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A toda velocidad

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James Dean murió al volante de un Porsche. La velocidad era su debilidad. Su Triumph Trophy TR5 está exhibida en un museo.

En los años cincuenta, los chicos malos comandaban la gran pantalla. Eran los rockstars de la época: los jóvenes querían ser como Marlon Brando, Paul Newman o Cary Grant y fantaseaban con mujeres como Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe. James Dean era diferente. Era tímido y su estatura estaba por debajo del promedio de los grandes protagonistas de cine. Pero fue precisamente su apariencia de típico joven norteamericano la que lo hizo llegar a la cima.

Comenzó en la actuación muy joven con cortas apariciones teatrales en Broadway, pero saltó a la fama en 1955 cuando protagonizó East of Eden personaje con el que fue nominado a un Óscar. Y ahí no paró: al año siguiente se convirtió en uno de los grandes de Hollywood y aparecía en público junto con Elizabeth Taylor mientras se rodaban Giant yRebel Without a Cause. Fue gracias a esta última película, en la que compartió set con Rock Hudson, que se convirtió en el ícono cultural que popularizó las chaquetas de cuero y las motocicletas de alto cilindraje.

No era una casualidad: Dean era un fanático de los motores. A los 15 años ya andaba en una Indian CZ de 125 c.c. con la que recorrió todo Indiana, y después de ver el estilo de Marlon Brando en The Wild One decidió comprar una moto igual a la que manejaba el protagonista: la Triumph TR5 Trophy. Además, fiel a sus papeles, a Dean le gustaban la velocidad y la adrenalina: durante el rodaje de Rebel Without a Cause compró un Porsche Spyder 550 al que llamaba “Little Bastard”, un vehículo en el que se obsesionó con las escenas peligrosas y las competencias.

Precisamente, iba en su Porsche hacia una carrera en la costa de California cuando, el 30 de septiembre de 1955, murió en un accidente: muchos de sus amigos actores dijeron que unos días antes, Dean se había encargado de visitarlos, uno por uno, como si presintiera el evento. Tenía 24 años e iba a toda velocidad.

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