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Megan Rapinoe, la reina del balón

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Gracias a mujeres como Megan Rapinoe, el fútbol se convirtió en una herramienta para reclamar la igualdad.

Cuando anotó con un penal bien cobrado el primer gol contra Holanda en la final del mundial, Megan Rapinoe celebró como siempre, abriendo los brazos de par en par frente a la hinchada, como si fuera la directora de una orquesta que recibe una ovación. Y ese día, a diferencia de los otros, la capitana del equipo de fútbol femenino de Estados Unidos tenía una ovación más que merecida.

Megan Rapinoe tiene un palmarés que jugadores míticos del fútbol masculino envidiarían: ganó dos copas del mundo –en Canadá 2015 y Francia 2019–, dos campeonatos continentales de la Concacaf, y unos juegos olímpicos –Londres 2012–. Ha marcado 50 goles con Estados Unidos en 158 partidos –una cifra extraordinaria– y es la única futbolista que ha logrado la redundancia perfecta: marcar un gol directo de tiro de esquina, o un gol olímpico, en unos juegos olímpicos. Sin embargo, a diferencia de los goles de Maradona o del Pibe Valderrama, que se consiguen en internet con un par de palabras clave, no es tan fácil encontrar los goles de Rapinoe y eso es una lástima: revivir el pase profundo perfecto que hizo para que Abby Wambach marcara un gol de cabeza en los cuartos de final del Mundial Alemania 2011, o el primero de los seis goles que marcó en la Copa del Mundo de este año –un tiro libre que fue directo al ángulo del equipo anfitrión– es una experiencia estética demoledora.

Pero lo que más atrae a los fanáticos es que Rapinoe es tan osada dentro de la cancha como fuera de ella. Muchos otros deportistas le huyen a la controversia, pero ella se mantiene fiel a las causas que defiende: enfrentó las políticas públicas de Estados Unidos y del presidente Donald Trump al decir que “No iría a la fucking Casa Blanca” cuando ganara el Mundial y que alentaría a sus compañeras de equipo a no asistir a la gala presidencial, con el fin de protestar contra las políticas que atacan a las comunidades LGTBI y a los migrantes. Tampoco teme señalar la enorme inequidad entre el fútbol masculino y el femenino a nivel profesional. Por eso, durante la final del Mundial que se acaba de terminar y en pleno partido contra Holanda, todos los fanáticos del estadio comenzaron a cantar desde las gradas: “Equal pay! Equal pay!”.

  • Mientras el premio del Mundial femenino fue de cuatro millones de dólares, el año pasado el equipo campeón de Rusia 2018 recibió 38 millones.

 

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