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No solo tuvo que levantarse de decenas de caídas: fue la visión empresarial la que hizo que Tony Hawk se convirtiera en un ídolo del skateboard.

Algunas personas nacen con el destino escrito en el nombre. Y ese nombre, que puede parecer artístico o incluso un apodo perfecto, es el que acaba marcando a los genios sobre todo lo demás. Porque ¿qué mejor nombre para un tipo que vuela que Tony Hawk? Porque aunque en inglés hawk es halcón, en cualquier otro idioma significa: “Soy el máximo referente de los skaters”.

Los vuelos de Tony Hawk son breves, pero tan emocionantes y vertiginosos como los del ave de su apellido. Sus amigos le dicen “Birdman”, y eso no hace falta explicarlo. A sus 51 años ,todavía monta en su tabla y sigue haciendo algunos videos y aprendiendo nuevos trucos. Sin embargo, ya está retirado de la competencia: ya no está en edad de meterse en las movidas que hacía antes, como enfundarse un traje de gorila e intentar dar una vuelta en una rampa de 360 grados como si no fuera la gran cosa. En esa época tenía 35 años y recibió una invitación para hacer una estupidez en Wildboyz, un programa de televisión derivado de Jackass, ese otro show de MTV en donde las acrobacias, pero también las bromas y pruebas dolorosas, eran lo único que mostraban. Para alguien como él, ese bucle no era un gran reto, pero la rampa llevaba años sin usarse, estaba a la intemperie y, por supuesto, estaba ese maldito disfraz de gorila. Cuando estaba en el punto más alto del bucle, Hawk salió disparado como un principiante y cayó sobre su cadera; se fracturó la pelvis, se golpeó la cabeza y se fracturó el pulgar, el cual no pudo volver a flexionar de manera normal. Eso le cambió hasta la firma. ¿Y qué aprendió de todo esto? A no fracturarse la pelvis y a no volver a aceptar propuestas estúpidas, como hacer un bucle de 360 grados dentro de un traje de gorila.

De no ser por ese, el peor accidente de su carrera, sería imposible decir que Tony Hawk tiene un pelo de estúpido. De hecho, tiene un coeficiente intelectual de 144, según consta en el examen que sus padres le hicieron tomar cuando era niño porque era hiperactivo. La solución de aquel diagnóstico llegó en forma de una tabla de skate azul que le regaló su hermano, una tabla de la cual Hawk conserva una réplica porque la original está en manos del Smithsonian National Museum of American History, en Washington, junto a piezas históricas de Estados Unidos, como la imprenta de Benjamin Franklin y las partituras originales de leyendas del jazz como Duke Ellington. Su talento sobre la tabla tardó un poco en aflorar, a diferencia de otros genios del skateboarding que parecen venir programados para lo suyo. Sin embargo, ahí mismo estaba la clave que lo separaba del resto: en un deporte en el que hay que pararse después de incontables caídas (con las fracturas, los moretones y las raspadas que traen consigo) y en el que insistir es tan importante como rodar, Tony Hawk resultó ser especialmente perseverante. Fueron muchas las tardes que pasó con su papá en el parque y varias las visitas al odontólogo cada vez que se tumbaba los dientes.

Sin embargo, para Hawk también voló el tiempo. Como si la vida fuera excesivamente corta, no perdió ni un minuto: a los 12 años ya era una figura conocida en los skateparks de California, a los 14 se convirtió en profesional y luego ganó por 12 años consecutivos el Campeonato Mundial de Skateboard, se llevó 13 títulos de los X Games y logró victorias absolutas en 73 de las 103 competencias en las que participó hasta su retiro, a sus 31 años, en 1999.

Desde hace 20 años, Michael Burnett es editor y fotógrafo en Thrasher, la revista más importante del mundo de los skaters. Desde ahí ha visto prácticamente a todos los que tienen algún renombre en ese deporte. Pero más allá del listado de títulos, fácil de consultar tras una búsqueda sencilla en internet, ¿qué es lo que diferencia a Tony Hawk de los demás? “Tony siempre ha tenido la motivación para intentar cosas nuevas y exigirse a sí mismo. Ha llevado su deporte y su negocio más allá, de una manera que quizá no se vio con buenos ojos en su momento”, dice Burnett por teléfono para DONJUAN. “Pero a él no le importó y con eso creó nuevas oportunidades para sí mismo y para otros skaters. Y aunque su foco se ha alejado del circuito tradicional de competencias y del modelo de patrocinio, no ha renunciado al skateboarding ni ha bajado el ritmo”.

Esas “nuevas cosas” a las que se refiere Burnett son quizá los más de 100 trucos de skateboard que se inventó Tony Hawk. Y cuando habla de “su deporte” y “su negocio” describe la manera en la que Hawk cambió la imagen de un deporte que se veía como un pasatiempo de vagos y de vándalos. Después de Hawk, el skateboard se convirtió en algo respetable, con tanta disciplina como cualquier otra práctica deportiva y con tantas posibilidades de negocio como cualquier otro show deportivo de Estados Unidos.

Eso quedó demostrado el 27 de junio de 1999, durante los X-Games, una de las competencias más importantes de deportes extremos. Ese día, a los 31 años, Hawk logró por primera vez, de manera registrada y en competencia, lo que hasta el momento se les había escapado a todos los skaters de rampa: el 900. Ese nueve y esos dos ceros describen una maniobra en una rampa vertical (la que tiene forma de “U”) en la que después de ganar impulso y estar en lo más alto de la estructura, hay que dar dos vueltas y media en el aire y aterrizar sin caerse. La maniobra era tan difícil que Hawk pasó 14 años planeándola: empezó a pensar en ella en 1985 y la intentó por primera vez en 1989.

De esa primera experiencia le quedó una costilla rota tras aterrizar en su espalda; durante los siguientes cinco años empezó a dominar el giro, y entre 1995 y 1999 perfeccionó el aterrizaje. Claro está que no era el único que lo estaba intentando, pero el que lo hizo primero fue él. Aun así, le costó mucho trabajo: una costilla, varios dientes y repetidos golpes en la cabeza que marcaron el camino durante años y diez intentos fallidos durante el día de la competencia.
Poco tiempo después, Tony Hawk se retiró, pero solamente lo hizo del circuito de las competencias. En el mismo año en que logró el 900, sacó al mercado su videojuego Tony Hawk’s Pro Skater, del cual han salido 18 volúmenes que han sido siempre un éxito en crítica y ventas. Lo anterior no quiere decir que durante sus años de competencia Hawk solo se haya dedicado al deporte. En 1992, cuando tenía 24 años, fundó Birdhouse, la que aún es su marca de tablas, rueda, ropa y accesorios; también tiene el canal de YouTube Ride, un programa de radio en la emisora satelital Sirius y contratos para actuar en cine y televisión, aunque normalmente representándose a sí mismo. Además, es otro de los famosos que han aparecido en Los Simpson, lo cual, de alguna manera es un sello de aprobación por parte de la cultura pop para decir que uno es alguien en la vida. Aún sigue haciendo giras de exhibición y tiene su propia fundación, con la que ha construido aproximadamente 900 parques de skate por todo Estados Unidos. Hawk sigue perfectamente ocupado en lo que más le gusta, y todavía es capaz de hacer el 900 después de varios intentos, como de costumbre. Hace dos años lo volvió a hacer.

“Tony no es un superhéroe; trabaja muy duro para lograr las cosas asombrosas que hace y es capaz de aguantar golpazos para que así sea”, aclara Michael Burnett, el editor de Thrasher. “A sus 50 años, muchos skaters siguen haciendo lo mismo que hace tres décadas, en cambio Tony es capaz de matarse para intentar algo nuevo. Verlo soportar un golpe duro no deja de ser chocante”.

Aunque es posible hablar del legado de Tony Hawk en los negocios y en el deporte, lo suyo está un poco más allá. Deportistas y emprendedores hay muchos, pero lo de él, además, consiste en ser un ícono. Después de 20 años de retiro de las competencias, el suyo es el nombre que sabe cualquiera que no sepa de rampas, tablas o trucos con nombres de número (o tan elaborados como stalefish frontside 540 o shuvit frontside nosegrind). Y ahí sigue, “Birdman”, como le dicen sus amigos, hasta que el cuerpo aguante. Lo que, en su caso, ha sido demasiado.

 

JORGE PATIÑO
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 144 - DICIEMBRE 2019

 

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