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Nicolás Benedetti nunca ha soltado el balón. Este vallecaucano es la nueva promesa del fútbol colombiano.

Tres dientes perdidos y una bicicleta hicieron que Nicolás Benedetti se dedicara al fútbol. Tenía cinco años cuando se cayó de la bici por culpa de un policía acostado. El golpe fue tan fuerte que por mucho tiempo prometió nunca más montarse en una. Y no hay nada peor para un niño hiperactivo, como lo fue Nicolás, que aburrirse. Por eso su papá no dudó un segundo y cuando se recuperó lo llevó a una escuela de fútbol: “Ese es el primer recuerdo bonito que tengo con este deporte, el día en que mi papá me llevó a mi primer entreno” –dice Nicolás–. Desde entonces supo que su vida estaba en las canchas.

 “Una de las primeras camisetas que tuve fue la 10 de Leo Messi. Desde pequeño me ha gustado el Barcelona y Messi siempre será uno de mis ídolos”.

Mientras llegaba su turno para debutar en un equipo profesional, la vida de Nicolás giraba en torno al balón. Las horas que no pasaba jugando con los amigos fútbol en la calle, las gastaba viendo a Messi, a Ronaldinho y, claro, al Cali. En cada partido de los azucareros, Nicolás sacaba todas las cosas verdes que tenía, camisetas, cuadernos y juguetes, y las ponía sobre la cama para ver el partido, era su ritual: “Siempre soñaba con jugar en el Cali, con hacerle goles al América, con ganar una estrella”.

 “No hay nada mejor que jugar play con los amigos, sobre todo Fifa. Eso sí, no me puedo pedir el Cali porque jugamos apostando, entonces toca jugar con los duros”.

El 18 de julio de 2015 fue el primer partido de Nicolás en Liga. Solo tenía 18 años. El Cali empataba 1-1 contra La Equidad, en el estadio de Techo, de Bogotá, pero faltando cinco minutos Nicolás sacó un derechazo que terminó en gol: “Nunca voy a olvidar ese tiro, fue el debut soñado. Tanto que sigue siendo uno de mis goles preferidos, por todo lo que significó”. Ahí comenzó su romance con los hinchas azucareros, ahí comenzó su carrera que ha estado llena de sacrificios y una disciplina casi militar, esa es la única forma de alcanzar los sueños para Nicolás, que espera jugar algún día en la Selección Colombia y en el exterior.

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