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¿Por qué los creepypastas son la mejor expresión de la literatura de terror?

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En el siglo XXI, el terror ha tomado una nueva forma. Si quiere asustarse no busque en las antiguas cintas de VHS o en los libros de Stephen King. Busque en los foros de internet.

El género del terror tiene un problema: la gente es consciente de que es falso. Nos negamos a suspender la incredulidad, ese paso que Samuel Coleridge planteó hace casi 200 años para que la gente se sumerja por completo en la fantasía del autor. Nos negamos porque no queremos creer, ni por un segundo, que esto realmente podría pasar. ¿Quién quiere pensar que hay alienígenas con forma de payasos asesinos en las calles? ¿Quién podría dormir sabiendo que un fantasma podría transportarse a nuestra habitación y mirarnos desde una esquina sin que podamos hacer nada al respecto?

 

Sea en libros, series de televisión, comics o películas, el terror está condenado a que lo veamos con cierta distancia, con la reserva de no poder o no querer creer. Lo más cerca que se acercó el cine a lograr la completa suspensión de la incredulidad fue con el formato de “found footage”, o “metraje encontrado”. La técnica consiste en grabar todo como si fuera hecho con una cámara casera y el camarógrafo fuera uno de los personajes que experimenta los acontecimientos, como si fuera grabada por un tipo cualquiera durante un evento real. Pero lo estás viendo en cine, o sea que no es algo que casualmente se “encontraron por ahí”. Tiene actores e incluso los mejores monstruos muestran de vez en cuando sus fallas, que revelan que son resultado del maquillaje o de una computadora. Solo La Bruja de Blair logró en su tiempo impresionar a los más crédulos… o a los niños que la vieron en Caracol.

 

Con los creepypastas no pasa eso. No son publicados en librerías ni salas de cine. Nadie saca ningún dinero de esto y en las letras no hay efectos especiales ni actuaciones que pongan en evidencia que esto es un producto de entretenimiento. Ni siquiera hay reconocimiento: usuarios anónimos los publican en foros, en comentarios de artículos, los comparten en sus blogs. Generalmente la premisa es que esto le pasó a alguien. Son como las historias de brujas y duendes que se cuentan entre amigos, como la Patasola y la Matraca que juran ver los campesinos, solo que contadas en el siglo XXI.

“Me contó un amigo…”

“Una noche en la que estaba solo en casa…”

“Al hermano de un amigo, que vivía en Tokio…”

 

Gracias a esto es que los creepypastas se convirtieron en la máxima expresión de la literatura de terror. No solo suspenden la incredulidad, sino que en parte hacen de estas historias parecer reales… si están bien escritas, como las que hay a continuación. La lógica y el sentido común nos dicen que son inventados, que nada de lo que cuentan esas historias pasó; nadie ha visto a un fantasma en la esquina de su cuarto, llorando, y no ha habido asesinatos perversos en las calles de Japón con los cuerpos marcados por la palabra “Alice”. Todo es falso, claramente. Sin embargo, en las noches sin sueño, un escalofrío te sacude y pones seguro a la puerta cada vez que te preguntas:

“¿Y si no?”

 

Candle Cove

Candle Cove usualmente ocupa el primer lugar en las listas de las mejores historias de terror de la web, y considerando el número de creepypastas (y de listas) que hay en internet, eso dice mucho.

Contada como si fuera la recopilación de comentarios en un foro (como Reddit, por ejemplo), un grupo de usuarios empiezan a recordar un programa infantil que veían cuando eran chicos: Candle Cove. Aunque al principio inocente, entre más recuerdan más perturbador se vuelve el programa: su villano principal era una marioneta que decía estar hecha de piel de niños, los personajes gritaban penosos alaridos y lloraban frente a la cámara. La historia termina con más preguntas que respuestas, pero al menos a mí me dejó con recelo de recordar aquellos momentos extraños de mi infancia. No sea que descubra algo que no quiera descubrir.

Esta historia se usó para la primera temporada de la serie de antología Channel Zero. Todavía está al aire, por si se atreve a echarle un ojo. Si solo la quiere leer, puede encontrarla aquí.

 

El ojo de la cerradura

Es un relato corto, así que no puedo decir mucho. Un hombre se registra en un hotel y la encargada le advierte que no debe nunca acercarse a la habitación sin número. Evidentemente, el hombre lo hace, solo para ver a una mujer pálida en la esquina del cuarto, sentada de espalda a la puerta. Y hasta aquí diré.

Puede leerlo en español o, como yo lo recomiendo, en inglés.

 

El hombre sonriente

Esta historia no tiene ningún elemento supernatural, ningún fantasma ni entidad paranormal. Es el testimonio de una persona que gusta de caminar en las noches. O gustaba, hasta el día que se encontró con un hombre en el camino, bailando con la gracia suelta de un borracho y con una sonrisa psicópata en su cara. Poco a poco se acerca al narrador. Cuando él intenta cruzar la calle, el hombre se detiene, apuntando sus pies hacia a él, pero con su sonrisa apuntando hacia el cielo. Algo no está bien.

La historia está en español aquí, pero le sugiero que le eche un vistazo en inglés.

 

La mujer del horno

La Bruja de Blair se queda corta al lado de esta historia sobre una cinta encontrada. No sigue una historia, no tiene un desenlace, apenas y tiene un personaje. Es como leer una nota de prensa sobre las grabaciones de una cámara que se encontró en la escena de un posible y brutal homicidio. Al final, las preguntas sin respuesta dan más escalofríos que cualquier cosa que muestra la cinta. Lea bajo su propio riesgo aquí.

 

Si quiere saber más del autor, sígalo en Twitter como @ElPrincipote

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