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Caraceni es el sinónimo de la buena costura en Milán. Conozca la historia de 5 generaciones de una de las sastrerías más importantes de Italia.

Cuando se discute de buena costura, el apellido Caraceni surge en la conversación. Aunque su hermano Domenico le ganó la partida en el nombre, Augusto construyó en Milán una de las sastrerías más prestigiosas del mundo. Este es el legado que mantiene A. Caraceni.

Los que aprecian la moda italiana saben de dos Caraceni: la sastrería que Domenico fundó en Roma, y la que fundó su hermano Augusto en Milán en 1946. Ambas se mantienen vigentes y hay que visitarlas. Pero solo en A. Caraceni, la de Milán, podrá conocer tres generaciones de una familia que ha dedicado su vida a perfeccionar el arte de la sastrería. Es una sastrería modesta y chapada a la antigua, que cuenta con alrededor de tres mil tipos de tela. “Solamente usamos materiales de la mejor calidad”. Ostentan más de quinientos clientes alrededor del mundo, y cada que llega uno nuevo es recibido por el dueño, Carlo Andreacchio, que ha manejado la tienda desde 1998 y es el que también toma las medidas. Antes de él estaba Mario Caraceni, su suegro y el hombre que en veintiséis años dio la fama y el prestigio a la tienda. Incluso a sus ochenta años todavía pasa de vez en cuando por la tienda para asegurarse de que las cosas estén en orden.

El precio promedio de un traje de dos piezas es de 4.800 euros.

El gusto por la moda de Mario Caraceni casi le cuesta la vida: en 1943 iba a ser ejecutado tras ser confundido con un espía británico porque llevaba prendas de marcas inglesas. Por fortuna logró escapar.

Un traje de A. Caraceni tarda entre dos y tres meses en confeccionarse y el cliente necesita medírselo como mínimo en tres ocasiones. Y vale la pena tanta espera: los trajes están llenos de detalles como botones de corozo, forros de seda y hasta una marca en el interior del bolsillo del saco que lleva el nombre de la sastrería, el del cliente y la fecha en la que se hizo.

Por eso, cuando pase por Milán, no olvide buscar ese modesto balcón y la puerta adornada con “A. Caraceni”. Su traje estará en manos de los pocos maestros que quedan de la moda masculina.

Los Caraceni han sido sastres por cinco generaciones. El primero fue Tomasso Caraceni, que le enseñó a Domenico y Augusto. El más reciente es Massimiliano Andreacchio, que aprendió el oficio en 2004.

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