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Descubra la historia de Anouk de Heer, una modelo holandesa que ha desfilado en las pasarelas más conocidas del mundo como Milán y Nueva York.

No necesita que le digamos que Anouk de Heer es hermosa, porque seguramente vio las fotos antes de empezar a leer el texto. Tampoco es que podamos decirle mucho más de ella: esta holandesa de 20 años es un misterio ambulante, una chica sonriente y sin ganas de dejar de modelar. Ha estado viajando desde que tenía quince a las capitales del mundo para aparecer en algunas de las revistas más prestigiosas: en París para Harper’s Bazaar, en Barcelona para Marie Claire, y ahora en Nueva York para la revista DONJUAN. 

Anouk de Heer es holandesa, representante de la nación que Bogotá recibe este mes con los brazos abiertos. Pero mientras el país de tulipanes y Van Gogh muestra sus cualidades literarias en la Feria del Libro, Anouk nos enseña otras cualidades: el pelo castaño –alborotado, tal y como aparece en las fotos– y la mirada de una femme fatale, con unos labios que parecen estar a punto de hablar en un acento eslavo, como un villano de una película de James Bond.

Claramente no es una supervillana, ni nada tan pintoresco. Como suelen ser las modelos, es única en su belleza, pero increíblemente parecida a las demás en la historia que tiene por contar. Así es, en el mundo del modelaje (1).

No hay mucho por decir sobre Anouk y ella tampoco me dijo mucho en la entrevista que logré hacerle por email, así que discúlpenme si divago un poco. Como muchas mujeres en esa profesión, empezó a trabajar como modelo antes de terminar el colegio, a esa edad en la que las chicas de este lado del hemisferio están teniendo sus fiestas de quinceañera. Fue descubierta por la agencia de modelaje mientras andaba de compras por un centro comercial de Ámsterdam (2), todavía una estudiante de secundaria. Pero antes de crecer lo suficiente para tener otras aspiraciones, quería ser profesora (3).

A los quince años tuvo su primer trabajo, alejada de las aulas fuera como alumna o instructora: una sesión fotográfica en Francia para la revista Jalouse, con el fotógrafo Damon Baker (4). Las fotos a blanco y negro, que se publicaron en 2011, no delatan a una chica que acababa de empezar a modelar y con la cual es técnicamente ilegal tener cualquier mal pensamiento. Desde el primer día se ve como una profesional. Ese mismo año hizo dos sesiones más para la misma revista y de ahí en adelante todo fue en ascenso. Ha aparecido en Harper’s Bazaar Australia caminando junto al Sena por las calles parisinas, y en la revista Marie Claire de Rusia, en una sesión fotográfica que se llevó a cabo en los tejados de Barcelona (5), aunque la sesión más desafiante fue quizá aquella que incluía un caballo y la obligó a confrontar sus miedos por el animal. “Superar tus miedos es la mejor sensación del mundo”, dice ella (6).

(Belén Bergagna: la rebelde de las pasarelas)

Era cuestión de tiempo para que se topara con César Balcázar, nuestro fotógrafo en Nueva York. En el Bronx, para ser específicos, en la parte alta de una fábrica de cajas donde está ubicado el estudio de fotografía. La idea venía de la productora Martina Arcucci. “Quería que jugáramos con el contraste”, contaba César, el fotógrafo, “espacios poco estéticos que contrastaran con la belleza de la modelo”.

Ella llegó, el equipo la maquilló, le mostraron algunos referentes para las fotografías y empezaron a trabajar.

“¿Y alguna cosa que te dijera, o algo de lo que hubieran hablado, que te haya impactado, que recuerdes?”, le pregunté a César.

“Realmente no hablamos mucho”, respondió él. “Todo giraba en torno a las fotos”. Eso sí, las fotos resultaron fantásticas, puede comprobarlo usted mismo. Cuando llegó a la locación no era más que una niña pero, dos minutos después, se trataba de alguein totalmente diferente, con una fuerza impresionante en el registro fotográfico y una disposición a lo que fuera. César consideró que debería mencionarles eso.

Pero él no tenía mucho más que contar de ella. Porque, como dije al comienzo, no sé realmente tanto sobre Anouk.

De su trabajo le encanta viajar por todo el mundo, viviendo en el día a día. Si hay un estereotipo que considera falso sobre el modelaje es que solo se tiene que ser hermoso para ser modelo. Es mucho más que eso. Pero un estereotipo verdadero es la soledad, resultado de tener que dejar a la familia y a los amigos atrás por largas temporadas. Ella no los olvida, trata de mantenerse en contacto lo más que puede en sus viajes. Por otro lado, de su vida personal no hay mucho que contar. El poco tiempo libre que le queda lo invierte en ir al gimnasio y en clases de yoga, que la ayudan a relajarse. A veces juega golf, pero los viajes constantes no le dejan mucho tiempo para este hobby. Disfruta de una buena copa de vino tinto (7) de vez en cuando. También le gusta mucho la comida italiana; no nos dijo si espaguetis o raviolis o lasaña, solamente dijo “amo la comida italiana” (8).

“¿Alguna vez piensas en qué vas a hacer después del modelaje?”, le pregunté, vía email. “¿Piensas siquiera parar?”.

“En este momento no pienso en dejarlo”, me dijo. “¡Amo este trabajo demasiado como para hacer eso!”.

Es por eso por lo que, seguramente, mientras usted lee esto, ella se encuentre viajando a algún lugar del mundo con el que nosotros tendremos que conformarnos con ver en fotos (9). Solitaria, pero al mismo tiempo contenta. Y, muy posiblemente, como ella misma lo confiesa al revisar la playlist en su teléfono celular, escuchando canciones de Beyonce hasta el cansancio (10).

 

(Valentina Ferrer y el mar en bicicleta)

(1) Lo sé yo, lo saben mis compañeros e incluso la editora de la revista, que cada mes tenemos que entrevistar como mínimo tres modelos para escribir los a veces cortos y a veces no-tan-cortos perfiles que usted lee en esta publicación. Créanme: ¡no es nada fácil! Hay que esforzarse mucho para sacar el más mínimo detalle de chicas que parecen tener preprogramadas respuestas como “me encanta pasar tiempo con mi familia” y “no hago dieta, como lo que quiero” (¡Ajá!). Tan cansados estábamos de esas respuestas que ideamos una serie de preguntas extrañísimas para sonsacarles al menos algo interesante. Entre las preguntas que inventamos están “¿en qué planeta te gustaría vivir y por qué?”, “¿cómo te gustaría morir?” y, aunque esta no es tan curiosa es mi favorita personal, “de pequeña, ¿qué querías ser cuando grande?”. De ese experimento han salido respuestas tan fantásticas como una modelo argentina que confesó que de pequeña quería ser astronauta y viajar a la Luna, porque “cuando iba por la carretera con mis padres, viajando de noche, tenía la Luna a mi derecha, siempre iba al lado mío, nunca la perdía de vista, y soñaba con llegar a ella”; pero otras respuestas desilusionan, como “¿no puedo vivir en este mismo planeta?”. Considere que esa es la lucha que hay detrás de cada perfil de cada modelo en cada revista, la próxima vez que lea algo por el estilo.

(2) A un amigo le pasó algo así, pero fue un scouting para una organización muy diferente. De pequeño pasaba frente a un centro comercial de Cali cuando un sujeto lo agarró de la maleta y le dijo que se lo iba a llevar al monte. Ya lo estaban arrastrando hacia una camioneta cuando él reaccionó, se liberó como pudo y corrió como si todos los demonios estuvieran a sus espaldas. Mi punto con esto es… hmm… bueno, supongo que es mejor ser llevado a las pasarelas que a la selva, ¿no?

(3) En Holanda, el oficio de profesor es visto con ojos totalmente diferentes. Para empezar, el salario promedio de un profesor holandés es de USD 57.000 al año, acorde al Efficiency Index y reportado por The Guardian, una cifra que solo supera Suiza con un promedio de más de USD 68.000. La labor también es un poco más sencilla, porque mientras en Colombia un profesor puede estar luchando por dar clase a treinta o cuarenta alborotadores al mismo tiempo, allá hay un proporción de tan solo 16,4 estudiantes por cada profesor (redondeemos a 17, suponiendo que esa décima sea simplemente un estudiante muy bajito). La última comparación odiosa es que cualquier universitario recién graduado en Colombia mira con malos ojos una oferta de trabajo como profesor en una escuela (excepto si se graduó de algo como educación física o filosofía; esos sabían en qué se metían), pero Holanda es el octavo país que más respeta a sus profesores, dice un informe de la Fundación Varkey Gems, con un índice de 40,3 en la escala de “estatus”; el ganador de la competencia es China, por si se pregunta, donde los profesores de primaria son tratados con el mismo respeto que un doctor.

(4) Un fotógrafo inglés que se describió a sí mismo como “oscuro, raro, energético y enfocado” para la publicación Frock+Roll. Ha trabajado como fotógrafo de moda para GQ, Vanity Fair, Vogue, entre otras. Sin embargo, no se sienta mal si no había oído hablar de él: nosotros tampoco teníamos ni idea de quién era.

(5) Ver “Globalización”.

(6) Para quienes quieran compartir esta sensación, según la publicación Psychology Today, la clave para superar los miedos está en ponerse en situaciones en las que tengamos que verlos o afrontarlos constantemente. “Si usted se pone ansioso con las arañas, tendrá que enfrentar arañas; si lo asustan los ascensores, tendrá que montar ascensores repetidamente. […] La exposición constante funciona mejor a un nivel psicológico al llevar al sistema nervioso a habituarse, que es el antídoto psicológico para la ansiedad”, dice la publicación.

(7) Dato interesante sobre el vino tinto: en China a quienes gozan de un buen estatus y de poder económico les gusta tomar un buen vino tinto, como por ejemplo una botella de Château Lafite o de Petrus… mezclada con Coca-Cola o Sprite, incluso limonada, para endulzar el sabor.

(8) Mi recomendación personal para una cena italiana de viernes en la noche (con suerte, con una chica como Anouk y su copa de vino tinto) es un linguine con limón, como lo prepara el chef Mario Batali. Primero, saque la ralladura y el jugo de dos limones mientras pone cinco litros y medio de agua a hervir con tres cucharadas de sal kosher. Luego combine la ralladura, el jugo, seis cucharadas de aceite de oliva y cuatro cucharadas de mantequilla sin sal en una olla y caliente a fuego medio hasta que la mantequilla se derrita, entonces apague el fuego. Ponga la pasta (una libra de linguine seco) en el agua y deje que cocine al dente. Seque la pasta, pero saque a un lado media taza del agua. Por último, solo es añadir la pasta y el agua a la mezcla de jugo de limón y revolver la mezcla a fuego medio hasta que se asiente bien. Añada un poco de queso parmesano, sirva de inmediato y ¡presto!

(9) ¡Demonios! Casi lo olvido: le pregunté cuál es el lugar que desearía conocer antes de morir, a lo que ella me respondió “definitivamente quisiera ver las luces verdes en Noruega”. Supuse que se refería a la aurora boreal, pero igual las busqué para asegurarme. Primero, tenía razón, se refería a las famosas “luces del norte” que si las busca en Google terminarán con un mar de imágenes que lo llevarán a ahorrar hasta el último centavo para llegar hasta Noruega; segundo, ¿se han preguntado alguna vez por qué se da ese fenómeno? Resulta que, como lo explica la NASA, “la aurora es el efecto de partículas del sol, que salen del gigante en rayos estables conocidos como viento solar, y en erupciones gigantescas conocidas como eyección de masa coronal o CMEs (por sus siglas en inglés). Después de un viaje a la Tierra, que puede durar entre dos y tres días, las partículas solares y los campos magnéticos causan que se liberen partículas ya atrapadas alrededor de la Tierra, lo cual a su vez activa una reacción en la atmósfera superior en la cual las moléculas de oxígeno y nitrógeno liberan fotones de luz. El resultado: las luces del norte y del sur”. Esa es la razón de esas luces que cautivaron a los exploradores de los polos en la época de los héroes árticos, y que posiblemente fueron lo último que vieron quienes nunca volvieron a casa para hablar sobre ellas.

(10) Personalmente, prefiero a Kanye.

Si quiere saber más del autor, sigalo en Twitter como @ElPrincipote

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