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Honesto y brutal. Así es el estilo de David Keenan, un crítico musical que se convirtió en una de las voces más originales de la literatura.

“Tengo tan poco tiempo para la mierda antiintelectual como lo tengo para la basura académica de sobre-analizar las cosas”, dijo David Keenan en una entrevista para 15 Questions. “Yo estoy en algún punto entre las dos”. En sus artículos, este escritor no para de cruzar la línea entre la razón y el sentir, entre el análisis y la escucha. Y esa es quizá la razón por la que este escocés se convirtió en los últimos años en uno de los referentes mundiales de la crítica y el periodismo musical.

En su juventud, Keenan se aventuró a tocar música –es famosa la historia de cómo tocó en el mismo concierto en el que fue descubierto Oasis–, pero realmente fantaseaba con ser escritor. “Escribía día y noche, reseñaba lo que fuera, tomaba notas de lo que fuera. En otras palabras, trataba de vivir mi propio modelo de la vida de escritor, sentándome hasta las cuatro de la mañana en el ático de mi mamá, tipeando, tomando whiskey y odiándolo, pero lo bajaba de todos modos”. Empezó en la revista The Wire recomendando bandas que escuchó en su juventud, como The Pastels y The Vaselines, pero últimamente dio el salto a la literatura con un par de novelas. La primera, This is Memorial Device, es un compendio de entrevistas ficticias a la gente cuya vida se vio involucrada con Memorial Device, una banda que nunca existió y que se originó en la muy real Airdrie, Escocia, su pueblo natal: “Un pueblo mágico, de hecho, poblado por excéntricos y raros”; Memorial Device debería haber sido la banda de punk más grande de la historia, y Keenan documenta su rotundo fracaso.

La segunda novela, For the good times, retrata la vida en la ciudad de Belfast durante “Los Problemas”, el violento conflicto de Irlanda en los años setenta. Por fortuna, su negocio de escribir de álbumes y bandas sigue vigente. Prefiere reseñar la música que más le emociona: “Artistas genuinos, gente que es motivada a crear sin importar nada”, dice. Pero igualmente pone la misma energía en las reseñas negativas, esas que rompen amistades y generan hostilidades que pueden durar años. Esas también son populares, por eso él suele repetir: “¿Dónde estaría la página de cartas de lectores de The Wire sin mí?”.

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