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Hicimos un listado de 10 temas delicados para hablar con su pareja antes de la boda, como el acuerdo prenupcial, los tipos de bodas, las expectativas, y presupuesto, entre otros

 1. La lista de invitados. Lo ideal es que haya más o menos la misma  cantidad de invitados por parte de cada uno. Establezca algunas reglas con su mujer para saber a quiénes invitar y a quiénes no. Posiblemente a usted no le caigan muy bien algunas personas del lado de ella ni a ella algunas del lado suyo. Si no consideran que esa persona es indispensable, no la inviten. Pero también deben ser tolerantes, porque hay gente que no se puede quedar por fuera, como la familia en primer grado y los amigos de toda la vida.

2. La lista de regalos. ¿Lluvia de sobres, regalos, o una donación para alguna causa de su preferencia? Ella quiere meterle goles con cosas para la casa que jamás van a usar. Usted quiere meterle goles a ella con algo que –para su gusto– es para adolescentes. Calma. No olviden que esto es de los dos.

3. Un acuerdo prenupcial. Este es un punto difícil, pero hay que mencionarlo con muchísimo tacto. Se supone que el matrimonio es para toda la vida y con seguridad ninguno de ustedes está apostándole a una relación con el fin de divorciarse. Pero es mejor ponerse de acuerdo al respecto si no quieren pelea ahora ni después. Por lo general,
quien lo plantea suele ser quien tiene más dinero. En cualquier caso, proceda con pies de plomo.

4. ¿Dónde hacer el matrimonio? Las fincas son grandes y prácticas, pero quedan lejos. Los clubes y hoteles son más cercanos, pero menos románticos. La playa es lindísima, pero va a encartar a los invitados y ustedes planearán la boda a distancia, a menos de que vivan cerca.

5. Las expectativas. Tenga en cuenta una cosa. Quizá usted sepa desde hace mucho que sí sirve para ser un hombre casado. Pero eso no quiere decir que lleve toda la vida soñando con su boda y cada detalle de ella. Las mujeres sí. Los hombres suelen querer algo bueno y divertido, pero las mujeres tienen el listón varios metros más arriba. Décadas de películas, revistas del corazón y bodas reales les han dado toneladas de ideas sobre cómo debe ser ese día. Téngale paciencia, pero también hágale notar que sus finanzas no se comparan con las de la Corona británica ni con las de George Clooney.

6. El presupuesto. Está directamente ligado con el punto anterior. Prepárese para negociar, porque ella va a querer muchas cosas caras para ese día. Por más que recorten, una boda suele ser algo costoso, no solo por la dimensión de la fiesta, sino porque la palabra boda hace que el signo pesos aparezca en los ojos de los comerciantes. Pregunte el precio de un arreglo floral. Después, dígale a alguien que vaya al mismo sitio y pregunte por el mismo producto, pero que aclare
que es para una boda y posiblemente el precio cambiará. Si es la primera boda de ambos, normalmente los padres ayudan con parte de los gastos. Si son segundas nupcias, libere a sus padres de las obligaciones, porque bastante han hecho ya por ustedes.

7. Los pajecitos. Los familiares y amigos con niños pequeños van a ofrecer su aporte al trabajo infantil no remunerado. Y más de uno se va a sentir decepcionado de que su retoño o su princesa no sean los escogidos y tal vez su novia no sea muy sutil al decirle a usted por qué no quiere que el mocoso de su sobrinito sea el que lleve las arras. Lleguen a un acuerdo. Un niño de una familia y una niña de la otra.

8. El tipo de boda. ¿Civil o religiosa? Si uno de los dos es creyente y el otro no, esto puede ser un problema. Sin embargo, el asunto de la fe de cada uno es algo que debería haberse hablado en algún punto de la relación, así que a estas alturas, cada uno ya debería conocer la posición del otro. Y si no, ¿qué hizo con esa persona todo ese tiempo?

9. La decoración. Recuerde el tema de las expectativas. Pero también recuerde que la boda debe reflejar el estilo de ambos. Está bien que haya flores, pero tampoco por todas partes. Tampoco se trata de que usted ponga un afiche de Motörhead en el salón de la fiesta, pero, como todo en esta lista, se trata de llegar a acuerdos. Ella no se está casando sola, sino con usted, así que la fiesta no se puede ver como un baile de princesa de Disney.

10. Sus papás y sus suegros. De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Seguramente, esas cuatro personas que les dieron la vida van a poner dinero para la boda, cosa que ustedes deben agradecer sin reservas. Escuchen los consejos de los mayores, pero recuerden que estos no son vinculantes y que son usted y su novia los que toman las decisiones. Ojo, porque los papás y los suegros son expertos en hacerle invitar a más gente de la cuenta porque “qué pena con Cecilita”. Efectivamente, qué pena con Cecilita. Otra vez será.

 

¿Cómo definir el número de invitados y a quién sí y a quién no invitar?

- Cercanía y presupuesto. Esas son las dos palabras claves. Si el presupuesto es alto, el margen de maniobra es mayor, pero eso no quiere decir que no deba ser selectivo.

- Nada de exnovias ni exnovios.

- ¿Invitar o no al jefe? Depende de lo cercanos que sean. Si el único motivo para hacerlo es para lagartearle, absténgase. No solo pondrá a su jefe en una situación incómoda, sino que no se verá bien ante sus compañeros.

- Compañeros de trabajo. Si son muy cercanos, especiales y han compartido mucho con usted y su pareja, está bien invitar a alguno de ellos. Pero no invite al del cubículo vecino sólo porque es buena persona.

- Grado de consanguinidad. Por lo general, su familia en primer grado. La familia en segundo grado es opcional, y su decisión dependerá del grado de cercanía histórica que tenga con ella. La invitación a familiares en segundo grado no necesariamente tiene que involucrar a todos los miembros de sus familias. Con que inviten a una persona de cada grupo es más que suficiente.

- Amigos. Los de verdad-verdad tienen que estar. Si usted y su novia tienen 500 “amigos” en Facebook no quiere decir que los tengan que invitar a todos.

 

¿Cuál es el momento ideal para servir el trago?

1. Al llegar al sitio de la recepción, una copa de champaña.

2. Durante la comida. Vino con la comida y más champaña con la torta.

3. Después de la comida llegan los destilados, tantos como tenga y el cuerpo aguante. Los meseros son sus aliados para servir el trago con ritmo, de manera que no se acabe tan rápido y que su fiesta no se convierta en una guardería de borrachos antes de dos horas.

 

 

 

 

 

 

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