los estigmas costumbristas atiborrados por la monarquía. Incluso Welsh afirmó en una entrevista concedida para Vice la posición política frente al filme: “El candidato presidencial estadounidense Bob Doyle la criticó sin siquiera haberla visto. El cine idealiza todo por naturaleza, con su reparto de actores y toda la estilización. Una de las cosas que más me gustaron de la visión de Danny fue que no quería una película pomposa de realismo social setentero que hiciera que la burguesía y los políticos mejoraran los barrios y toda esa mierda, porque ese barco ya zarpó y nunca va a pasar”.

Las contraculturas necesitaban ser escuchadas. Ewan McGregor se encargó de personificar la vida de un joven que esbozaba la esperanza de una generación que lo había dejado todo atrás por las drogas y el descontrol. Era cuestión de saltar a la gran pantalla y exponer los conflictos de un heroinómano para entender que Mark Renton era el ingrediente principal de una receta cargada de jeringas, sueños rotos, alucinaciones, pinchazos, dinero fácil y promiscuidad. Y Trainspotting era el plato que relataba esta oscura fauna humana.

Personificar la falta de drogadicción y la esperanza de vida de los que lograron desintoxicarse y vieron amigos cercanos morir en el intento; drogadictos que gastaron miles de libras en heroína y robaban para comprarla, de alcohólicos que despertaron en charcos de su propia orina.

(El lado oscuro de la luna)

Pero adentrarse en cada palabra de Welsh que ya había sido vivida por otros varios años atrás, también demandaba la representación de algunos drogadictos y tener éxito en el intento requería un poco más de esfuerzo actoral. Es así como McGregor, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd y Robert Carlyle decidieron continuar paso a paso la vida de algunos heroinómanos en el Calton Athletic Recovery Group de Glasgow, donde aprendieron a personificar la fatalidad de la drogadicción y la esperanza de vida de los que lograron desintoxicarse y vieron amigos cercanos morir en el intento; drogadictos que gastaron miles de libras en heroína y robaban para comprarla, de alcohólicos que despertaron en charcos de su propia orina. Porque no existe nada más intenso que hundirse solo en la propia miseria, según relató un informe entregado por Karin Goodwin para Vice, el cual también fue interpretado por la BBC radio en el especial documental Choose Life. Desde luego, Sick Boy, Tommy, Begbie e inclusive Diane fueron ese grupo de chicos destruidos que complementaban la perdición y retrataron algunas de esas retorcidas amistades que la adolescencia deja y solo te acompañan cuando vas en busca de problemas. Trainspotting codificó aquellos jóvenes que rebobinaron la cultura y modificaron la diversión.

Desde ese momento, años después de que Boyle se hubiera aventurado en esa dirección, algunos otros osados se aventuraron con Réquiem por un sueño, Enter The Void y Miedo y asco en Las Vegas, mostrando de manera independiente y sin moralizar los hábitos, las prácticas ilícitas, las penas y glorias que pasaban por la mente de un adicto.

Pocas películas de culto llegan a ese estatus sin un buen soundtrack. Hacia 1996 éramos testigos de cómo la Gran Bretaña palpitaba con los inicios del Britpop, pero Welsh y Boyle proclamaron a través de Trainspotting la importancia de algunos estribillos que llenan la historia y juegan con la narrativa de cada escena. Desde Primal Scream hasta Iggy Pop, pasando por Blur, Lou Reed, Underworld, New Order y Sleeper entre otros. Todos estos artistas dejaron un legado que se unió con la estética del caos, con canciones que se volvieron un himno independiente para varias generaciones que le rindieron culto a la película y recuerdan con exactitud cómo Mark Renton llegaba a un clímax psicótico mientras era acompañado de Lou Reed.

En efecto, los ochenta fueron un punto de partida decisivo para cada canción. Inclusive he sido testigo de cómo algunos recuerdan a Trainspotting por su soundtrack. Esto hizo que varios de estos artistas se catapultaran a través de diferentes corrientes sonoras. Sin embargo, para desdicha de varios, inclusive del mismo Boyle, el héroe camaleónico Bowie negó su aparición en la sonora de Trainspotting, lo que provocó un vuelco en la musicalización de la escena en la que Mark Renton exorcizó sus demonios más profundos y lo hizo filosofar sobre su vida en el retrete.

Todos estos artistas dejaron un legado que se unió con la estética del caos, con canciones que se volvieron un himno independiente para varias generaciones que le rindieron culto a la película y recuerdan con exactitud cómo Mark Renton llegaba a un clímax psicótico mientras era acompañado de Lou Reed.

(En busca del gran trago colombiano)

A pesar de haber publicado otros libros, como Crime (2008), el escritor escocés volvió a sus raíces recientemente con Skagboys (2012), que podría leerse como la génesis de Trainspotting, o la precuela.

En agosto de 2002 Irvine Welsh publicó Porno, una novela que desarrolló la historia de su ópera prima diez años después. Boyle será de nuevo el encargado de llevarla al cine y, para fortuna de muchos, contará con los mismos cuatro protagonistas iniciales de la versión original, incluso luego de que Ewan McGregor haya tenido un fuerte distanciamiento con Boyle tras haber sido remplazado por Leonardo DiCaprio en la adaptación cinematográfica de la novela La playa (2000), porque los productores buscaban una cara más reconocida para este papel. Por fortuna, el pasado mes de marzo, McGregor confirmó en una entrevista concedida para Collider su participación en este nuevo film. “Han pasado diez años desde que Irvine Welsh escribió la novela secuela Porno, así que ha sido un largo tiempo y ha habido gran especulación. Hace diez años yo no quería hacerlo, no estaba listo para hacerlo. Además, no había ningún guion”.

Welsh, en una entrevista para la revista BOCAS, habló de cómo fue descubrir a los personajes de Trainspotting en diferentes etapas de su vida, durante la secuela y la precuela: “Es interesante. Uno puede usar esos personajes de nuevo, pero hay que ser auténtico en cuanto a las razones por las que uno vuelve a traerlos a la vida. Algunos cambian radicalmente. Se vuelven alcohólicos o adictos a las drogas, o descubren la religión. Hay otros que no cambian tanto, que se modifican un poco. Uno tiene que ser consecuente con esos cambios”.

Hace veinte años al final de la cinta, Mark Renton gozaba campante de la traición mientras huía victorioso con el dinero en sus manos; hace veinte años los lugares marginados de Europa eran explorados mientras Margaret Thatcher desangraba la economía de los lugares empobrecidos del Reino Unido, que sollozaban por un poco de esperanza; hace veinte años los antihéroes eran llevados por el cine a un pedestal mientras la rebeldía era acompañada con himnos de los ochenta y el Britpop surgía; hace veinte años, en algunos lugares de Europa la droga sintética estaba en furor, incluso apoyándose en laboratorios como el escocés McFarlan que salía al mercado español incorporando el Pepsan, un estudio experimental que buscaba contrarrestar y desintoxicar heroinómanos a través de prescripción médica de heroína como un nuevo tratamiento alternativo sintético.

Era cuestión de saltar a la gran pantalla y exponer los conflictos de un heroinómano para entender que Mark Renton era el ingrediente principal de una receta cargada de jeringas, sueños rotos, alucinaciones, pinchazos, dinero fácil y promiscuidad.

(La carretera imposible)

Entonces, si Trainspotting inspiró una lectura social a la adolescencia perdida de esos tiempos, ¿en qué verdades incómodas nos hará pensar la secuela?

Quizá la secuela de Trainspotting no será un nuevo punto de referencia cinematográfico, pero tal vez refuerce la necesidad de un desenlace en su historia. Puede que responda las dudas de aquellos treintañeros que vivieron (y se identificaron con) la época de Mark Renton y siempre se preguntaron cómo sería el desenlace caótico de un heroinómano. Tal vez la continuación de la historia reafirme algunos de los problemas con que los escoceses aún tienen que lidiar luego de la decadencia de la droga y la mala vida, así como lo afirmó un informe presentado por el diario El Mundo, de España, donde indica que la esperanza de vida en Glasgow para un hombre ronda los 54 años. A esa edad se acercan nuestros protagonistas...

Ojalá Porno no sea la frustración de aquellos más distraídos que visitarán las salas de cine en busca de varias escenas eróticas en la pantalla grande. Quienes ven Trainspotting buscan más que eso.

 

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