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NIZUC, UN RESORT & SPA EN CANCÚN DE VERDAD-VERDAD

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Este puede ser, sin duda, el mejor hotel de Latinoamérica.

 Por años, la idea de comer divinamente en un hotel ha estado relacionada con un enorme y lánguido buffet extendido a lo largo y ancho de un comedor. Pero debemos saber que eso no es comer divinamente. El mundo hotelero está cambiando, en especial en Latinoamérica, donde un resort & spa en Cancún, México, alcanzó un nivel superlativo, particularmente en lo gastronómico. Se llama Nizuc, su nombre en maya significa “nariz de perro”, abrió sus puertas en marzo de 2013 y silenciosamente ha comenzado a ganar fama por lo alto. Traducción: lujo de verdad-verdad.

Antes de hablar de la cocina y cocineros, que es lo que aquí compete, habría que decir –tan sólo para ubicar al lector–, que Nizuc es un lugar de doce hectáreas, desarrollado sobre una sugestiva playa de aguas turquesas, donde se levantaron 274 lujosas suites, varias de ellas con amplias piscinas incorporadas; un par de bares de lujo, uno de ellos de rones y habanos; un par de piscinas de mosaico negro; un spa de ensueño de 3.000 metros cuadrados, con un circuito de hidroterapia que parece de otro mundo, y, ahora sí, cinco restaurantes de altísimo nivel. Vamos, entonces, a lo que nos quita el aliento: la cocina.

 

Está clarísimo –y lo comprobé con el cuchillo y el tenedor, puesto por puesto– que hotel planeó ofrecer un amplio recorrido gastronómico dentro de sus instalaciones, simplemente para hacer la experiencia de la estadía inolvidable: es seguro que nadie querrá salir a buscar un lugar dónde comer. Para ello, Nizuc cuenta con el liderazgo del chef francés Vincent Wallez. Luego, en cada uno de los locales, hay un chef al frente de los fogones con todos los pergaminos. Vamos por orden.

NI, que podría decirse es el más informal de los cinco restaurantes –y ojalá tuviéramos en Bogotá un informal de este estándar–, es un espacio abierto al mar que ofrece cocina peruana, bajo la batuta de Miguel Ángel Flores. Allí me comí uno de los arroces más encantadores que he probado en mi vida: tiene callo de hacha, camarón, pulpo, calamar, almeja y mejillón.

 

Terranostra, especializado en cocina mediterránea, con clara inclinación a la “bella Italia”, ofrece pastas y salsas y encurtidos hechos de manera artesanal. Está regentado por el chef Daniele Tonin.

La Punta, un precioso espacio de maderas con vista al mar, ofrece impecables cortes de carne, pescados y mariscos, todo a la parrilla. El chef mexicano Antonio Ramírez logra piezas inolvidables, como el ceviche de pulpo frito y un filete de atún a la parrilla en un término difícil de encontrar.

 

Indochine, que ofrece un viaje por diferentes regiones de Asia, es dirigido por Sergio Ichikawa, un mexicano-japonés. De aquí quisiera destacar una pieza única: bacalao negro glaseado con miso blanco y dulce, servido con bok choy –una col– y hajikami –jengibre–.

Ramona, que fue mi favorito, sirve cocina mexicana contemporánea. Digamos que son recetas tradicionales reinterpretadas, pero con muchos toques creativos. El chef Bladimir García se ha inventado piezas como el tamal de foie
gras de pato con espuma de esquite y chutney de fruta.


Imposible enumerar tanta delicia (visite la página), pero no sobra decir que el hotel cuenta además con repostero y chocolatero propios, lo cual se nota en cada sentada, desde el desayuno hasta el postre de la cena. E imposible
cerrar esta columna sin decir que el diseño arquitectónico y el interiorismo de Nizuc son una invitación al descanso y la contemplación: siempre modernos, siempre cálidos. Como todo el hotel, como el spa, como su cocina, impecable y memorable. Puro deleite.

 

¿Quiere ir?

Búsquelos en www.nizuc.com o reserve su estadía en el teléfono +52 998 891 5700.

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