158

¡Advertencia!

Las chicas buscan hombres mayores de edad

Si no tienes 18 años
No entres a esta página

Publicidad

ANDREA JIMÉNEZ SIGUIÓ DURANTE VARIOS MESES A DOS ATLETAS DEL CARIBE COLOMBIANO QUE QUIEREN LLEGAR A LO MÁS ALTO DE LA DISCIPLINA.

Anita Balceiro tiene nombre de deportista. Pesa 47 kilos, o 49, o 57, nunca se sabe. Nunca. Porque Anita Balceiro se la pasa jugando con su peso y con su cuerpo. Uno se la encuentra un día en que pesa 47, pero un par de semanas después puede haberse inflado con dos kilos más de fibra, de aminoácidos, de proteínas, de pastillas y demás turroncitos encapsulados. Y, en cambio, cuando uno cree que Anita está en la etapa de darles volumen a sus músculos, en la que solo debería subir hasta cuatro libras por encima de su peso promedio, resulta que pesa 10 kilos más porque empezó a comer carbohidratos y calorías –chocolates, chocolates, chocolates– y a tomar agua como lo haría cualquier persona normal.

Lo que sucede es que Anita Balceiro no es una persona normal: ha pasado los últimos tres años de su vida metamorfoseándose hasta llegar a ser una superhumana con un cuerpo que parece imposible: puede hacer 400 abdominales en un día, o 400 sentadillas, y después dos horas de cardio, sin mostrar un ápice de cansancio.
Todo eso lo hace en un gimnasio que bien podría parecer un taller de mecánica, o los restos de este. Un lugar en el barrio Las Gaviotas, en el suroccidente de Cartagena, donde siempre hace calor, las máquinas chirrean, no hay un solo abanico y ni se sueña con aire acondicionado. “Pero no hay nada como estos hierros”, dice señalando las máquinas cobrizas que le han ido dibujando surcos en el abdomen, líneas transparentes, hendidas, a Anita Balceiro.
Anita Balceiro. Ana Elisa Cortés Balceiro. 21 años. “De cumplir compitiendo, llevo un año; pero de la rutina fitness, tres”. Es enfermera. Graduada. “Me dedicaba a mis estudios. Sí iba al gym, pero me perdía. Aparecía a los meses y así me la pasaba”. Pero un día no volvió a faltar. Un día José Quintana, su entrenador, la convenció de que lo mejor que podía hacer por su vida era entrenar bajo el modelo fitness y ganar competencias. Y lo hizo. Ambas cosas. Entrenar y ganar. Perderse en el limbo del fitness, una disciplina que, según explican los entrenadores y los foros de internet, está atrapada en medio de una rutina saludable con ejercicios constantes y el fisicoculturismo; pero que no es ni lo uno ni lo otro.

Anita Balceiro

Así que Anita Balceiro se aprendió la liturgia de memoria y empezó a aplicar los mandamientos del fitness que están escritos en piedra: mejoró su resistencia aeróbica con repeticiones de ejercicios fraccionados. Ganó resistencia muscular haciendo 80 cuádriceps al día y le dio más fuerza a sus brazos y sus piernas a punta de ejercicios con peso muerto. En solo tres años pudo levantar cargas máximas de 100 kilos que terminaron de esculpir sus glúteos y sus pantorrillas, su todo, para lograr “el equilibrio armonioso de la estructura corporal”, como dicen todas las webs especializadas.

Ese es el fin último de tanto masoquismo, si conviene decirlo así para entenderlo mejor. Porque hay que partirse para no caer y olvidarse de sí para no pecar. Porque si pecas, la única salida es expiar. Y eso es lo que hace Anita Balceiro ahora que ha perdido su brillo. Diez kilos encima la tienen pesando 57 en total, entonces tiene que entrar en una dieta implacable y en una serie de rutinas funcionales. Nada de peso, nada de hierro. Cardio, cardio, cardio. Y mucha agua “para drenar líquido” y para purgar su tentación.

“Antes no usaba fármacos”, escribe en un mensaje por WhatsApp. “Pero ahora sí uso quemador, tomo un ‘preentreno’ para tener más energía, aminoácidos y demás . Esta última preparación fue la más exigente de todas, ya que estaba en juego el carnet profesional”. Porque hay un carnet profesional en el fitness, una especie de diploma que eleva a quien lo tiene de la categoría amateur a la del deportista consumado. Anita Balceiro entrenó, ganó y lo consiguió, pero después se echó a comer chocolates como no lo había hecho en dos meses y subió 10 kilos en dos semanas y media. Entonces vio cómo ese miedo absoluto en el que caen todos los deportistas que practican el fitness se la tragaba de verdad y la halaba: en sus propias palabras, se borró.

***

“De lunes a miércoles, una dieta. El jueves, otra. El viernes, otra. Lo único que no es chévere es comer sin sal. Pero esos son los últimos tres días”. Karen Marino tiene nombre de periodista. Y lo es. Escribe perfecto en WhatsApp, donde cada quien teclea como le da la gana, y se hace entender. Punto, coma, punto y coma. Negrilla, cursiva. No hay nada al azar en su conversación, ni en su dieta, ni en su vida de deportista fitness.

Comida 1: cuatro claras de huevo, dos yemas y dos pastillas de Cystone. Comidas 2 y 5: 120 g de pechuga (peso crudo), porción de verduras, cuatro pastillas de Expel y 2 g de omega 3. Comidas 3 y 4: 120 g de pechuga (peso crudo) y porción de verduras. Comida 6: cuatro claras de huevo y dos yemas. “Pero el Expel no lo estoy tomando”, explica. “Estoy tomando unas que se llaman Precontest. Son para evacuar el líquido del cuerpo”. Es decir, un diurético que la hace ir a orinar hasta veinte veces al día mientras le da a su cuerpo, en 24 horas, la misma cantidad de pollo, carne o cerdo que normalmente comerían cuatro personas.

Karen Marino

Karen Marino entrena como si su vida dependiera de ello en cada jornada de gimnasio, que la semana previa a una competencia se duplica. Durante esos días aumentan sus idas a SmartFit, un gimnasio de moda en el norte de Barranquilla que brilla en neón con sus luces de tubos fluorescentes, en el que todo se ve nuevo y huele rico, donde casi no se suda, donde todo parece chic y donde ella se pasea con shorts diminutos para posar con sus piernas trabajadas, tonificadas y esculpidas al frente de un espejo. Allí es donde ella ensaya cómo saldrá unos días después a exhibir su cuerpo metida en un vestido de baño de cristales y brillantes, que roza los 400.000 pesos como precio promedio.

El lunes de esa semana decisiva comienza un proceso de deshidratación casi irresistible para cualquier cuerpo común y corriente, que se mezcla con una dieta sin sal y un coctel de pastillas y cápsulas de suplementos nutricionales: “Uno se deshidrata en la semana precompetencia, o sea en la peak week. Empezamos, por ejemplo, con siete litros de agua. Yo no empecé con siete ni con seis, sino con cuatro litros. Al día siguiente, tres. Luego, dos. Luego, uno”. En el mundo del fitness, esta etapa es conocida también como “depletación” y equivale a descargas paulatinas durante cuatro días. “Te quitan los carbohidratos y las grasas, solo comes proteína y ensalada, y se va disminuyendo el agua por litros diarios. Finalmente, el día anterior a la competencia, los deportistas fitness se cargan: comen carbohidratos durante el día y, en la noche, ese manjar prohibido que ahora se pueden permitir: “Pizza, helado, Coca Cola”, explica Karen. “Para que la piel amanezca más pegada al músculo al día siguiente”.

***

Arnold Schwarzenegger es uno de los fisicoculturistas más conocidos del mundo. Su imagen como Terminator lo ayudó a rematar su bien ganada fama de hombre perfecto e invencible que comenzó a los 20 años, cuando hilvanó, a lo largo de una década, una racha de siete títulos de Mister Olympia, la máxima competición de fisicoculturismo profesional que se celebra anualmente y que logra convocar a los mejores exponentes de este deporte en todo el mundo. La International Federation of Bodybuilding and Fitness (IFBB) se encarga de organizarlo y de reunir a los mejores deportistas de los certámenes top que inundan el calendario profesional.

Arnold Schwarzenegger es también el creador de la Arnold Classic, uno de esos certámenes que sirven para que solo los mejores competidores lleguen al selecto círculo final de Mister Olympia. Arnold Schwarzenegger también creó la Arnold Fitness Expo, una feria que instala más de mil stands –según su página web– en el centro de convenciones de Columbus, Ohio, con “lo último en equipamiento deportivo, indumentaria y nutrición”. Arnold Schwarzenegger, además, dispone allí de dos escenarios para hacer competencias de culturismo y fitness para hombres y mujeres.
Si el sueño de cualquier niño que desea vivir del fútbol es pisar la grama del estadio Santiago Bernabéu con la camiseta del Real Madrid –o la del Camp Nou, con la casaca azulgrana del Barcelona–, el anhelo de quien desea ser el mejor en el fisicoculturismo es llegar a la Arnold Classic. Conseguir un cupo al Mister Olympia sería casi como clasificar al Mundial.

Pero para llegar a las esferas más íntimas de estas disciplinas –es decir, para ser un o una Terminator– hay que pasar años en estado de volumen, definición y depletación. Y repetir el ciclo una y otra vez para dominar las etapas y acostumbrar al cuerpo a estirarse y contraerse. No hay espacio para el cansancio porque hay que ir de una competencia a otra, siguiendo ese círculo infinito.

Varias competidoras se preparan para salir al escenario durante una competencia nacional de fitness en Cali.

La Federación Colombiana de Fisicoculturismo y Fitness (FCFC) avala y ataja. Como miembro de la Confederación Sudamericana de Fisicoculturismo y Fitness, junto con federaciones de otros 10 países de la región, sigue los mandamientos que entre todos los agremiados han levantado para desarrollar estas disciplinas, dentro de las diferentes categorías. María Bernarda Alarcón, presidenta de la Liga de Fisicoculturismo de Bolívar y jueza nacional de la IFBB, explica que la federación nacional cuenta con varias categorías, que a su vez tienen divisiones –más de 60– según el peso corporal, edad y estatura. Para el caso de los hombres están las categorías de culturismo, culturismo clásico, men’s physique, men’s muscular y men’s physique clásico; para las mujeres, en cambio, hay cuatro: bikini, wellness, body fitness y physique. Y para ambos sexos está también el fitness coreográfico.
Entre todas esas, solo el culturismo tiene estatus de deporte olímpico y solo a nivel continental, pues el espaldarazo del Comité Olímpico Internacional aún no llega. Es decir: Anita Balceiro y Karen Marino –que compiten en la categoría bikini– podrían entrenar a lo largo de toda su vida, pero jamás llegarían a unos Olímpicos, incluso si llega el aval para su deporte. Sin embargo, el fitness puede ser tan exigente como cualquier deporte: no solo se trata de lograr el ideal en el grosor y el tono de los músculos, las líneas de proporción y la simetría corporal. También se trata de saber exhibir el día de la competencia todos los atributos de elasticidad, fuerza y tensión muscular a través de movimientos específicos sobre el escenario.

***

Durante los últimos días de la peek week Anita Balceiro prefiere ser conservadora: “Algunas personas comen pizza, hamburguesas, chocolates, cualquier cantidad de cosas que no te imaginas, y eso les ayuda a estar más hinchados, más definidos. Es un procedimiento normal en el cual comen carbohidratos para aumentar la masa muscular y salir a tarima mostrando todo tu potencial”, explica. “Pero a mí me da miedo, porque yo no voy a estar cuidándome en una cantidad de cosas para que al día siguiente me entere de que se me fueron los cuadros. ¡Mierda! Eso puede ser una agonía terrible, entonces lo evito. Lo máximo que me como es uno, o dos pedazos de pizza, y ya, más nada. Después de la competencia, como lo que quiera; antes, nada”.

Ella prefiere postergar el placer. El miedo es más fuerte. Por eso, durante siete días, sin tregua, se ha deshidratado para verse más seca, pegada a los huesos, fibra pura. Magra, ceñida a sí misma. Tanto, que la piel se puede estirar como látex y doblarse en pliegues una y otra vez, como un papel. Y así se le conoce a este efecto: piel de papel.

–¿Nunca has tenido un efecto adverso? Algún desmayo por no comer, por no tomar agua…

–No, la verdad me he controlado en eso. No sé si es la costumbre o si uno está concentrado en otra cosa y hasta se le olvida tomar agua. Pero, la verdad, si tengo mucha sed, sí tomo un poquito. Yo nunca me he tirado a matar. Si me da sed, me iré a borrar, pero tengo que tomar agua, porque tampoco uno puede exigirse tanto; no sé cómo puede reaccionar el cuerpo.

El 15 de febrero, Anita Balceiro salió al escenario del Coliseo Evangelista Mora, en Cali, con una sonrisa. Si tenía hambre, la maquilló bien con su rostro de felicidad. Si tenía sed, logró disfrazar la ansiedad. Está compitiendo en la Classic Physique of America Cup, un certamen oficial de la IFBB que reparte 24 carnets oficiales para 24 nuevos atletas “pro”. 24 atletas que serán los campeones absolutos de su categoría y que, por ser profesionales, no volverán a enfrentarse jamás a novatos y amateurs.

Anita Balceiro ocupa el primer lugar durante un campeonato nacional de la IFBB.

Sale con un biquinazo de dos piezas, azul, con cristales y piedras, y desfila durante casi dos minutos haciéndole caso a una voz que no ve, pero que le ordena todo. “Posición de frente. Un cuarto de giro a la derecha. De espaldas. Un cuarto de giro a la izquierda. De frente. De espaldas”. Ella sigue las órdenes con gracia. Puede que sea la única vez, el único momento de su vida, en que siga instrucciones con esa sonrisa: se contonea hacia adelante, se agacha con el encanto de una chica pin up, mueve los hombros como una joven tierna y tímida. Se aprendió la rutina de su cuerpo, moviéndose sobre un escenario imaginario y estudiando por horas frente a videos de YouTube, de Instagram, donde veía cómo lo hacen los atletas profesionales que ella admira, y ahora puede repetir la danza de sus músculos de memoria. Y mientras exhibe toda la feminidad de la que es capaz su cuerpo acostumbrado a los hierros del gimnasio, sus músculos se enseñan firmes, esculpidos, sobre unos tacon es sin plataforma que dejan ver mejor –eso dicen los jueces– su anatomía en evaluación.

Anita Balceiro aprendió a danzar. Tuvo dos salidas individuales de pasarela libre y otra más larga de pasarela comparativa, donde estuvo, codo a codo, junto a las demás mujeres vencedoras de su categoría para elegir a la ganadora absoluta. Anita Balceiro fue la mejor de la categoría bikini junior, también la mejor bikini senior, y ahora es la mejor bikini-fitness de todas, la campeona, por eso tiene un carnet que dice que es “pro”.

Después de la competencia que la convirtió en profesional, Anita Balceiro volvió a Cartagena y comió un chocolate. Y dos. Y tres. Y los cuadritos se fueron. Y su cuerpo se desconoció. Se fue ese vigor, esa robustez, los músculos perfectos y los cuadritos de envidia. Cuando sucede eso, Anita Balceiro está borrada. Y en ese punto, su cuerpo debe volver a la dieta estricta, al “cardio-cardio-cardio”, al desayuno y la cena solo con proteína, a los cuádriceps del lunes, al peso muerto reducido a la mitad, al Clembuterol, al Hidroxicut y al CLA, que según explica Anita Balceiro, son “quemadores que definen músculos que no están bien formados”.

Karen Marino también estuvo en la competencia. Salió con un biquinazo de dos piezas, rojo, con cristales y piedras, y desfiló durante 30 segundos haciéndose caso a sí misma. Nadie le dijo qué hacer. Ni cómo llevar sus piernas acompasadas, como si fuera un centauro. Ni cómo alzar y bajar sus brazos, como una madeimoselle de músculos firmes. “Karen Marino, Colombia. Un fuerte aplauso para ella”, dijo la voz del hombre de traje. La que la noche anterior probó de nuevo el pan, la mermelada de mora, la leche condensada y la hamburguesa para llegar con los músculos a tope al escenario, hizo todo lo que tenía que hacer, pero no fue suficiente.

“Decidí cambiarme de categoría porque sé que mi cuerpo tiene nivel para una categoría con más volumen. Wellness se llama. Son mujeres piernonas, nalgonas. Mi genética es wellness. Pero en todas estas competencias he ido contra la corriente”, dice ahora, después de la competencia. Karen Marino, periodista, antes bikini y ahora, wellness. Pesaba 50 kilos en su última salida preparada y su meta es pesar 65. Subió 10 kilos en dos semanas y media, como Anita Balceiro. Pero Karen Marino no se borró, sino que empezó a jugar con su cuerpo para subir de categoría. Y se estancó.

***

Carlos González va de bata blanca. Como él, solo hay tres en el lugar. Un fisioterapeuta, una nutricionista y él, Carlos González. Médico deportólogo, bata blanca. Encargado de la consulta de Medicina Deportiva en la cadena de gimnasios Bodytech en Barranquilla. “Cuando un modelo fitness adapta su metabolismo para hacer cambios de nutrición según el estímulo muscular que está recibiendo, el metabolismo responde y se adapta a los cambios de una manera progresiva”, explica, intentando no caer en tecnicismos. “Cuando el deportista tiene que ganar masa muscular tiene que cambiar su nutrición y cuando va a entrar en tapa de definición, también, pero no pude ser de una manera abrupta. Si el metabolismo no está acostumbrado, va a responder, y entonces es cuando vemos los síndromes de rebote, que es cuando forzamos el metabolismo a cierta nutrición y, después de que se termina ese ciclo, el metabolismo responde y rebota”.

Karen Marino ama la Nutella. Pero solo la come, como si fuera un premio, la noche antes de cada competencia, luego de llevar su cuerpo a extremos. La sigue comiendo después de pararse en la tarima –dos salidas, movimientos de brazos, cruces de piernas, músculos finos–. La Nutella posa con ella en las fotos de Instagram. La Nutella al almuerzo, la Nutella en el cheat meal. La Nutella siempre.

Son muchas calorías diarias, diseñadas bajo una dieta hipercalórica. “Mis entrenamientos son superpesados y, en general, me da pereza hacer cardio”. Seis comidas al día, carbohidratos a tope. Arroz, plátano, avena y papa, más 150 gramos de proteína por comida. Pero, a veces, Karen Marino se cansa. “Es que es mucha comida y estas dos últimas semanas me aburrí de comer tanto arroz y pollo . Y estoy comiendo cinco veces”, escribe por WhatsApp.

Jugar con el cuerpo no es tan fácil como hacerlo con carritos o muñecas. Subir de peso no es tan fácil como tragar y llenarse de hamburguesas, nevados de arequipe y Nutella. Karen Marino lleva mes y medio con el mismo peso, 60 kilos. Porque se estancó. Porque no basta con comerse 20 perros calientes y jugar a ganar kilos. Porque el cuerpo tiene memoria. El cuerpo se acuerda de lo que lleva meses aprendiendo y le cuesta desaprender.

Los fisicoculturistas toman cada día toda una serie de suplementos, diuréticos y protectores hepáticos para controlar el metabolismo de sus cuerpos.

Kelly Rodríguez lo sabe, porque trabaja con el cuerpo. Es nutricionista/dietista y trabaja en el campo de la nutrición y los deportes desde hace seis años. Bata blanca, está embarazada, y es quien crea los planes de alimentación para los afiliados de los gimnasios Bodytech en Barranquilla. En sus dietas incluye suplementos nutricionales, proteínas, aminoácidos y muchos de estos polvillos, líquidos y cápsulas que también se encuentran –en otras medidas– en el programa de alimentación de los atletas fitness. Eso no la hace amante ni defensora de los cambios abruptos a los que se someten quienes practican esta disciplina: “Tú puedes experimentar. Tú estás acelerando tu cuerpo a algo que no está dentro de tu ciclo de vida, dentro de tu edad, dentro de tu estatura, y más adelante eso puede generar efectos hormonales. Son muchos efectos los que puede tener la persona que hace que su metabolismo se acelere. Ellos no funcionan 100 por ciento con alimentación, utilizan anabólicos y todo tipo de ‘cositas’ que son contraproducentes (…). Todo en exceso es malo. Cuando vas a prescribir a una persona un aminoácido o una proteína, todo tiene que ver con un requerimiento calórico. Ni los suplementos, ni los aminoácidos, ni las ayudas ergogénicas son malas. Pero hay cosas que aparte de eso incluyen, por ejemplo, anabólicos, que hacen efectos contrarios”.

Anabólicos. Esa palabra tan común en la esfera deportiva del culturismo, incluso entre aficionados, suena en los pasillos de centros de entrenamiento. Todos intentan descifrar quiénes los consumen y quiénes no.

El médico deportólogo Carlos González, con su bata blanca, los define como medicamentos que, a base de hormonas, te ayudan a que el metabolismo muscular sobrepase sus límites. “El anabólico, la hormona, manipula el metabolismo muscular y en general otros órganos, como el hígado, el riñón y la glándula suprarrenal, para que el músculo crezca más de lo que genéticamente tiene la persona”. Desde su escritorio, González explica que este tipo de ayudas “no es malo usarlas, lo malo es el exceso. Si un deportista quiere usar anabólico y uno como médico del deporte puede darle una dosis adecuada, no pasa nada. Lo malo es cuando se exceden estas dosis y hay daños en el metabolismo en general”.

Los anabólicos, al igual que los diuréticos y las sustancias que alteran el ritmo cardíaco, son radicalmente prohibidos por el Comité Olímpico Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje, que año tras año publica listas interminables con medicamentos prohibidos para los deportistas. Es un punto de discusión bastante tenso para el fisicoculturismo, pues según explica Carlos González, los anabólicos son bastante comunes en la práctica de esa disciplina: “Como esto se trata de una competencia del uno contra el otro, los detalles marcan la gran diferencia de quién gana y quién pierde. Se trata de porcentajes de grasa, deshidratación, todo eso. Prácticamente todos, en algún momento, se han visto obligados a consumir estas sustancias. No quiere decir esto que sea lo adecuado y lo correcto, pero cuando ellos entran a ciertos niveles de entrenamiento y de ganancia de masa muscular, así no lo prefieran, sí deben enfrentarse a esa realidad”.

Karen Marino lo sabe. Sobre todo ahora, que necesita comer más, y entrenar más, y subir de peso para alcanzar los 65 kilos –15 más de lo que pesaba habitualmente– que se ha fijado para empezar a ser una atleta wellness.

–¿Te inyectarías anabólicos para ser una Schwarzenegger?

–¡No! Yo no me inyecto.

–Pero los diuréticos y las otras ayudas que tomas son doping, solo que como no vas a competencias olímpicas no te hacen pruebas antidopaje…

–Eso depende de la liga en la que estás compitiendo. Por ejemplo, en la FCFC todas esas sustancias están prohibidas. Y lo mismo sucede en Musclemania. Pero en la IFBB Pro League y en la National Physique Committee de Estados Unidos, donde compito yo, ninguna sustancia está vetada. Igual hay que tener mucho cuidado porque los efectos secundarios que el abuso de esas sustancias le aporta al cuerpo no son muy bien vistos por los jueces.

Karen explica que dentro de la IFBB hubo tantas diferencias sobre el uso de ayudas, que se separaron en dos instituciones: la IFBB Pro League, que las permite, y la IFBB Elite Pro, que se alineó con las políticas del Comité Olímpico Internacional para buscar la aceptación del fisicoculturismo como deporte olímpico. “En la FCFC, que es Elite Pro, sí hay atletas olímpicos, porque para ellos está prohibido usar esteroides y todo ese rollo”, remata. “Pero en la NPC todos se chuzan y toman sustancias, no les importa ser olímpicos”. La diferencia es importante. Y la subraya, porque aunque la esencia del fisicoculturismo está anclada en el ideal griego de convertir el cuerpo en un monumento, después de varias décadas de rechazo por parte del COI el deporte buscó sus propios ámbitos de competencia.

Sin embargo, en los últimos años, la rama que defiende al fisicoculturismo como deporte olímpico logró cosechar también pequeñas victorias: en enero del 2017, por ejemplo, el Comité Olímpico Colombiano reconoció al culturismo como deporte y un año después, el Palacio de los Deportes de Bogotá acogió el primer Miss y Mister América de la IFBB Cup, una competencia que convocó a las 196 federaciones nacionales afiliadas a la IFBB. Pero el logro más grande de la disciplina en Colombia, hasta el momento, ocurrirá entre el 26 de julio y el 10 de agosto, cuando por primera vez en la historia los Juegos Panamericanos, que se celebrarán en Lima, Perú, acogerán al fisicocuturismo al lado de las disciplinas olímpicas tradicionales, como patinaje, esgrima, ciclismo y natación.
La IFBB es la encargada de convertir al culturismo en un deporte. Es una tarea de lobby, de persuasión y de búsqueda del reconocimiento que va en doble vía. Por un lado, a través del trabajo con su médula y su núcleo central, sus deportistas, para que no caigan en la tentación de inyectarse hormonas sin remedio, o tomar diuréticos, o alguna sustancia que controle su ritmo cardíaco, por mencionar ejemplos. Por otro, a través del acercamiento con el Comité Olímpico Internacional –el COI–, el que entrega y rechaza avales para que un deporte sea un deporte de verdad, con todas las de la ley, y se encuentre cada cuatro años en la cúspide de la competencia orbital: los juegos olímpicos.
Es la IFBB la que ha logrado que sus disciplinas sean reconocidas por comités olímpicos regionales, que le han permitido estar en los Juegos Olímpicos Europeos, los Juegos Asiáticos y los del Pacífico Sur. Su as bajo la manga es el trabajo que ha hecho con la Agencia Mundial Antidopaje –que depende del COI– para “limpiar” el circuito de sustancias prohibidas.

Porque el culturismo, como el cuerpo, debe limpiarse. “El cuerpo siempre debe hacer limpieza y desintoxicación. Lo que ingiera, tiene que salir”, dice Kelly Rodríguez. “Estas personas utilizan cierto tiempo estas ayudas, pero también tienen que tener un tiempo de desintoxicación para no sufrir problemas hepáticos ni fallas renales. Deben tener esa precaución, porque si no, van a ver las consecuencias de las toxinas que el cuerpo no puede eliminar”.

Anita Balceiro lo sabe. Sabe que, si quisiera, podría dejar el clembuterol, el tiempo necesario para “secarse” y lograr un historial “limpio” que la avale para llegar a una competición olímpica. Porque Anita Balceiro compite en la FCFC –la Federación Colombiana de Fisicoculturismo y Fitness–, y ahí sí hay impronta olímpica. Allí sí importa.
Pero Anita Balceiro también sabe que hay ciertas categorías que son las predilectas para llegar a esa esfera deportiva. El fitness coreográfico o el fisicoculturismo clásico, por ejemplo, la tienen más fácil que el bikini, su categoría. Y aunque a Anita Balceiro no le interesa inflar más sus músculos, sí quisiera llegar a ser medallista olímpica porque en una presea caben muchas cosas.

–A los deportistas olímpicos les ayudan más y a veces les dan casas. Y les pagan. A mí me encantaría.

Y Anita Balceiro tiene derecho a soñar.

Sueña con su propia marca de ropa. Deportiva o casual, pero de ropa. Es lo que siempre ha querido, y el fitness la acerca a eso. Tiene más de 67.000 seguidores en su Instagram, por lo que ya clasifica como influenciadora. O eso dice. Por eso se hace masajes a diario, luego de entrenar, en el spa que publicita en sus redes. En el mismo donde ya empezó a vender la ropa que tanto sueña y que ella misma modela, con su cuerpo perfecto, así se haya borrado.

Karen Marino, en cambio, practica la coreografía de su próxima competencia todos los días, casi una hora, religiosamente. No tiene fecha para ese día definitivo, pero se lo toma en serio y por eso repite los movimientos en todas partes: en el gimnasio, en la casa, en el centro comercial y hasta en la farmacia. “Lo hago en todas partes donde encuentro un espejo”, dice. Puede hacerlo varias veces al día, sin hora definida. “Si me equivoco, vuelvo y comienzo. Y cuando lo hago perfecto, pauso y espero otro momento del día para volver a practicarlo”.

La medalla de Anita Balceiro durante una competencia de la categoría Bikini Fitness.

Anita Balceiro posa en la playa de San Andrés. Muestra su cuerpazo, sin abdominales marcados. Posa con su hermana, Andrea, con licras de ejercicio y tops. Y las vende. Anita Balceiro posa con unas rosas que –seguramente– le mandaron para que promocionara una marca, y también muestra unas pantuflas con forma de mono –de mico– que le regalaron. Anita Balceiro sube una historia con un par de postres provocativos, con capas de dulce de leche y chocolate. Dice que le encantaron y que está feliz, pero que no se los comerá, “porque si me los como, mi asesor me mata”.

Karen Marino espera volver a competir en octubre, cuando tenga nivel para su nueva categoría. Su mamá la ayuda a preparar la comida para subir los kilos que le faltan. Saldrá a la tarima cuando la vean y no le digan “que se ve muy flaquita” y cuando haya logrado las nalgas –o el pretil, como ella le dice– que necesita –como si lo necesitara–. Hace unas semanas, como parte de su preparación, entró al quirófano y mientras se quedaba dormida escuchando boleros se puso un par de implantes de 360 c. c. en los senos. No volverá al gimnasio durante un mes y se siente frustrada por eso. “Pero unas cosas por otras”, dice. “Tener tetas me hace tener mejor línea y mejora mi simetría para la categoría wellness”.

Anita Balceiro debe volver a pesar 47 kilos. Anita Balceiro tiene que volver a ser la campeona.

Karen Marino debe llegar a pesar 65 kilos. Karen Marino tiene que llegar a ser wellness.

ANDREA JIMÉNEZ
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 149 - JULIO 2019

 

Publicidad

Publicidad