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Valentina Ferrer es una argentina de 22 años que ha vivido en Córdoba, Buenos Aires, Ciudad de México, Miami y Sao Paulo. Tiene unas medidas de 90-60-91 y nos cuenta cuáles son sus playas preferidas.

Valentina Ferrer tiene 22 años, es egresada de Educación Física de la Universidad de Buenos Aires y es una de la clase de modelos por la que todo el mundo suspira. Nació en la segunda ciudad más grande de Argentina, en Córdoba, en un paisaje de montaña, en una casa que mira al lago San Roque donde aprendió a nadar y a hacer deportes acuáticos. Sin embargo, siempre buscó una excusa para ir al mar. Sus playas preferidas en Buenos Aires son las de Punta del Este o las  del Mar del Plata, donde se atreve a desafiar las olas del océano Atlántico con su tabla de windsurf.

Hasta los 17 años su vida fue así de sencilla. Eso fue antes de que comenzara la locura de ser modelo: su día a día se convirtió en dos maletas y una frenética rutina nómada por distintos países, que la ha llevado a andar empacando y desempacando su vida en hoteles de distintas ciudades, como Buenos Aires, São Paulo, México y Miami, un viaje continuo de una a otra. Habla portugués, inglés y español (puede estar usando los tres idiomas la misma semana), corre de aeropuerto en aeropuerto, de sesiones de fotos a comerciales, a desfiles y pasarelas; y entre tanto, extraña los pequeños detalles de su vida en Córdoba, añora los postres Pasta Frola que hace su mamá con dulce de membrillo, y siempre dispone de provisiones de mate de sobra. “Ahora que estoy hablando contigo estoy tomando mate, por ejemplo”, dice al teléfono. La nostalgia la abruma ya pasados los cuatro meses sin ver a sus papás o a sus cuatro hermanos. “Siempre que puedo los llevo conmigo a los viajes que tengo o sino, cojo un avión, paso la tarjeta de crédito sin miedo y voy a verlos”.

Pero, sin importar el ajetreo de las cámaras y los maquilladores y las luces que brillan sobre su rostro, la mayoría de las ciudades tienen una compensación para Valentina por todo su esfuerzo: el mar. No importa el lugar del mundo ni la estación del año, la playa tiene sobre Valentina el mismo efecto que el Caribe tenía sobre Gabo: “yo vuelo de París a Cartagena, o de Madrid a Cartagena, por ejemplo, o a Barranquilla y en el momento en que desembarco aquí, yo noto que todo en el cuerpo y en la mente se me reajusta, y se identifica perfectamente con toda la realidad ecológica que tengo alrededor. Yo llegué a la conclusión de que uno es de su medio ecológico y que es peligrosísimo y gravísimo salir de él”.

El escritor español Rafael Alberti, en Todo el Mar, donde según él mismo dice en un texto de Juan Cruz “Todo lo que pueda decir sobre el mar está en ese texto”, escribió: “El mar es toda mi vida”. Siempre estuvo cerca del mar. “He pasado del ilustre mar de Cádiz, ahora perturbado por la presencia de la asquerosa base norteamericana de Rota, al mar de Argentina, al Pacífico del Chile de Neruda. El mar no es igual en ninguna parte, ni puede decirse que sea más dulce en unos sitios que en otros, porque ese mar de Cádiz también tiene sus tempestades y con ellas se ha tragado la ciudad dos veces. Ese mar es delicioso cuando está con sol, pero cuando se le hinchan las narices acaba con los templos de Hércules. El Cantábrico es tremendo. El océano libre es imponente; yo he visto las olas más altas desde la casa de Neruda”.

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Ella no es un premio nobel, así que sus palabras no son tan poéticas, pero son igual de ciertas. Valentina afirma que en la playa la energía es diferente; el agua salada te limpia. “Yo creo que ese es mi secreto: la belleza de una mujer es subjetiva, mucho tiene que ver con la buena energía y disposición. Yo me recargo con el ruido del mar, la arena blanca”.

Valentina ha estado cerca del mar, incluso desde que vivía en esa casa que mira al lago San Roque. La primera vez que vivió fuera de su casa viajó a Buenos Aires a estudiar Educación Física, se la pasaba buscando oportunidades para visitar las playas cercanas, como las de Mar del Plata. Luego se mudó a Brasil, a São Paulo, desde donde viajó para cumplir sus compromisos de modelo a Chile, Ecuador, Londres, Milán. Cuenta que mientras estuvo en São Paulo, por lo general caminaba una hora y media de su casa a las playas de Buzios, lugar conocido como el mejor para practicar surf, y a las playas de San Pedro. Y cuando vivió en Ciudad de México lograba sacar algo de tiempo para huir del tráfico de la gran ciudad y se escapaba de vez en cuando a playa del Carmen, en el corazón de la Riviera Maya, para aprovechar el agua color azul turquesa, y a Tulum para visitar además la ciudad amurallada ubicada en el sureste de México, en la costa del mar Caribe. Viviendo allí viajó varias veces a hacer fotos a Argentina y a Nueva York, donde le tocó el peor invierno de su vida. “No sirvo para el frío, me disminuye, me entristece, yo soy de sol y playa”. Ese frío que le calaba los huesos la hizo decidir irse finalmente a vivir a Miami, lugar que prefiere por encima de todos. La ciudad la cautiva por sus playas y el mar y seguramente porque ahí vive también su novio, un venezolano, con el que lleva tres años. “Vivir en una ciudad con calor te activa, no sientes cansancio”.

La casa donde vive hoy queda a siete cuadras de las playas de Miami Beach. Los días que puede hacer una de sus jornadas de ejercicio –que rota todos los días entre montar en bicicleta, caminar, hacer pilates o básquetbol, frente a la arena blanca y las aguas cristalinas poco profundas y tranquilas del océano Atlántico–, se le ve temprano trotando por el paseo de Ocean Drive, pasando la mansión donde mataron a Gianni Versace. “Hacer ejercicio al aire libre para mí es toda una terapia. Necesito ver verde o mejor un paisaje de olas, me encanta entrenar sobre la arena blanca”. Además, como desde pequeña realiza deportes acuáticos, aprovecha cada rato libre para nadar y hacer windsurf. Los fines de semana le gusta hacer paseos en yate con el propósito de esquiar sobre el agua.

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Recientemente visitó Ecuador y Colombia. En Ecuador estuvo en las playas de Montañitas y en Colombia pasó por Medellín, ciudad que le encantó por la calidez de su gente. Tiene compromisos de trabajo con Colombia próximamente y espera que, en medio de uno de esos, la lleven al Caribe. “Estoy esperando con ansias conocer las playas colombianas que me han dicho que son increíbles”. Pero, de todas las playas que ha conocido, en el hemisferio norte y en el hemisferio sur, en el Pacífico y en el Caribe, entre tantos trabajos que la han llevado a viajar por toda América, de aquellas que ha conocido sus playas preferidas están en Los Roques, en Venezuela, un archipiélago situado en el mar Caribe declarado parque nacional en 1972. Un mar con toda la gama de azules posibles. “Es un lugar mágico”, dice Valentina.

Los compromisos con el modelaje todavía le dejan tiempo para un emprendimiento que se llama Gluten Free Balance, que surgió con la idea de orientar y acompañar a las personas que como ella poseen intolerancia al gluten. En la página web y en redes, Valentina comparte tips y recetas saludables. Lo último que ha subido es una recomendación de pasta sin gluten y un par de recetas de postres con frutas.

Aunque su playa predilecta en Miami y la más cercana a su casa es la de South Point, nos despedimos de ella hablando de la playa preferida de ricos y famosos: la playa nudista de Bal Harbour, a quince minutos al norte de South Beach en Miami, adonde ella va mucho a hacer fotos y a disfrutar del parque natural Haulover Beach Park. Pero si no es esa, Miami tiene muchas playas para ofrecer a una mujer llamada a vivir junto al mar.

Si quiere saber más de la autora, sígala en Twitter como @Linamagutierrez

Vea también: El surf de Joceline Garcés en Puerto Colombia

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