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LAS PEORES EXPERIENCIAS EN TINDER

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Lo peor que le puede pasar no es que su cita no se parezca a la foto. Estas historias lo demuestran.

Hay malas historias, y hay MALAS historias. Unas son las malas historias sobre las experiencias en Tinder que hablan de esa vez que los hombres no tuvieron suerte con una chica porque se veían mal o porque, por algún motivo, terminaron peleando sobre qué clase de películas/música/movimiento/político/otros es mejor. Otras malas historias sobre mujeres que encontraron hombres que no se parecían en nada a las fotos o eran aburridos.

Y están las MALAS historias como esta:

“Ella era un poco gorda y su trasero olía mal. La primera vez que nos vimos jugamos Mario Party y tuvimos sexo, pero la segunda vez ella no quería jugar Mario Party, así que vimos Black Mirror y se enojó cuando hice una broma acerca de tener sexo con cerdos”. Es una historia algo cruel, pero estoy seguro de que a los que han visto Black Mirror les sacó una pequeña carcajada”.

Si el peso o los gustos humorísticos de una persona se consideran demasiado subjetivos, hay experiencias que suenan terribles y debieron de serlo:

“Hice match en Tinder con un tipo unos años más joven que yo, que estaba a una hora de mi ciudad”. Esta chica va con una amiga a conocer al sujeto de Tinder. Cuando llegan descubren dos cosas: el tipo se veía mucho mejor que en sus fotos, y el tipo estaba ebrio. Muy ebrio. Aún así, ambas se quedaron y luego tomaron un Uber con él hasta el apartamento de la chica. “Una vez en mi apartamento, mi amiga se fue y el tipo de Tinder se desvistió y saltó a mi cama. Yo me acomodo y él empieza a besarme, babeando en mi cara y sigue perdiendo la erección. Le dije ‘quizá estás un poco ebrio. ¿Intentamos mañana?’. Él acepta y nos dormimos. Un par de horas después me despierto. Estoy asándome y me siento húmeda. Al principio pienso que estoy sudando mucho. Pero no, toda la cama está mojada. El tipo de Tinder se había orinado en la cama. Genial. Me tengo que parar al sofá a dormir”.

A la mañana siguiente, el tipo de Tinder se levanta apenado, pone a lavar las sábanas y después de un rato ambos empiezan a besarse. Las cosas pintan bien. “Después de mearse en mi cama, lo mínimo que podría darme es un orgasmo, ¿cierto? No”. Después de venirse con un blowjob en un estado que pasaba entre semi erecto y flácido, ella solo pudo tolerar un minuto de muy mal fingering antes de pedirle, irritada, que se fuera.

Otro caballero conoció a una chica bastante grande (“era mucho más grande que lo que parecía en las fotos. Me gustan las mujeres grandes, pero ella era GRAAAANDEEE”). Se vieron una vez, pero ella era aburrida en la cama y olía mal. Tuvo que verla una vez más para devolverle un abrigo que se le había quedado, pero para compensar la mala experiencia anterior, el caballero tuvo una excelente idea. “La convencí de tener una ‘ducha sexy’ conmigo para remediar la situación de la visita anterior. En medio de la ducha, se desmaya. La ayudo a levantarse mientras pienso cómo nunca quiero ver a esta chica de nuevo y cómo ahora quizá tenga que llevarla al hospital”. Por suerte la chica estaba bien.

Está es la historia de otro chico que llegó a casa de una chica. Fuman un poco de hierba y en menos de quince minutos de haber llegado, ella le da un blowjob en el balcón. “Ella es tímida pero parece tener muchas ganas y estar dispuesta a todo”. Después de eso se sientan en el sofá a hablar. Ella admite que no tiene mucha experiencia, habiendo perdido la virginidad apenas la semana anterior (tenía veintialgo años). Aun así, él es su quinto hombre en esa semana. “Está bien”, dice él, sorprendido. “Espero que hayas usado protección”. Ella le asegura que no tiene que preocuparse: todos se vinieron afuera. “Le digo entonces que también puede contraer enfermedades y que ahora no quiero tener sexo con ella, y de haber sabido que estaba teniendo sexo sin protección, nunca hubiera ido en primer lugar. Ella se ve avergonzada y empieza a llorar y a decirme que no sabía. Me siento mal por hacerla llorar y la abrazo en el sofá. Se calma, pero empieza a tener ganas de nuevo e intenta quitarme los pantalones. Me rindo pero solo la dejo darme un handjob y le devuelvo el favor masturbándola hasta darle un orgasmo (fue algo bastante excitante, a decir verdad). Me voy y me aseguro de que el doctor me revise a la semana siguiente. Estaba limpio, pero igual aprendí la lección”.

A otra mujer le pasó algo similar: “el sexo fue pésimo y después de que me fui me escribió para decirme que creía que el condón se había roto así que tenía que pensar en un ‘plan B’. Por suerte uso pastas, pero aun así me asusté”.

No todo es terrible en Tinder. Hay gente que tiene excelentes experiencias, desde sexo inolvidable hasta buenos compañeros (en el peor de los mejores casos, buena compañía y quizá unas cervezas gratis). “Tengo esta fantástica historia”, dijo una chica. “Deslicé hacia la derecha a un tipo. Nos escribimos por un par de días. Nos conocimos. Dos años y medio después, estamos viviendo juntos y tenemos un hijo de ocho meses”. Es una bonita historia, pero admitámoslo: esas no son tan divertidas de leer y nadie pregunta por ellas. So get the fuck out of here!

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