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Los Infieles de estos tiempos deben ser muy inteligentes y rápidos. Si está en esas, aprenda los siguientes trucos prácticos para no ser descubierto.

Si va a ser el desgraciado de la relación, hágalo bien. Estos son los errores más comunes que hacen caer a los hombres infieles.

Pregunté a amigos y desconocidos si alguna vez habían engañado a su pareja y si los habían atrapado. Si nos confiamos de lo que dicen, tal parece que la mayoría sí ha engañado, pero son demasiado astutos como para dejarse coger. Solo uno tuvo la mala suerte (o el poco sentido común) de dejar el teléfono sobre la cama, sin bloquear y con los mensajes de la amante aún guardados.

Aquí está, entonces, una lista de razones idiotas por las que lo pueden coger engañando a su pareja. Si anda en esas, será mejor que ponga mucha atención:


Mensajes: al parecer la gente no es consciente de que ese botón con la forma de una caneca de basura sirve para borrar los mensajes de texto y de WhatsApp. ¡Quién lo diría! Si tan solo los infieles hubiesen aprendido esto antes, no tendrían que enfrentarse a la esposa que husmeó en su teléfono celular y descubrió sus mensajes subidos de tono con otra mujer.

Fotos: las fotos son también peligrosas, catastróficas. Primero, si se envían o las reciben como parte del “sexting”, asegúrese de borrarlas de la memoria del teléfono. Una pareja curiosa aprende rápido a buscarlas. También hay quienes han salido en un plan de amigos con la amante y no se han fijado que alguien estuvo tomando fotos toda la noche. Es difícil decir “es solo una amiga” cuando las fotos muestran su mano en su cintura o, para los que les ha ido peor, sus bocas entremezcladas.

Alguien no sabe cerrar la boca: a veces es él, a veces es ella. Alguien le dice a un amigo, para presumir o para sacárselo del pecho, y así empieza el chisme hasta que llega a los oídos de alguien que se preocupa más por la engañada que por el infiel, y esta persona va y se lo dice a la pareja a la que le están siendo infiel.

No deshacerse de la evidencia: hay varias historias en la internet de hombres que se quedaron pálidos cuando la mujer les preguntó “¿qué es eso?”, señalando una prenda femenina que no le pertenecía a ella o, aún peor, un condón usado que ellas no recuerdan. Hasta ahí les llegó el engaño, por no saber deshacerse de la evidencia y por ser tan idiotas como para usar su propia casa como base de operaciones.

Demasiados gastos: esta no es una prueba condenatoria como las otras, pero es uno de esos detalles que puede echar abajo toda la mentira. ¿Pagaron la semana pasada y el hombre no tiene ni un centavo? ¿En qué se estará gastando el dinero? Con esas preguntas empiezan las mujeres. Eventualmente descubren esas facturas de lencería que nunca recibieron, o los pagos a escapadas románticas a las que no estaban invitadas. ¡Y ahí sí que se arma la gorda!

 

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