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Camila Avella es una modelo de Colombia, nació en Yopal y con solo 20 años ha participado en las pasarelas más importantes del país. Ella es la gran apuesta del modelaje en Revista DONJUAN.

 No es fácil saber a quién se parece Camila Avella, pero tampoco es difícil compararla con las mujeres más sexis de esta galaxia. Tiene labios gruesos, mirada impactante y el color de sus ojos cambia según su estado de ánimo: verdes, miel y cafés. Nació en Yopal, tiene 20 años, ya ha modelado en las pasarelas más importantes de Colombia, su nombre está en boca de varios diseñadores y es la gran apuesta del modelaje en nuestro país y de DONJUAN.

“Me dicen que mis labios son muy sensuales y yo creo que sí. Son lindos”. La cara de Camila Avella produce trastornos, y ella lo sabe. “Quiero ser una de las modelos más importantes del mundo y me estoy preparando para eso”. Pero no sólo lo dice ella. Sus fotos en las redes sociales producen miles de likes. Por ejemplo, el día siguiente de la sesión de fotos de Camila para esta editorial, la cuenta de Instagram @missosologycol subió una publicación en la que confirmaba que la modelo no iba a participar en Miss Colombia del próximo año y que, para ellos, ella era la reina indiscutida. “¿Qué piensan?”, escribieron al final del mensaje. En menos de una hora ya habían recibido más de veinte respuestas. “Hagamos algo, ella tiene que ir”, decía una. “La queremos como señorita Colombia”, afirmaba otra. “Piénsalo bien, en serio harías un gran papel como Miss Colombia”, sugería otra. Y así sucesivamente. De hecho, el resultado del comentario fue la creación de un grupo de conversación privado integrado por sus fans, para lograr que ella participara en el reinado.

El primer contrato oficial de Camila fue con la agencia de modelaje INforma Models cuando era menor de edad, y lo tuvo que firmar su mamá. Primero debutó en un casting para un comercial de chocolates, pero no salió elegida, y luego fue a Plataforma K, el evento de moda más importante de Barranquilla que se realiza anualmente. “La experiencia fue muy linda, conocí a muchas modelos reconocidas y a muchos diseñadores muy prestigiosos”. Por la misma época presentó un casting nacional para participar en el Fashion Show París Hilton, en Bogotá, y salió seleccionada junto con otras 19 niñas para desfilar en la pasarela del diseñador colombiano Jorge Duque, ganador de la primera temporada de Project Runway Latin America trasmitida por el canal de televisión Fashion TV Latin America. Desde ese momento, los llamados empezaron a llegar de todos lados, por ejemplo de Estados Unidos.

Durante un viaje con sus papás a Panamá, el director de la agencia Elite Model Management le ofreció un contrato de modelaje, el primero a nivel internacional. Camila viajó a Miami, se radicó durante cuatro meses en la casa de una tía y tuvo la oportunidad de realizar muchos trabajos, aunque no fueron pagos porque no contaba con la visa. Mientras tanto, Colombiamoda la esperaba en su país. Viajó de regreso y lo que estaba por venir para su carrera era un reajuste de piezas, casi como un rompecabezas: rescindió su contrato con INforma y, recién cumplidos los dieciocho años, firmó con Grupo 4, otra de las grandes minas del modelaje en Colombia y que son sus representantes actuales.

También terminó contrato con Elite, y se unió a Next Model Management. Estuvo seis meses en Bogotá, participó en Colombiamoda, en CaliExposhow y en varias campañas publicitarias, pero Estados Unidos –sí, otra vez– volvió a aparecer en el radar. Sin embargo, esta vez no fue Miami sino Nueva York, una de las capitales más importantes de la moda. Fue en febrero del año pasado. “Tuve la experiencia más horrible de mi vida durante los dos primeros meses: me dio muy duro, sentí que estaba sola; que no tenía planes; el clima era un infierno y les dije a mis papás que me quería regresar”. Pero se mantuvo. La meta eran seis meses y sólo faltaban cuatro. Ingresó al gimnasio, hizo dos campañas publicitarias para Alcott & Alcott y otra marca italiana, y, además, trabajó para una editorial en una revista francesa. En el CaliExposhow 2015, aunque no pudo estar por motivos de trabajo, fue escogida como una de las quince mejores modelos del año. Con Next Model también estuvo en el Swim Week y en dos pasarelas del New York Fashion Week con los diseñadores Raúl Peñaranda y Jorge Díaz. El rompecabezas de su carrera empezó a tomar cada vez más forma.

La representante por Bogotá en el Reinado Nacional de Belleza de Colombia 2015 fue Paula Clavijo, pero pudo ser Camila Avella, de no haber sido por un contrato publicitario que firmó y la sacó del ring. Su mamá siempre quiso que fuera reina y creyó que, por sus facciones, podía tener muchas posibilidades de serlo. Se inscribió por Bogotá, aunque quería representar a Casanare, pero Bogotá fue la ciudad que “le dio la mano”. Camila dice que en concurso estuvo muy poco, tal vez sólo durante un par de actividades hasta que se retiró. “Igual, ese ya no es el objetivo”. Cami, como le dice de cariño la gente –incluso su mamá, excepto cuando está brava–, atendió esta entrevista desde Medellín, y allá estará radicada durante los próximos seis meses para prepararse junto a todo su equipo de trabajo. Va a tomar clases intensivas de inglés durante cuatro o cinco meses; tiene un coach que trabaja su parte mental y psicológica, y otro su performance físico. No se le escapa nada. Ahora entró en un régimen de alimentación balanceada que, según explica, consiste en comer todo lo que necesita el cuerpo, sin castigarse. “No apoyo la bulimia o la anorexia”. No rumbea, tampoco tiene novio –“no quiero distracciones”, dice– y dentro de su cronograma de ejercicios diarios está el ciclismo, salir a trotar, realizar trabajos funcionales y de gimnasio, y jugar squash.

Lo del squash no es una casualidad. Camila Avella nació en Yopal y durante toda su infancia jugó tenis de campo. “Me perdí muchas fiestas de quince años porque me la pasaba en una cancha, pero el tenis me dejó la disciplina”. Luego de seis meses intensos de entrenamiento, logró representar a su departamento en los Juegos Nacionales. “Me fue pésimo: solo jugué como dos partidos y me dejaron 6-0, 6-0, pero fue una experiencia muy linda a pesar de haber perdido todo”. Pero, en realidad, no todo fue perdido. Gracias al tenis también obtuvo una beca de estudio del 80% en el exterior. No es una coincidencia que Camila se haya dedicado al modelaje. A los siete años, por ejemplo, fue coronada como Niña Casanare y obtuvo el premio al rostro más lindo del concurso; también participó en el de Niña Colombia y llegó hasta las instancias finales. Cuando Camila tenía 14 años, el fotógrafo Pablo Araque habló con sus padres para hacer un shooting con ella. “A mí no me gustaban mucho las fotografías, yo tenía brackets por ejemplo, pero ese trabajo me dio la primera experiencia, las ganas de vivir el modelaje”. Y valió la pena, porque más tarde algunas empresas del llano la empezaron a llamar para trabajar, y aunque el pago inicial no era muy alto, permitió que los centros de belleza y peluquerías de Yopal, e incluso marcas de vestidos, se fijaran en ella para su imagen.

En Yopal permaneció hasta los 16 años, cuando tuvo que radicarse en Bogotá para estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Sergio Arboleda, en donde cursó sólo un semestre debido al contrato que suscribió con Elite Models. Para continuar con su carrera ingresó al programa de estudio a distancia de la Universidad Nacional a Distancia (UNAD). “Estoy en sexto semestre, pero también estoy viendo créditos de séptimo y octavo. Pero cuando tengo temporadas de trabajo muy exigentes inscribo muy pocos créditos”. Y por la misma razón, a veces pasan hasta tres meses en que no puede ir a su tierra a visitar a sus papás, a sus amigos y a su perra “pela”, de raza cocker. “Si yo pudiera devolver el tiempo, volvería al colegio. Por mis amigos, por los profesores. Ahí sólo te dedicabas a estudiar y no había muchas obligaciones como ahora”. Del colegio le gustaba todo, dice ella. Eso sí, nunca tuvo feeling con la química ni con el uniforme. “Era una falda –no enteriza–, pero como el colegio era de monjas, era muy larga. Y cuando uno la llevaba corta nos la hacían bajar”. Además del modelaje, y a propósito de las celebraciones más populares del llano, como el Torneo Internacional del Joropo, Camila también participó en concursos de joropo, sabe tocar arpa y otros instrumentos de la región. Eso, por ejemplo, le gustaba más que jugar barbies o muñecas. “Nunca me llamaron la atención, yo me la pasaba corriendo con los niños”.

- ¿A quién le han dicho que se parece?

-A Brooke Shields, cuando protagonizó la Laguna Azul. En una temporada me dijeron que a Angelina Jolie y también que tenía ciertos rasgos de una modelo que se llama Sara Sampaio.

-Yo les pregunté a varias personas, con foto en mano, que a quién se parecía usted y me dieron algunos nombres. Se los voy a decir, y empiezo por Laura Archbold.

-Obvioooooo. Todo el tiempo me dicen que soy la hermana perdida de Laura.

-A Ariadna Gutiérrez.

-Quizás. No sé.

-A Adriana Lima.

-Ay, gracias. ¡Lo máximo!

-A Lana del Rey.

-Noooooo. ¡La estallaron! Es mi cantante favorita, aunque yo no creo que nos parezcamos. No la comparen. Es mejor que no olviden su nombre: Camila Avella.

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