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Un cura, un psicólogo y varias feministas nos dieron su opinión sobre qué tendría que hacer Pablo Armero para ganarse una segunda oportunidad, no solo en la Selección, sino como figura pública.

Pablo Armero se equivocó, eso está clarísimo. También quedó claro que en la Selección Colombia todo el mundo gambeteó el problema diciendo: “Eso no tiene nada que ver por aquí”. Ahora que ya lo convocaron, y que ya jugó, el tema pasa a ser: ¿qué tendría que hacer el jugador para que sus futuras convocatorias se alejen de esta polémica? ¿Hasta cuándo debe ir el castigo social?

Todo maltrato o acto de violencia contra alguien es condenable y reprochable. Más en un país como Colombia donde las cifras de violencia son aterradoras. Solo para que se haga una idea, en 2015 fueron asesinadas 970 mujeres en el país, según Medicina Legal. Y según Profamilia el 74 por ciento de las colombianas han sido víctimas de violencia de género; esto quiere decir que es muy probable que usted conozca o viva con alguna de ellas.

Entrenamiento de la Selección colombia en el Polideportivo de la Universidad Autónoma del Caribe. Fotografía: Vanexa Romero.

Esta polémica se reavivó por la convocatoria y la titularidad de Armero en la Selección, pero puso en debate puntos muy importantes: ¿hasta qué punto la vida privada puede afectar la vida laboral? ¿Somos tolerantes ante la violencia de género? ¿Es suficiente que el jugador pida perdón? ¿Merece una segunda oportunidad Pablo Armero, no como jugador sino como personaje público?

Aquí le tenemos tres puntos de vista sobre estas preguntas. Si usted fue de los que se rió con el meme de abajo hágase el favor de seguir leyendo, es por su bien.

 


El sacerdote

Monseñor Alirio López, que trabajó por varios años en el programa “Goles en paz” de la Alcaldía de Bogotá, conoce de cerca la violencia entre hinchas y todos los problemas sociales que se generan alrededor del fútbol. Su trabajo con las barras bravas lo llevaron a investigar y tratar con jóvenes que tenían de ídolos a los futbolistas, muchos que ahora juegan en la Selección nacional.

Monseñor Alirio López. Fotografía: Andrea Moreno 

“El caso de Pablo Armero es complicado. Yo pensé que él iba a pedir perdón públicamente y eso no pasó. El fútbol es el medio ideal para enviar signos de tolerancia, de no incitación a la violencia, respeto por la vida”, plantea Monseñor López. Para el sacerdote la única forma en que Armero tenga una segunda oportunidad consiste en un acto de arrepentimiento o redención: “Él debería tomar un micrófono frente a los hinchas en un estadio y pedir perdón por lo que hizo. Y tiene que ser así porque él es un personaje público y nos representa. Aunque hay que tener en cuenta que el perdón no es amnesia, el trabajo de reconciliación consigo mismo es más largo y difícil, pero si lo logra él recibirá ese perdón”.

Cientos de ciudadanos se reunieron en la Plazoleta Jairo Varela para darle la bienvenida a los integrantes de la Selección Colombia de la región. Fotografía: Juan Pablo Rueda Bustamante. 

Además, López hace énfasis en la importancia de la Selección Colombia como referente para los jóvenes: “Este equipo debería unirnos, todos queremos que tengan un buen partido, si nos traemos el empate sería buenísimo, pero esos 11 jugadores representan algo más que el juego, son modelos de vida”.

En otras palabras, no basta con el dicho: “el que peca y reza empata”.

El psicólogo

César Rey es Doctor en sicología clínica y de la salud y especialista en temas relacionados con violencia intrafamiliar y el machismo. Para Rey el problema con la conducta de Pablo Armero va mucho más allá de si es o no una figura pública, aunque esto último lo haga más visible: “Estos casos son claramente un ejemplo negativo en todo lo que tiene que ver con la resolución de conflictos en la pareja y aumenta los estereotipos que llevan a los actos violentos, en este caso contra una mujer”.

Estereotipos como creer que algún miembro de la pareja siempre tiene que satisfacer los deseos sexuales de su compañero y que eso hace parte de su rol en la relación o que lo que pasa en la vida privada de cada persona se debe quedar ahí: “Esto es muy grave –comenta Rey– porque legitima una de los mecanismos que los victimarios utilizan para ocultar las agresiones emocionales y físicas”.

Juicio a Pablo Armero en Miami. 

Hacer visibles estos problemas es necesario, según Rey, porque es a través de la sanción social que el victimario puede empezar un proceso de cambio y no repetición: “Esta sanción debe ir desde el entorno familiar hasta el entorno laboral, que se demuestre que esa conducta es reprochable y que la repetición es algo que no se puede tolerar”. Si bien no puede borrarse lo ocurrido, aceptar –en este caso– públicamente que se cometió un error demuestra que hay un indicio de arrepentimiento real en la conciencia de la persona: “Los casos varían dependiendo de los pacientes, pero por lo general el procedimiento para ayudar a este cambio es la asistencia a las consultas con un especialista donde se le da al paciente herramientas para el control de la ira, el cambio en los estereotipos sobre las relaciones y habilidades para resolver conflictos”. Sin embargo, nada de esto se logra si el paciente no ayuda, además se corre el riesgo de caer en lo que el doctor César Rey llama, los ciclos de violencia o la repetición de estos actos.

Pablo Armero, jugador de la selección Colombia, y el Técnico argentino José Nestor Pékerman, durante una escena del partido ante Perú, en el Metropolitano Roberto Meléndez. Fotografía: Óscar Berrocal. 

Eso sí, como dirían las abuelas, o el amigo del bar cuando se le sube la cerveza a la cabeza, lo primero es reconocer el error y no hacer como si nada pasara. 

Las feministas

Lo más indignante de todo esto, cuando todo es muy indignante en esta historia, fueron las reacciones en redes sociales –ese campo de batalla moderno– en contra de la periodista Andrea Guerrero. Ella hizo pública su inconformidad con la convocatoria de Armero y declaró en varios medios que le parecía una falta de respeto la decisión de Pékerman de llamarlo a la Selección. Para ella un futbolista tiene que ser íntegro porque representa un país y es el ejemplo para muchos jóvenes. Y por decir eso, que parece tan lógico, recibió insultos, reproches y hasta amenazas.

Una de las primeras en reaccionar ante esto fue la columnista de El Espectador Catalina Ruiz-Navarro en su columna titulada “A las patadas”. Allí se preguntaba por qué somos tan laxos con los futbolistas al punto de hacernos los de la vista gorda con este tipo de acciones de violencia o creer que “ser maltratador y futbolista es hasta una garantía de impunidad”.

Por otro lado la periodista Jineth Bedoya, directora de la campaña “No es hora de callar”, en declaraciones a El Tiempo pidió que Armero se disculpara públicamente: “Él tiene derecho a la reivindicación y a seguir jugando fútbol, pero antes de hacerlo tiene que darle una explicación al país, porque esto no es solo del ámbito personal: él es una figura pública y está representando al país”.

Fotos de la firma de autografos de jugadores de la seleccion Colombia, entre ellos Pablo Armero. Fotografía: Luis Lizarazo.

Si llegó hasta aquí seguro concluyó que faltó una declaración pública por parte de Armero, que separar la vida privada de la personal en este caso es imposible –pensar que nada iba a pasar al convocarlo era un poco ridículo– y que si queremos cambiar no tenemos que linchar al mensajero, ni al victimario. Al final del partido las segundas oportunidades se ganan, no se regalan.

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