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George Clooney entrevista a la voz del Apollo 11

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Charles Duke estuvo en la sala de control del Apollo 11 y conoció todos los detalles del Saturn V, el cohete que llevó a los astronautas a la Luna.

El 21 de abril de 1972, Charles Duke descendió de un módulo lunar, dio un par de pasos –como si fuera un niño aprendiendo a caminar– y comenzó a explorar la zona de las Montañas de Descartes junto con su compañero, John Young. La misión del Apollo 16 era conducir el Lunar Roving Vehicle para recolectar 100 kg de rocas lunares. “¡Boom! Aterrizamos”, gritó Duke con emoción. “Old Orion finalmente está aquí, Houston”.

Pero tres años antes, el 20 de julio de 1969, fue él quien estaba al otro lado del aparato de radio cuando Neil Armstrong puso, por primera vez, un pie sobre la superficie lunar. Tenía 34 años y había sido designado como CAPCOM –operador de comunicaciones– en la histórica misión del Apollo 11.

Para celebrar los 50 años del primer alunizaje, OMEGA –la única marca de relojes autorizada por la NASA para sus vuelos espaciales– le pidió a George Clooney, uno de sus embajadores, que hablara con Duke. La conversación ocurrió en el Johnson Space Center, en Houston, en la sala de control de misión donde se monitoreaban todos los detalles del viaje a la Luna, y el resultado fue el documental The Golden Minute, publicado durante la celebración que la marca de relojes organizó en mayo en Cabo Cañaveral.

Charles Duke y George Clooney. Foto: Cortesía OMEGA.

Cuando Armstrong informa que el módulo lunar llegó a la Luna, es su voz la que responde que en el Centro de Control hay personas a punto de perder la respiración, ¿cierto?
Durante el descenso tuvimos muchos problemas. Los datos no llegaban con claridad y justo después los computadores se sobrecargaron de información. Cuando vi las alarmas en mi consola pensé: “Vamos a perder el sistema”. Ellos se dirigían a un área muy montañosa y Neil [Armstrong] tuvo que detener el descenso del módulo y nivelarlo, entonces lo que era un problema de trayectoria se convirtió en uno de combustible porque se requería más para volar de manera horizontal, después desacelerar el módulo y finalmente hacerlo descender. ¡Estábamos realmente preocupados por el combustible! Entonces yo di el mensaje: “Eagle 60 seconds”, que significaba que tenían un minuto para alunizar o se escucharía la orden de abortar la misión”. Después di el segundo mensaje: “Eagle 30 seconds”. ¡Y ellos estaban a punto de llegar, pero todavía faltaba. De acuerdo con mi reloj, 13 segundos después completaron el alunizaje. La tensión llegaba hasta el techo. Todos estaban pegados a sus consolas escuchando lo que informaba “Buzz” [Aldrin].

¿Si se quedaban sin combustible se estrellarían contra la Luna o porque podían no tener suficiente para regresar?
El módulo lunar tiene un margen del 4% de combustible. Si ellos hubieran recibido la orden de abortar, todavía habría quedado ese 4% para impulsar el módulo; después ese motor se habría apagado y el cohete de ascenso se encendería para llevar al módulo de regreso. 4% es un pequeño porcentaje y como no llegamos a utilizarlo en el Apollo 11 nunca dimos la orden de “Eagle abort”. Pero si hubiéramos llegado a ese punto, estoy seguro de que Neil Armstrong hubiera dicho: “¿Qué acaba de decir, Houston” [risas]. Estaba muy cerca y hubiera aterrizado, porque quedaba ese 4% de combustible. Y él lo sabía.

Charles Duke durante el Apollo 11 en la Sala de Control de Misión. Foto: NASA.

Todo el proyecto de Apollo comienza con la declaración de [John F.] Kennedy en 1962: “Elegimos ir a la Luna y lo vamos a lograr en esta década”.
Él hizo un discurso muy ambicioso: que íbamos a ir a la Luna y que íbamos a regresar de forma segura antes de que se terminara 1969. Cuando escuché eso, yo me reí. “¿Hemos logrado estar por 15 minutos en el espacio y ahora vamos a lograr ir a la Luna en un plazo de ocho años y medio?”. Eso me parece asombroso: ocho años y dos meses después ,yo estaba en la Sala de Control de Misión conversando con Neil Armstrong.

Ahora hablemos de su propia experiencia en la Luna con el Apollo 14: usted es una de las 12 personas que han caminado sobre la Luna.
Cuando salimos del módulo, estábamos muy emocionados. Mis primeros pasos fueron como diciendo: “Estoy aquí, es fantástico. ¡Finalmente estoy en la Luna!”.

¿Dónde llevaban el reloj?
Todos en el programa teníamos un Speedmaster. Tenía una banda de velcro que lo sostenía sobre el traje espacial. Lo usábamos para todo: evitaba que perdiéramos la noción del tiempo sobre la superficie lunar y para pilotar el módulo lunar, era necesario que el timing de los impulsos de los motores fuera perfecto. Era una pieza muy importante del equipo.

¿Qué se siente en el momento del lanzamiento, cuando los motores se encienden?
Yo estaba esperando un estruendo, pero la realidad es que uno está más de 100 metros por encima de esos motores. Mientras uno se empieza a elevar escucha al control de misión diciendo: “Torre libre, ahí van”. Pero lo interesante es que después de volver a la Tierra, el médico de la misión me contó que en el momento del despegue mi corazón estaba a 144 pulsaciones por minuto. ¡Estaba emocionado! En cambio John [Young], el comandante, estaba a 70. Él estaba como: “Lo tengo todo bajo control”.

Charles Duke. Foto: JSC - NASA.

En esa época este cohete [el Saturn V] era lo más moderno. ¿Cómo funciona?
En la primera etapa hay cinco motores, cada uno produce un millón y medio de libras de impulso. El motor del centro no se mueve, es estático, pero los otros cuatro pueden rotar para controlar la trayectoria.

Y toda la pieza inferior del cohete está llena de combustible…
Sí. De keroseno y oxígeno. Todo el vehículo pesa seis millones y medio de libras y los motores producen siete millones y medio de libras de impulso, entonces la aceleración es muy lenta al principio y la vibración es algo insoportable.

¿En qué punto se llega a la velocidad máxima?
En la primera etapa se pueden alcanzar 12.800 km/h. Cuando se consumía todo el combustible ocurría una explosión que separaba la parte inferior de la segunda etapa.

¿Y se sentía?
En efecto, se podía sentir. Porque en ese momento pasas de 4,5 G a gravedad cero en un solo instante.

Y hasta ahora estamos a 55 km de la Tierra…
Así es. Cuando empieza la segunda etapa y se prenden los cinco motores, se producen un millón de libras de impulso que te dejan a 160 km de la Tierra y a 19.300 km/h. Después, la tercera etapa hace ignición con un único motor que da 200.000 libras de impulso; ese te acaba de acelerar a velocidad orbital, que es de 27.350 km/h. Desde ahí, la trayectoria toma unos tres días hasta llegar a la Luna.

¿Y el módulo lunar? Literalmente parece estar hecho de papel aluminio.
Cuando se presuriza, como sucede con una lata de gaseosa, puede volverse muy fuerte. Pero cuando está despresurizado, se dobla: es un material que ofrece protección térmica y que refleja una gran parte del calor solar.

¿Cómo le pareció la frase de Armstrong? “Es un pequeño paso para un hombre, un salto enorme para la humanidad”.
No creo que Neil le haya dicho a nadie lo que tenía planeado decir, pero creo que no pudo haber sido más apropiado.

No podía ser más perfecto. ¿No? Tomar esta increíble victoria estadounidense e incluir a todo el mundo en ella.
Así es.

Es un motivo de orgullo. Creo que este tipo de proyectos representan lo mejor de la humanidad. Y personas como usted nos hacen sentir muy orgullosos.
Gracias. Haber hecho parte de este programa, especialmente en el control de la misión, y ver cómo 400.000 personas se esforzaron para sentar a tres tipos en lo alto de un cohete rumbo a la Luna y regresarlos a salvo… Es una experiencia grandiosa. Y una lección de humildad.

Esta entrevista hace parte del documental "The Golden Minute". Las preguntas y respuestas fueron traducidas y publicadas con autorización y por cortesía de OMEGA.


REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 148 - JUNIO 2019

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