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Esta es la historia del atleta antioqueño Rafith Rodríguez, que busca hacer realidad su sueño de llegar al podio en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Ni las horas que Rafith Rodríguez pasó bajo el sol en el Bagre, Antioquia, o los kilómetros que corrió descalzo lo hicieron pensar en dejar el atletismo. Lo que casi lo saca de la pista fue una picadura de mosquito: un dengue casi lo mata en el 2009. Esta es la historia de la otra carrera más difícil que ha corrido en su especialidad, los 800 metros, la carrera que al final lo hace soñar con el podio olímpico en Río.

23 de julio de 2015.

6:40 p. m.

Toronto, Canadá.

Rafith calienta mientras espera que su nombre suene por los altavoces. Mira el carril marcado con el número 4, se acerca, cierra los ojos, en su mente solo está el podio. Piensa que si alcanza una buena marca en estos Juegos Panamericanos, el sueño de alcanzar una medalla en los Olímpicos de Río puede estar más cerca. A su derecha esta Clayton Murphy, a su izquierda Ryan Martin; los dos norteamericanos son los favoritos para ganar. Con alguno se verá de nuevo en Río, de eso está seguro. Se ubica en su carril. Empieza la espera. Vienen los segundos más largos de su vida. Por fin escucha su nombre.

In line number 4, for Colombia, Raaafith Rodríguez”.

Cuando empezó a correr a los 14 años en El Bagre, Antioquia –el pueblo donde nació–, Rafith recuerda que competía descalzo, o con los zapatos que tuviera a la mano. Había momentos en que los pies no le daban más: “En esa época en mi familia no había los recursos para comprarme unos tenis para correr. La verdad eso no me importaba mucho, igual seguía entrenando”. Sin embargo, esto no era lo más difícil.

Los entrenamientos empezaban a las 5:30 de la mañana, la única hora con un poco de luz y en la que el calor que hacía en El Bagre no era tan fuerte. A veces se le pegaban las cobijas y su primer entrenador, Silvio Rentería, lo tenía que ir a buscar a la casa para que fuera a entrenar. Como muchos niños en Colombia, Rafith quería ser futbolista, lo suyo era correr detrás del balón, pero Rentería lo convenció para que se olvidara del fútbol. El método de Rentería para lograr esto no fue la “motivación personal” o las charlas inspiradoras. Le sacó la idea de convertirse en futbolista a punta de regaños.

“En El Bagre entrené por tres años, gracias a esto salí de mi pueblo por primera vez, eso fue muy emocionante, ¿a quién no le gusta irse de viaje? Pero también me di cuenta de que el atletismo me ayudaría a llegar muy lejos”. Los primeros entrenamientos, cuando no se quedaba dormido, eran en el estadio William Knight, un viejo y polvoriento estadio según Rafith, que tiene ese nombre en honor a otro de los deportistas que han nacido allá. Bajo las órdenes de Rentería, Rafith participó en varios juegos departamentales. Pero también llegó su primera gran derrota. Fue en una final de los 600 metros que Rafith disputó en unos intercolegiados del Bajo Cauca, quedó de último. Desde ese momento entendió que el talento no era suficiente, que tenía que entrenar mucho y ser más disciplinado.

“Rafith pensó que se iba a morir, que la carrera se iba a acabar antes de tiempo. Le dio dengue; y como si esto no fuera suficientemente grave, contrajo una bacteria en la sangre que lo dejó 15 días internado en el hospital”.

(Río a contrarreloj)

“On your marks”.

Inclina su torso, lleva su brazo izquierdo hacia atrás, cierra el puño como si estuviera sujetando una cuerda para no salir disparado. Su pie izquierdo toca la línea blanca de salida. Este es el momento en que un corredor debe estar más concentrado, si se mueve antes de tiempo puede ser desclasificado de la carrera.

Rafith se olvida por un segundo de la estrategia, lo único que le importa es el disparo de inicio. Hay un rumor entre los atletas en lo que se refiere a la salida. Como muchas veces compiten corredores del mismo país, estos se ponen de acuerdo para que uno de los dos haga una salida en falso, que solo implique una amonestación. Según Usain Bolt esta práctica era muy común entre los norteamericanos. ¿Qué ganan con esto? Desconcentrar a los rivales, la presión extra de vivir esos segundos de nuevo antes del disparo puede hacer que alguien pierda la carrera, que se olvide de la estrategia.

“Ready” Se vuelve a inclinar, formando un ángulo de 90°, aprieta los puños.

A los 17 su mamá lo ayudó para que se fuera a Medellín y diera su paso al profesionalismo, una decisión poco común. En su casa no era que sobrara la plata, aunque era bueno y tenía talento, irse implicaba un riesgo. Si se quedaba solo tenía dos opciones, según él: ser pescador o minero. El único camino que le quedaba a Rafith, para convertirse en un atleta profesional, era irse de su pueblo. Por eso la ayuda de su mamá fue vital: “Si no es por ella yo nunca habría podido llegar hasta donde estoy ahora. Por eso siempre que gano en la primera persona que pienso es en mi mamá”. Un año después le pudo decir a su mamá, Irene del Socorro, que estuviera tranquila, que podía mantenerse con el apoyo de la liga de atletismo. Desde entonces se pondría a las órdenes de Libardo Hoyos, que representó en varios Mundiales de Atletismo a Colombia entre 1978 y 1985.

Libardo describe a Rafith como una persona introvertida: “Muy metido en sí mismo”. Cuando llegó a entrenarse con él, Hoyos, vio su potencial, pero también le advirtió que tenía mucho trabajo por delante: “Primero hubo que mejorarle mucho la resistencia aeróbica, porque era muy mala. Era una persona muy rápida, pero su resistencia no era la mejor”. Los primeros años en la formación de un atleta son vitales, en este tiempo es cuando puede perfeccionar su técnica. Estos años son los que dividen a las personas que simplemente tienen talento de los profesionales. “Los formación que Rafith tuvo en los primeros seis años fue muy buena y eso se está empezado a ver. Ha estabilizado sus tiempos en 1:45.00, lo que le permite mantenerse cerca de su mejor marca que es 1:44.00”.

Aunque Libardo, de vez en cuando tiene que jalarle las orejas: “Él es una persona muy tranquila, a veces hay que estarlo empujando un poquito porque se relaja mucho y se distrae por ahí”. El mayor enemigo de Rafith en los entrenamientos, que también es el enemigo de muchos de nosotros a la hora de concentrarnos, es el celular o como dice Hoyos: “en las cuestiones electrónicas” (no en las discotecas, por si lo pensó. De hecho, Rafith no es muy fiestero, prefiere hacer planes como ir a comer con sus amigos). Lo que le preocupa a Hoyos es que esto interfiere en el descanso, algo tan importante como el entrenamiento, en un deportista del nivel de Rafith. Le pregunto a Libardo si le toca regañarlo mucho por esto: “Claaaro, hay que llamarle mucho la atención, sobre todo cuando sale del país pues si a esto le suma el cambio de horario, le afecta mucho más”. ¿Y sí le hace caso?: “Usted sabe que uno les habla a los atletas y ellos hacen caso un rato, pero vuelven y caen en la misma joda”.

 

(El campeón olímpico que no sabía nadar)

¡Pum!

Su mirada está clavada en el piso. Una, dos, tres zancadas, sube su cabeza, mira la línea que le toca mantener. ¡Pum!, otro disparo. Todos los corredores miran hacia los lados. Cuando uno ve la repetición de la carrera parece que acabaran de sacar a los corredores de un trance. Una salida en falso, el jamaiquino Ricardo Cunningham hizo un movimiento que los jueces quieren revisar: el veredicto, un llamado de atención. Todos a sus puestos de salida. Se vuelve a oír en los parlantes:

“On your marks”.

Rafith tuvo otra salida en falso, esta vez no sería cerca de El Bagre, sino en los Olímpicos de Londres de 2012. Se quedó en la primera ronda de clasificación. Falló la estrategia y recuperarse de un error en una competencia que dura menos de dos minutos es casi imposible. La competencia de los 800 metros es la más corta entre las competencias de fondo en el atletismo. Los corredores dan dos vueltas a la pista de 400 m, pero tienen que mantenerse en su carril hasta que pasen la primera curva. Después empieza la lucha por hacerse en el mejor lugar de la pista: el carril interno. Aquí es donde las estrategias empiezan a jugar, y fue en ese momento cuando Rafith falló en Londres. Se mantuvo muy cerca de los dos punteros, el etíope Mohamed Geleto y el keniata Anthony Chemut, que imponían el ritmo, atacó cuando quedaban 80 metros para la meta, pero las piernas no le aguantaron y terminó en cuarto lugar. Su debut olímpico no fue el esperado. Las primeras declaraciones que dio mostraban el malestar y la rabia: “Fue mi culpa quedé encerrado en el primer carril detrás del español y no supe acomodarme. Esta es mi primer olimpíada y deseaba como mínimo avanzar a semifinales, lo cual hubiese sido realidad si corría en mis tiempos.”

Todavía, cuatro años después, le cuesta hablar de esta carrera. Pero las derrotas son lo que hacen que Rafith siga entrenando: “Al final me di cuenta de que necesitaba entrenar más fuerte para estar entre los mejores. Pero bueno, la lección más importante que me dejó esta derrota es que debo estar más pendiente de la estrategia al momento de correr. “Fue mi culpa”, vuelve a decir.

“Ready”, aprieta otra vez los puños.

No quiero sonar cursi, pero Rafith vio el final de su vida en el 2009. Pensó que se iba a morir, que la carrera se iba acabar antes de tiempo. Le dio dengue y como si esto no fuera suficientemente grave contrajo una bacteria en la sangre, que lo dejó 15 días internado en el hospital. Esta enfermedad le cambió la vida, a las malas. Después se centró más en los entrenamientos y en mejorar sus tiempos.

“LOS ÚLTIMOS 100 METROS SON LA PARTE MÁS DESESPERANTE DE LA CARRERA, TODOS SABEMOS QUE AQUÍ GASTAMOS LOS ÚLTIMOS RESTOS. NO IMPORTA SI HAS ESTADO DE PRIMERO, AQUÍ SI TE DESCONCENTRAS TERMINAS DE ÚLTIMO”.

(La fábrica de velocistas)

¡Pum!

Lo más cruel de la competencia de los 800 metros es que en los últimos 120 todo puede cambiar. “Aquí es donde las piernas empiezan a pesar el doble, la gente se empieza a desesperar y donde se cometen todos los errores. Porque más que físico, aunque también, lo que gana carreras en los 800 es la estrategia”, dice Hoyos.

Suena la campana de los 400 metros.

Rafith sale de la curva en primer lugar, la cadena, que siempre tiene puesta, golpea sus mejillas. Cada vez que pone un pie en el suelo parece que lo quisiera romper. Alcanza a oír la respiración del norteamericano, Murphy que no se le ha despegado en ningún momento. Entre en la última curva, vienen los últimos 200 metros: “Esta es la parte más desesperante, todos sabemos que aquí gastamos los últimos restos. No importa si has estado de primero, aquí si te desconcentras terminas de último.

100 metros.

Va mano a mano con Murphey. Rafith empuja con lo que tiene a la salida de la curva para enfrentar los 100 metros. La meta está ahí, la gente empieza a gritar para alentar a los atletas. Hace una mueca y arranca su último ataque: “En ese momento entregué todo lo que tenía.”

5 metros.

La victoria estaba asegurada, la meta estaba al frente. Dos zancadas más y el oro era para Rafith, pero se despisto: “Yo me veía ya ganando, nunca me imaginé que el corredor de Estados Unidos me pudiera pasar”. Respiro y la cabeza de Murphey cruzó primero la línea.

El podio.

Otra lección a las malas, las carreras van hasta el final. “Nosotros estábamos convencidos –dice Hoyos– que él iba a ganar, aunque no arrancó muy bien, la idea era llegar a los 1:45.00”, dice Hoyos, “pero para que esto no pase otra vez diseñamos un plan para llegar a Río en la mejor forma”. El entrenamiento es a doble jornada y se intensificará más faltando 15 días para que empiecen los Olímpicos. Los tiempos que ha corrido hasta ahora le permiten pensar que llegará a las finales: “En una final olímpica todo puede pasar. Los que llegaron hasta esa fase tienen posibilidades de ganar”.

Está en el podio que tenía en su mente antes de empezar la carrera, no tan alto como quería, pero está ahí. Esos últimos pasos siguen repitiéndose en su mente. Baja la cabeza y creo que la medalla de plata que le acaban de poner le pesa más que un lingote de oro. Mira la medalla de Murphey, esa era la suya. Pero al bajarse de ese podio ya tiene en mente el de Río.

Si quiere saber más del auto, sígalo en Twitter como @felipeg269

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