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Entrevista a Tatiana Calderón

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La décima mujer en la historia que maneja la Fórmula uno se está abriendo paso en un deporte machista.

Tatiana Calderón sabe lidiar con los hombres. Los sabe sobrepasar a 300 kilómetros por hora y sabe lidiar con sus egos: “Ya he retirado a varios hombres de las carreras”, dice. Los ha retirado porque para ellos perder contra una mujer era una especie de deshonra. “Una vez”, recuerda, “en una competencia de karts, un piloto dijo que si ganaba la ‘mechudita’ les compraba pelucas a todos. ¡Y claro que gané! Nunca supe qué pasó con él”.

Tatiana se convirtió en la décima mujer en la historia que maneja un Fórmula Uno y el tercer piloto de Colombia en conseguirlo (primero fue Roberto José Guerrero, después Juan Pablo Montoya y ahora ella). Además, el 16 de diciembre probará otro de los poderosos autos más rápidos del mundo: el DS E-Tense FE19, de la Fórmula E. El día que hablamos, en el backstage del Gran Premio de Estados Unidos, en Austin, Texas –gracias a Carrera, uno de los flamantes patrocinadores del equipo Alfa Romeo Sauber–, le habían confirmado que solo una semana después haría rugir el motor del Sauber C37 en la pista de México, pero todavía no podía anunciarlo.

La Fórmula Uno es realmente un laboratorio. El box del equipo se parece más a un lugar de pruebas espaciales que a un sitio donde se alistan un par de carros. No se puede hablar, no se pueden tomar fotos, no se puede tocar nada. Las llantas están en una sala aparte donde se conservan en la temperatura ideal para la pista. El motor está cubierto y cuando nos muestran los habitáculos de fibra de vidrio de cada piloto pienso que mi reloj de pulso es más pesado.

–¿No lo ha manejado antes?

–No, solo pueden tocarlo los pilotos oficiales. Yo solo he hecho pruebas en los simuladores que se llama GP3, que es una de las antesalas a la Fórmula 1. Es en la GP3 donde los equipos ponen a sus pilotos junior y yo ya soy parte del equipo Alfa Romeo Sauber.

Fotografía: Cortesía Carrera

 ¿En qué momento de su vida decide correr?
Mi papá siempre ha sido superfanático de las carreras de motos y del deporte de motor. Cuando tenía como seis años ya montaba en moto, él me enseñó y a veces me ponía a manejar entre sus piernas. Pero realmente la pasión por el automovilismo fue porque mi hermana me llevó a una pista de alquiler de karts y ahí compramos un turno de cinco minutos. Me enamoré de eso, íbamos después del colegio todas las tardes y la cosa empezó a ir más y más en serio. Empezamos a ganar unos campeonatos que hacían ahí por las noches y convencimos a mis papás de que nos compraran un kart. Ahí empezó esta aventura.

¿Qué le dijeron sus papás por ser mujer y querer meterse a un deporte tan masculino?
Mi mamá no estaba tan contenta. Mi papá un poco más, pero ella finalmente vio que lo que más me gustaba eran las carreras. Yo ya había hecho tenis, equitación, golf… Pero los karts fueron lo que realmente me gustó. A mis amigos sí les parecía raro, pero nunca sentí que me miraran diferente por elegir este deporte.

¿Cómo hacía para estudiar?
El primer requisito que pusieron mis papás fue que me tenía que ir muy bien en el colegio. Como todas las carreras, o muchas, eran fuera del país, yo tenía que estudiar en el avión, llegar a adelantarme, hacer exámenes por internet… Pero la verdad siempre fui de las mejores. Creo que el automovilismo me ayudó mucho a organizar el tiempo. Obviamente no tienes mucha vida más allá de las carreras: me tocaba estudiar y las carreras eran el fin de semana. No había ni fiestas ni nada, siempre estaba entrenando y estudiando.

¿Cómo se hace para entrar al automovilismo?
Tú tienes que buscar los equipos, ellos miran tu background, te prueban y luego necesitas buscar patrocinadores, porque solo empiezas a ganar plata cuando llegas a las categorías que no son de formación. Se necesita talento, pero también un buen apoyo. En la primera categoría que corrí, mi equipo era Juncos Racing; luego me fui a Europa y ahí llevo ocho años. Hice la Fórmula 3 Europea –que es por donde han pasado varios campeones mundiales y varios pilotos de Fórmula 1– y los últimos tres años he corrido en una categoría.

¿Está a un paso entonces de entrar a las grandes ligas?
Sí. Hace falta ese último paso, el más difícil pero el más interesante. Solo hay 20 asientos en Fórmula 1 en el mundo y hay que estar ahí cuando se dé la oportunidad de subir. Hace más de 41 años que no corre una mujer y este es uno de los pocos deportes donde podemos competir mano a mano con los hombres y demostrar que las mujeres podemos hacer lo que nos propongamos.

¿Cómo es el día a día de un corredor?
Yo viajo mucho por el tema de las carreras. Por el hecho de ser mujer tenemos menos masa muscular que los hombres y, aunque no parezca, el automovilismo es muy exigente físicamente. En la categoría que corro no tenemos dirección hidráulica y cuando vas a 200km/h y quieres cruzar, el timón se pone durísimo. También existen las fuerzas G que soportas en el cuello o en la parte de atrás de la espalda. Es bastante exigente, entonces dedicó mucho tiempo al entrenamiento físico. Y, cuando no estoy entrenando, hay simuladores: son como jugar PlayStation, pero súper profesionales y hacen que se parezca a la vida real.

¿Qué dice la gente de una mujer que corre?
La gente con la que trabajas, desde los ingenieros hasta mecánicos o jefes de equipo, siempre esperan mucho menos de una mujer que de un hombre, entonces hay que ganarse ese respeto. Luego, en la pista, incluso hay pilotos con los que ya no compito que me decían “Nunca me había dolido tanto que alguien como tú me pasara en esta curva, en este circuito”. Se acuerdan perfectamente. Es difícil ganarse ese respeto pero uno lo va mostrando con resultados, mostrando que uno sabe del tema y pues simplemente que se demora un poco más que si uno fuera un hombre. Hace poco, en Barhein, en una prueba de GP3 Series (los autos más parecidos a la F1 y donde ella es la única mujer), Tatiana estuvo con su ídolo de la infancia, Juan Pablo Montoya. Fiel a su estilo, él le dio un consejo simple y demoledor: “Si ellos pueden, usted también. ¡A fondo!”. Porque el machismo puro y duro –cómo no– también ronda las pistas. “He tenido que estrellarme porque no me dan paso, pero si no lo hago, si no me impongo, no me van a respetar. Es simple”.

FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 141 - NOVIEMBRE 2018

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