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¿Vale la pena la nueva entrega de Alien?

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Del aclamado director Ridley Scott llega Alien Covenant, situada diez años después de los eventos de Prometheus y como continuación directa que cierra la brecha entre las dos primeras.

La historia empieza con un accidente en la nave colonizadora espacial Covenant, que se dirige a un planeta similar a la tierra. Los elegidos son el capitán Jacob Branson, interpretado por James Franco, quien aparece en un único “flashback” debido a que muere sumido en un estado de hiper-sueño, y su esposa, Daniels, protagonizada por Katherine Waterston, experta en formaciones de tierra.

Hay un tercero en discordia llamado Obram, débil segundo a bordo, interpretado por Billy Crudup, quien queda al mando, como responsable de 2.000 colonizadores dormidos y un número impreciso de embriones congelados.

Michael Fassbender, quien caracteriza a un androide llamado David, en Prometheus, va a bordo de la nave Covenant, esta vez como Walter, miembro de una generación de androides mucho más compleja y avanzada, sometida a fuertes mutaciones de personalidad y emociones.

Al escuchar, en estado de shock, señales de ayuda de un planeta cercano, los sobrevivientes, desmoralizados y todavía muy lejos de su destino final, deciden ir a explorar en lugar de regresar a sus cabinas de sueño. Al aterrizar descubren que está poblado por criaturas que empiezan a atacarlos brutalmente.

La segunda sorpresa es que son temporalmente rescatados por ese David iniciático (Fassbender), quien ha permanecido por años viviendo entre las ruinas de la que fuera una ciudad espectacular, construida por los “ingenieros” en Prometheus.

Daniels tiene entre sus planes cumplir el viejo sueño de su marido de construir una casa al borde de un lago. Ha secundado a Obram en su decisión exploratoria. Pero pierde toda esperanza ante el impresionante espectáculo de sus compañeros de infortunio que son atacados por medio de un polvillo que les entra por los oídos y se incuba en sus cuerpos transformándolos en Xenomorphs (aliens).

La trama de esta película es la misma que hemos visto en Alien: la repetición de la estructura es la característica que las da su unidad. Esta versión, sin embargo, ofrece interesantes variaciones, especialmente en lo que se refiere a la doble actuación de Fassbender, patente en la primera escena. Allí, el androide David (Fassbender) y un joven Peter Weyland (Guy Pierce), su creador, inquiere no sólo sobre su propia creación, sino sobre la creación de su creador, lo cual anuncia que David va a seguir involucrado en la nueva saga.

Su entrada definitiva en la trama es demorada, pero una vez adentro y en medio de una lucha feroz, consigue salvar a los colonizadores, en medio de una coreografía magnífica.

Fassbender protagoniza magistralmente otras escenas en las que se enfrenta a sí mismo como David y como Walter. Escenas sutilmente realizadas en composición digital, en las que se insinúa la seducción entre ambos, en medio de una atmósfera de gran sensualidad, completamente ajena a la real constitución (ausencia de emoción) de un androide, viniendo de parte de David un androide con una agenda oculta.

Hay que advertir que como en todas las películas de ALIEN, aquí vemos también a personajes inteligentes haciendo cosas tan estúpidas, que a veces la audiencia se desconcentra al tratar de darle una connotación lógica a lo que está sucediendo. Aquí desde luego no hay una lógica lineal porque lo que está pasando es una pesadilla y el ámbito terrible de la ciudad de los muertos, donde vive David, contribuye a profundizar esas sensaciones ya que es uno de los mejores sets que hayamos visto en la historia de las películas de terror.

En Covenant sobresalen las ganas de sobrevivir de los personajes, pero vemos también el gran deseo que tienen de entender quién es el creador y quién el creado: de dónde venimos y hasta dónde estamos dispuestos a llegar para resolver el misterio. El retorno de la eterna pregunta, tan vieja como la Humanidad.

Creo que ésta es una de las películas mejor dirigidas por Ridley Scott, en una forma visceral y llena de emociones, que abarca además otros temas igualmente profundos como la “violación” de un sistema vivo por otro que es en esencia, la agresiva penetración alienígena en los seres humanos, o la destrucción de toda una civilización en aras de la exploración sideral y la experimentación científica.

Por secuencias como la seducción de David a Walter, el rescate de David a los colonizadores y las dos escenas finales, llenas de acción y retribución, la audiencia no se verá sorprendida por el twist final.
Esta historia, soportada por excelentes efectos especiales es, en mi opinión, una película que vale la pena ver.

 

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