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¿Podrá la comida chatarra librar a Estados Unidos de Donald Trump?

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Los malos hábitos del presidente, dormir poco, comer mal y ejercitarse al mínimo, son vistos como una de las debilidades del presidente de Estados Unidos.

Ronald Reagan fue un experto nadador que trabajó como salvavidas y rescató a 77 personas de morir ahogadas. George Bush padre jugaba tenis casi a diario, mientras que su hijo presidente, George W. Bush, fue capitán del equipo de Béisbol de la Universidad de Yale, hasta hace unos años tenía un porcentaje de grasa corporal de apenas 14.5% y corría una maratón en menos de 4 horas. Después de levantarse, Barack Obama se ejercitaba a diario durante 45 minutos en su gimnasio personal. Todos muy fit hasta que llegó Donald Trump…

Trump no se ejercita y procura caminar lo menos posible. Cuando juega golf, muy ocasionalmente, se limita a dar unos pasos para subir de nuevo al carrito. Duerme tres horas, entre 1.30 a.m. y 4.30 p.m., y consume una dieta alta en grasas saturadas, carnes rojas y carbohidratos. Confía ciegamente en que su genética –su padre vivió hasta los 96 años– no lo va a traicionar.

El presidente ha dicho que su mayor ejercicio son los discursos, que lo hacen sudar. Pero hablando en público no consume ni un cinco por ciento de cuanto consume. El presidente les ha dejado miles de dólares a Domino´s pizza, Kentucky Fried Chicken y McDonalds (su hamburguesa favorita es la Big Mac).

En una entrevista al periodista Anderson Cooper, Trump afirmó que esas cadenas de restaurantes mantenían un estándar muy alto de higiene: "

Cuando no consume comida rápida, ordena filetes, le encantan los steaks término tres cuartos. La tocineta crocante es otra de sus comidas preferidas.

 

Nadie ha visto a Trump comer una fruta. Lo más cercano es el jugo de tomate con hielo, una suerte de Bloody Mary sin alcohol, una de sus bebidas preferidas. El presidente también consume varias latas de Coca Cola dietética al día.

En su avión personal abundan las papas fritas Lays y los deditos de harina con sabor a vainilla. Hasta hace un tiempo, una de las debilidades de Trump eran las galletas Oreo, pero, en un ejercicio de resistencia nacionalista, dejó de comerlas desde que la planta se trasladó a México.

 


Los enemigos de Trump alientan su modo de vida. Trump, por el contrario, como afirma su biógrafo Michael D’Antonio, “Quiere asumir que puede hacer cosas que el resto no. Solo por ser quien es”, el presidente peor nutrido de todos.

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