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Jhonny Hendrix es un director de cine de origen chocoano que ha hecho películas como Chocó (2012) y Saudó (2016). Hablamos con él sobre su experiencia en el séptimo arte y esto fue lo que nos dijo

“No quiero ocultar lo afro; quiero gritarlo hasta que la gente se acostumbre a que ser negro en Colombia es algo natural”, dice el director de origen chocoano que tuvo su debut cinematográfico con Chocó (2012), la historia de una madre en el departamento del Pacífico colombiano y una película que le dio la vuelta al mundo. Este 4 de agosto se estrenará su nuevo largometraje: Saudó. El director nos contó sobre la inesperada inspiración para esta película, las historias que lo atrapan y lo que ha aprendido a las malas en el mundo del cine. 

¿Qué tan duro es un rodaje?

Es como preparar un concierto, sabiendo que el concierto es de seis semanas.

Durante el rodaje de Saudó, ¿cuál fue el problema más grande en el que se metió?

Estábamos en la bahía de Buenaventura. Nosotros nos quedábamos en un sitio y el lugar donde rodábamos se hallaba cruzando la bahía. En ese momento había una marea mucho más alta y el mar estaba más fuerte. Hacer ese viaje todos los días fue aterrador, porque ponía en peligro a todo el equipo y el material que rodábamos cada día.

¿De dónde ha venido la inspiración más inesperada?

La premisa de la que sale la historia de Saudó fue inesperada. Fuimos a ver a una bruja. Nos pidió que le lleváramos cuatro botellas de ron y una paca de tabaco. Se tomó el ron como agua, blanqueó los ojos y empezó a hablar en una voz extraña. Y esa voz nos dice la leyenda que es la premisa de la película: un pueblo en el Pacífico donde huían los esclavos y, a partir de un ritual, se hacían invisibles para que nadie los pudiera volver a esclavizar.

¿La lección más dura que ha aprendido sobre el mundo del cine?

Uno siempre cree que las películas se hacen con amigos. La verdad, no. El cine se hace con profesionales. La amistad queda en segundo plano.

 

(Entrevista con William Vinasco)

¿Qué historia le encantaría contar?

La historia de un poeta chocoano, Arnoldo Palacios. Su historia de vida es la que más me impacta y la que más quiero hacer.

Una escena del cine que no se canse de ver.

La escena final de El gran pez. Es una escena que siempre que voy a ver siempre me saca las lágrimas porque me recuerda a mi papá. Él era así: un personaje que desde niño me ha contado historias. Creo que el día que fallezca van a aparecer todos los personajes fantásticos sobre los que me contó.

Si algún día deja el cine, ¿qué le gustaría hacer?

Novelista. Creo que me encanta escribir y creo que es un sueño que algún día lograré.

El mejor cumplido que le han dado por sus películas.

En Berlín una mujer rusa, de más o menos cuarenta años, hermosa, de ojos azules me abrazó durante cinco minutos después de ver Chocó. Llorando, me dijo “gracias por contar mi historia”. La película es de una mujer afro en el Pacífico colombiano, y se identifica una mujer rusa de ojos azules…, uno dice, bueno, el trabajo fue bien hecho.

Si quiere saber más del autor, sígalo en Twitter como @EPrincipote

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