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José David Bravo es caleño, tiene 30 años, le apasiona escribir código, construir software y ColombiaHosting, su empresa, es una de las más grandes de hosting del país. En 2015 ha crecido 38%.

 José David Bravo evita a toda costa películas como Swordfish o Untraceable, las que muestran hackers bien vestidos, robos millonarios y numeritos verdes que cambian en una pantalla de computador. “No me cuadra el hacker todopoderoso que en diez segundos se roba un banco desde una interfaz llena de colores. Desde lo técnico, se devela el engaño y toda la película se cae” Él es el encargado de la seguridad informática de los 15.000 sitios web que aloja ColombiaHosting, una empresa que fundó hace doce años, cuando era un estudiante de ingeniería de sistemas y trabajaba desde la biblioteca de la universidad, sólo porque –como él mismo dice– le apasiona su trabajo.

“Es que a mí me gusta hacer las cosas solo, y aprender a crear”, dice Bravo. “Por ejemplo, mi esposa quería tener un jardín. Y yo la semana pasada compré cemento y ladrillos; puse mantos, un filtro…, habría podido pagarle a alguien para que lo hiciera, pero no habría aprendido cómo hacer un jardín”. Gómez también está diseñando una aplicación para móviles: “No tenía ni idea de iOS ni de Android, pero compré libros y empecé a desarrollar. Eso da mucha satisfacción”. Sin embargo, para ver a Bravo feliz hay que acompañarlo a pescar. Por lo menos dos veces a la semana viaja a la laguna del Neusa a sacar truchas: “Esa es mi relajación absoluta. Con mi papá íbamos al Pacífico y a los ríos que hay por la vía vieja a Buenaventura”. También ha pescado pavones en los caños del Orinoco y marlines en el mar Caribe. Y todo lo que pesca lo devuelve: “Sirve cualquier grano de arena para que un buen sitio de pesca se mantenga… y para pescar después el mismo animal, pero cuando esté más grande”.

“Me gusta pescar con mosca: se trata de forrar el anzuelo con hilos o plumas para imitar un insecto. Yo mismo me inventé una ninfa de libélula y es la mosca que más me ha dado truchas a mí: la traje en un tarrito con agua y traté de hacerla lo más parecida posible”.

 

“Mi lancha se llama Violeta, como mi esposa. Le tengo un motor eléctrico MinnKota y puedo manejarla por control  remoto: incluso tiene una función de ‘ancla’ que hace que la lancha conserve su posición por GPS”.

 

“Empecé a practicar artes marciales cuando estaba en primero de primaria, y luego practiqué judo durante casi diez años. Fui campeón nacional a los 17”.

 


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