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Santiago Mejia es el promotor de Monomarca el nuevo campeonato automovilístico que llegó a Colombia para que cualquier persona que quiera se ponga tras el volante de un auto de carreras.

 Cuando tenía seis o siete años –no lo recuerda con precisión–, a Santiago Mejía lo invitó un piloto de karts a dar una vuelta en el carro. Condujo como si ya lo hubiera hecho antes, demasiado bien para un niño de esa edad. Dejó a todos
con la boca abierta. Un año después, con el automovilismo en la cabeza, entró a la escuela de pilotos. “Solo pensaba en correr, correr y correr. No era bueno en el colegio porque solo pensaba en fútbol y correr”, recuerda Santiago. “El primer campeonato completo que corrí, que fue en la categoría Komet 100 cc, fue el primer campeonato que me gané”.

Con esta victoria y la inspiración de personajes como Roberto José Guerrero y Ayrton Senna –uno de sus principales ídolos–, Santiago tenía el sueño de llegar algún día a la Fórmula 1. No llegó a la Fórmula 1 y, aunque ya el automovilismo no es su única prioridad en la vida con una carrera y una familia en la que centrarse, aún lo llama la adrenalina de las carreras. Es una persona terca, después de todo, y él mismo lo admite. Lo que más disfruta son las largadas y los duelos. “Los duelos en pista los disfruto tanto que voy riéndome dentro del carro, lado a lado con el otro piloto”.

“Actualmente corro con un Renault Twingo 3 preparado para competencia: motor 2 litros, caja secuencial de 6 velocidades…, de los carros aspirados que hemos logrado armar en Colombia, es el carro insignia que ha logrado vencer a los vehículos turbo. Pero, carro particular, con mi esposa tenemos un Renault Sandero Stepway. Siempre hemos pensado en carros descomplicados”.

Además de competir, es el promotor y representante de la Monomarca, un torneo automotor que abre la posibilidad a los colombianos de competir en tres categorías con no más que unos requerimientos mínimos. “El formato de la Monomarca lo que busca es eso”, dice Santiago, “que cualquier persona que tenga ganas de correr, cumpla su sueño de ser piloto de carreras”.

“Siempre he sido muy desprendido de lo material. Tal vez la única cosa que trato de no quitarme, que la mantengo no tanto como un amuleto, sino como un símbolo de unión hacia mis padres, es una cadena que mi mamá me regaló, y a la vez a ella se la regaló mi papá cuando se casaron. Es una forma de saber que están cerca, que me cuidan, que me protegen”.

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