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Los 5 asesinatos políticos más ridículos e infames de la historia

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Cuando se trata de asesinatos, Corea del Norte no es el único jugador a lo largo de la historia. Esta es una muestra de los métodos con la que los gobiernos han intentado deshacerse de sus enemigos.

El caso del asesinato de Kim Jong-Nam parece una combinación de las historias de John Le Carre, por la eficiencia con la que fue llevado a cabo, con los capítulos de El superagente 86, por lo ridículo de sus métodos. El hermano del dictador de Corea del Norte murió la semana pasada en el aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia, después de que dos mujeres rociaran su cara con un veneno aún por determinar. Las mujeres arrestadas dicen que no sabían de qué se trataba todo, solo que alguien les había pagado por jugarle una broma a Kim Jong-Nam para “una broma de televisión”. Las personas que las reclutaron no aparecen por ningún lado.

Aunque Kim Jong-Un, líder supremo de Corea del Norte y hombre más sexy del mundo en 2012 según The Onion, niega que se trate de un asesinato, casi no existe duda de que esto es obra suya. Sería lo propio de un país que ha puesto carros bomba y ha intentado infiltrar soldados al palacio presidencial de su vecino durante los últimos cincuenta años. Pero Corea del Norte no es la única nación con historias por el estilo, y menos el único con ese grado de creatividad. Aquí hay cinco historias de intentos de asesinato más ridículos, más infames y a veces iguales de exitosos que el que sacudió al mundo la semana pasada.

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638 formas de matar a Castro

Javier Escalante, antiguo jefe del servicio secreto cubano, estimó en cierta ocasión que Estados Unidos había intentado matar a Fidel Castro unas 638 veces en un periodo de más de cuarenta años, aunque el número está en disputa. La administración que menos veces lo intentó fue la de Bush padre, con 16 intentos; la que más veces fue a por la cabeza del dictador (y obviamente falló) fue la de Reagan, con 197.

Fidel Castro. 

Pero no es sólo cuestión de cuánto, sino de cómo. Mientras que algunos de los planes de la CIA son bastante tradicionales, como un francotirador en el lugar y momento correcto, otros parecen sacados de una historia de Lemony Snicket. La lista de planes incluye:

Una femme fatale. Marita Lorenz, amante del dictador, fue reclutada por la CIA en 1959 para asesinarlo. La agencia le dio pastas de botulina que matarían a Fidel en cuestión de segundos. Sin embargo, Lorenz decidió no hacerlo a último momento.

Darle un cigarro con explosivos a Fidel. Con un poco más de tiempo, la CIA pensó en plantar un cigarro contaminado con botulina que un agente doble colocaría entre los de Fidel. Supuestamente, el agente recibió los cigarros en 1961, pero nunca ejecutó el plan.

● Una aguja hipodérmica escondida en una pluma, tan delgada que Fidel no sentiría cuando el veneno le fuera inyectado por una agente (un oficial cubano de alto rango reclutado por los EE. UU.) que pasaba a su lado.

Rociar su estudio de radio con una sustancia parecida al LSD que lo haría tener alucinaciones en medio de sus icónicos discursos. La CIA también consideró rociar unos zapatos que el líder cubano comprara en el extranjero con sales de talio, un químico que haría a Castro perder su barba. Estos atentados estaban pensados más para quitarle a Castro su credibilidad en lugar de su vida.

La historia de Castro con la CIA se asemeja mucho a la historia de Josip Tito, el mandatario de la antigua Yugoslavia, con la KGB, el servicio de inteligencia soviético. Debido a que Tito se negó a adjuntar Yugoslavia a la URSS, los soviéticos lo querían muerto. Para esto diseñaron varios planes, la mayoría involucrando veneno (el método favorito de la KGB), entre ellos un spray silencioso con una peste neumónica y una caja con una trampa que liberaría un gas venenoso. Todos los planes fueron frustrados y el mismo Tito le escribió una carta a Iósif Stalin diciendo: “¡Deja de mandar gente a matarme! Si no dejas de mandar asesinos, mandaré uno bastante hábil a Moscú y estoy seguro de que no tendré que mandar a otro”.

Por cierto, 638 formas de matar a Castro es el nombre de un documental producido por Channel 4 que, si pueden, vale la pena que le echen un ojo. Lo que está escrito arriba apenas raya la superficie de lo ridículamente lejos que fue la CIA para matar a un hombre que al final de todo murió cómodamente en su cama.

El asesinato de Trujillo

La CIA tampoco tuvo las manos limpias durante la Guerra Fría. Antes de que, por órdenes ejecutivas firmadas por el presidente de los Estados Unidos en los años setenta, la CIA no pudiese actuar directa o indirectamente en ninguna conspiración para cometer un asesinato, la agencia de inteligencia estuvo involucrada en complots para asesinar a Castro (como ya vimos), Allende y Patrice Lumumba, primer ministro del Congo en 1960. Ahora no hacen eso… o al menos esa es la versión oficial.

Uno de los asesinatos más famosos en el que la CIA estaba involucrada fue el del dictador dominicano Rafael Trujillo. Murió abaleado junto a su auto en la carretera a las afueras de San Cristobal, en 1961. Aunque aún se disputa el nivel de participación de la CIA, es difícil negar que estuvieron involucrados: armas estadounidenses estaban en manos de los asesinos, y las maniobras del asesinato, llevado a cabo por miembros de un grupo con el que la agencia tenía contacto, se parecen bastante a las discutidas por los americanos.

Rafael Trujillo. 

Para una versión más cinematográfica de los hechos, cito a Junot Díaz en su libro La maravillosa vida breve de Oscar Wao:

“El Chevy negro hace, inofensivamente, una señal con sus luces, pidiendo pasar, y Zacarías [el conductor], pensando que es la Policía Secreta, cumple y baja la velocidad, y cuando los carros están uno al lado del otro, la escopeta en mano de Antonio de la Maza hace ¡bu-ya! Y ahora (según la leyenda) El Jefe grita, ¡Coño, me hirieron! La segunda ráfaga de la escopeta le da a Zacarías en el hombro y casi detiene el carro, por el dolor y choque y sorpresa. Aquí ahora viene el intercambio famoso: Coge las armas, dice El Jefe. Vamos a pelear. Y Zacarías dice: No, Jefe, son muchos, y El Jefe repite: Vamos a pelear. Podía haberle ordenado a Zacarías que le diera vuelta al carro y regresara a la seguridad de su capital pero, por el contrario, decidió terminar como Tony Montana. Tambaleándose, Trujillo sale del Bel Air acribillado a balazos, con un .38 en la mano. El resto es, por supuesto, historia, y si esto fuera una película se tendría que filmar en cámara lenta al estilo de John Woo. Le dispararon veintisiete veces —qué número tan dominicano— y se dice que a pesar de sufrir cuatrocientos puntos de impactos, Rafael Leónidas Trujillo Molina, herido mortalmente, dio dos pasos hacia el lugar donde nació, San Cristóbal, porque, como sabemos, todos los niños, buenos y malos, al fin encuentran su camino a casa; pero, pensándolo mejor, se volvió a La Capital, su ciudad querida, y cayó por última vez. Zacarías, a quien una ronda de .357 le había arrugado la región centroparietal, cayó en la hierba junto a la carretera; milagro de milagros, sobreviviría para hacer el cuento del ajusticiamiento. De la Maza, quizá pensando en su pobre hermano difunto a quien le habían tendido la trampa, le quitó el .38 de la mano muerta a Trujillo y le disparó a la cara, pronunciando las palabras ahora tan famosas: Este guaraguao ya no comerá más pollito.”

La maravillosa vida breve de Oscar Wao.

Georgi Markov

Georgi Markov era un autor búlgaro disidente que había huido a Inglaterra y trabajaba como periodista para la BBC mientras ponía en ridículo al régimen búlgaro. Sobra decir que el gobierno búlgaro no tenía mucho sentido del humor. Lo querían liquidar. Acudieron a la KGB y, junto a ellos, orquestaron un plan de asesinato que involucra uno de los aparatos de espionaje más interesantes de la Guerra Fría.

En 1978, mientras Markov esperaba el bus cerca al puente de Waterloo para ir a trabajar, sintió lo que parecía un piquete de abeja en su muslo derecho. Cuando se volteó, solo vio a un sujeto recogiendo su sombrilla y luego apresurándose a coger un taxi. Cuatro días después, Georgi Markov había muerto. Una autopsia reveló que tenía un balín con ricina (un poderoso veneno natural, que quizá recuerde de Breaking Bad) del tamaño de la cabeza de un alfiler incrustado en el lugar en el que había sentido la picadura.

Georgi Markov.

Tras la caída de la URSS se supo que Markov había caído ante una “sombrilla de balines”, que dispara un balín envenenado desde su punta. No se supo quién exactamente cometió el asesinato, pero se sospecha de Francesco Gullino, cuyo nombre clave era “Picadilly”. Aunque el caso de Markov es el único que se conoce en el que se usó esta arma, se reporta que fue usada por la KGB y otros servicios de inteligencia aliados durante los años setenta. Es posible que haya muchos otros asesinatos similares que nunca vieron la luz pública.

La cólera de Dios

Septiembre Negro es un nombre que vivirá en la infamia. Este grupo terrorista palestino secuestró a 11 deportistas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972, los tuvo de rehenes y eventualmente los ejecutó a todos.

Pero si por algo es conocida la nación de Israel es por siempre saldar sus cuentas (solo pregúntenle a Adolf Eichmann): la primer ministra Golda Meir dio la autorización a agentes de la Mossad, el servicio de inteligencia israelí, de rastrear y “eliminar” miembros de los grupos terroristas involucrados en la masacre. Así empezó la operación Cólera de Dios, que llevó al asesinato de supuestos simpatizantes de los grupos terroristas. El primero en caer, Wael Zwaiter, fue ejecutado con un tiro a la cabeza mientras caminaba a su casa por las calles de Roma, en 1972; más tarde ese mismo año, otro sospechoso, Mahmoud Hamshari, murió cuando estalló una bomba en su apartamento en Francia. La bomba detonó cuando contestó al teléfono. Estos son solo dos casos en una larga lista de asesinatos que se sospecha se dieron durante las dos décadas siguientes, que involucran pistolas con silenciadores y bombas escondidas. La magnitud de la operación y el descaro con el que se ejecutó supera la lógica.

Septiembre negro. 


La operación fue criticada por sus ejecuciones sumarias y por violar la soberanía de varios países europeos; la poca simpatía que despertaba la causa desapareció después de que los agentes de la Mossad confundieran a un mesero marroquí que trabajaba en Noruega con uno de los blancos que buscaban. Le dispararon en la cabeza en 1973, cuando salía del cine con su esposa embarazada. Seis agentes de la Mossad fueron arrestados y sentenciados en Noruega, antes de ser devueltos a Israel en 1975.

Por supuesto, esta es solo una de las polémicas historias que involucra a la Mossad, confirmada solo en partes; como dijo alguna vez el ministro de relaciones exteriores de Israel, Avigdor Lieberman: “Israel nunca responde, nunca confirma y nunca niega”. Pero una historia en la que no se pueden dar ese lujo fue…

 

El intento de asesinato contra Khaled Meshaal

En 1997, varios agentes de la Mossad entraron a Jordania con órdenes del entonces primer ministro Binyamin Netanyahu de asesinar al líder político del grupo Hamas, Khaled Meshaal. Era una movida arriesgada, considerando que Israel tenía un tratado de paz bastante frágil con Jordania, pero a ojos del Netanyahu, valía la pena tomar el riesgo a fin de eliminar a una de las figuras políticas de más rápido ascenso entre los palestinos.

Los agentes llevaban pasaportes canadienses falsos y un veneno particular, fentanilo (acorde al New York Times), un opioide que se usa para el tratamiento del dolor. Dos estaban a cargo de administrar el veneno, a las afueras de la oficina de Meshaal. Otros cuatro estaban vigilando los alrededores de la escena y un médico estaba esperando en el Hotel Intercontinental con el antídoto, conocido como naloxona, en caso de cualquier incidente. Uno de los agentes se acercó a Meshaal y extendió su mano, cubierta con un vendaje y una leve protuberancia según testigos, hacia el oído del dirigente de Hamas. “Sentí un fuerte ruido en mi oído”, contó Meshaal, citado por el New York Times. “Fue como una explosión. Luego tuve una sensación de escalofríos, como un choque eléctrico”.

Khaled Meshaal. 

En cuestión de horas Meshaal estaba vomitando y su sistema respiratorio estaba a punto de colapsar. Sin embargo, los dos agentes de la Mossad fueron capturados y los demás tuvieron que refugiarse en la embajada. El rey de Jordania estaba furioso. Exigió que Israel identificara el veneno para poder tratar a Meshaal, que liberaran a varios prisioneros a cambio de los agentes de la Mossad y que el primer ministro israelí se disculpara públicamente… y el primer ministro Netanyahu tuvo que cumplir a cada una de las condiciones para evitar una crisis internacional. Es lo que sucede cuando un espía mete la pata.

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