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Conozca el perfil, los gustos y pasiones del enólogo y propietario de Viña Montes, Aurelio Montes.

Aurelio Montes construyó la bodega de vinos de lujo más famosa de Chile, y fue el primero en descubrir el valle de Apalta y en plantar la cepa shiraz en ese país.

A Aurelio Montes le gustan los caballos: cuando era niño, su familia tenía una hacienda en El Monte –una villa a 50 km de Santiago de Chile– y él, en vez de quedarse con sus tres hermanas, se iba a montar en solitario. También le gustan los aviones: aprendió a volar a los veinte años y ha recorrido casi toda América con su avión.

“El Assim es un caballo árabe, finísimo, de purasangre. Lo tengo hace cinco años y con él me gusta correr carreras de enduro. No lo puedo hacer muy seguido, son 60 u 80 kilómetros. Como no tengo una disciplina de entrenamiento no me va muy bien…, no soy unganador, pero me encanta”.

Aunque el vino no le gustaba, terminó por convertirse en su vida: “Estudié enología para no hacer lo mismo que todo el mundo. Por pensar out of the box”. Y construyó la bodega de vinos de lujo más famosa de Chile. En 1996 pensó que iba a ser imposible vender un vino chileno que costara más de 150 dólares por botella, pero un socio le dijo: “Nunca hagas un vino de acuerdo con tus posibilidades. A lo mejor tú no pagues todo eso por una botella, pero hay muchos que sí lo harían”.

“El Folly es el yate que tengo en la Patagonia. Le puse igual que el vino. Cuando puedo me voy cuatro o cinco días con unos amigos y navegamos por los fiordos. Y llevamos mucho vino. Como digo yo, siempre hay más vino que petróleo. Eso no puede fallar”.

Montes fue el primero en descubrir el valle de Apalta y en plantar la cepa shiraz en Chile, pero cuando tiene que responder de qué se siente orgulloso, habla de sus nietos: “Soy el mejor abuelo de Alaska al sur, porque la pasan chancho conmigo”, dice. “Les tengo una cancha de minifútbol en casa. Salgo lesionado siempre. Y como a mí de niño me impresionaba mucho Charles Chaplin, me les inventé un club que se llama ‘Chaplin con pizza’. Y no están autorizados sino mis nietos y yo”.

 

Lo único que le falta por cumplir es saber tocar música: “Me habría gustado poder tocar bien violín o piano. Me imagino llegar una tarde cansado a casa, servir un gin & tonic y sentarme a tocar un Piano Man, de Billy Joel. ¿Ah? Claro, y cantar fuerte, liberarse”.

“¡Limpia cañerías el gin & tonic! Me gusta experimentar, hay un montón de marcas de gin que quiero probar. Me gusta prudente: cargado de gin, on the rocks y con un limoncito adentro. Después de una degustación de 60 o 70 vinos, uno de estos te abre todo, te despeja y te refresca”.

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