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Belisario Betancur, más que un expresidente

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El recuerdo de Belisario Betancur trasciende la política: fue un hombre entregado a la cultura y el arte.

 Cuando era pequeño, su abuela le decía: “No les tengas miedo a los muertos, sino a los vivos”. Lo sacaba de noche a los potreros –sin más luz que la de una linterna vieja– y le decía que antecualquier fantasma, debía responder: “De parte de Dios Todopoderoso: ¿qué quiere?”, para rezar inmediatamente diez padrenuestros y diez avemarías. Este es uno de los recuerdos que abundaban en la memoria del presidente; por momentos como ese, explicaba, no le temía a la muerte, aunque como le dijo al periodista Álvaro García, que escribió un perfil de Betancur para DONJUAN hace 10 años, sí que le tenía “jartera” a que la muerte fuera a ser dolorosa.

El pasado 7 de diciembre, falleció Belisario Betancur. Nació en una familia de campesinos de Antioquia que vivían en una casa de adobe y fue el primero en su familia en calzarse unos zapatos. En su mandato –que consiguió en 1982, en su cuarto intento– le apostó a la paz con el lema: “Sí se puede”, pero pese a sus esfuerzos, nunca consiguió la desmovilización definitiva de grupos armados como el M-19. La tragedia de Armero y la toma del Palacio de Justicia, que ocurrieron en un solo mes durante su presidencia, marcan todavía la memoria del país. Pero frente a eso, Betancur le apostó al silencio.

Apenas puso los pies fuera del Palacio de Nariño, se dio a la tarea de trascender el manto de “expresidente”. En vez de rodearse de políticos, se rodeó de escritores y de pintores, como María Mercedes Carranza y David Manzur. Se dedicó a la poesía y al periodismo pese a que nunca quiso llamarse poeta o periodista, llenó su casa de obras de arte –como el retrato que le hizo Oswaldo Guayasamín firmado: “A Belisario, con admiración”– y alimentó una biblioteca con más de trece mil volúmenes que le donó a la UPB de Medellín el 2006. Una de las pocas entrevistas que dio se la concedió a Semana en 2010: “Quiero que me recuerden como un hombre que era amigo de la cultura, de los intelectuales, de los pobres…”, dijo. “Y como un hombre que amó a Colombia”.

  • “Soy producto de la cultura del café y la arriería, la pedagogía de cafetales yarrieros malhablados, y del maragogipe y pergamino de mi papá Toño”.
  • “Si cometí errores, pido perdón a mis compatriotas. Nunca fueron nada distinto de mi búsqueda de la paz”, dijo en 2015, disculpándose por lo ocurrido durante la toma del Palacio de Justicia.

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