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A sus 26 años -solo seis después de haber hecho sus primeros posts- esta paisa logró convertirse en un referente de las redes sociales y encontró un lugar en la cultura pop de Colombia.

 En el video está vestida con el traje anaranjado que llevan los presos en las cárceles de Estados Unidos. Aparece en un tribunal, frente a un juez que está dictando sentencia mientras que todos los asistentes –incluyendo los abogados y los guardias de seguridad– la graban con sus teléfonos móviles: “Yo quería una canción con un mensaje positivo, para que cuando la gente la oyera se la gozara y la bailara. Y lo logré”, dice Luisa Fernanda W. “Pero cuando me propusieron la idea del video, dije: ‘Carajo, está muy fuerte, pero es lo que me pasó a mí’”.

En solo un mes su sencillo Así soy yo, logró más de 12 millones de reproducciones en Youtube y más de 800.000 en Spotify. Los números no son gratuitos: Luisa Fernanda W tiene una sólida audiencia gracias a su Instagram, un proyecto profesional en el que video a video y seguidor por seguidor fue convirtiendose en un referente para la cultura digital en Colombia. Pero detrás de ese arroba, que cuenta con 12 millones de seguidores –más de la población total de todo Bogotá– está Luisa Fernanda Cataño, una paisa que nació hace 26 años en Medellín, que desde niña se obsesionó con las pantallas, los celulares y las cámaras, que apareció en varios videos de música popular –incluso uno de Jhonny Rivera– y que se dio cuenta de que su gusto por la edición de video y por decir las cosas de forma directa y con una buena dosis de humor podía convertirla en un fenómeno viral.

 


Comenzó a cantar y a grabar canciones hace un poco más de un año, cuando su relación con el cantante Legarda la llevó a conocer a un equipo de productores y músicos. En YouTube se pueden encontrar canciones como Otra vez, una colaboración entre Legarda, Luisa Fernanda, Itzza Primera, Dejota 2021 y Ryan Roy; o Mi regalo, que fue lanzada a principios del 2019. Unas semanas después Legarda murió por una bala perdida durante un intento de robo en el barrio de El Poblado, en Medellín y Luisa Fernanda se convirtió en el blanco de críticas de muchísimos sectores, que opinaron sobre la manera como ella decidió manejar la situación: “Cuando todo había pasado, subí un video contando la experiencia. Pero luego lo quité y lo puse privado porque dije: ‘Yo no tengo que contar mis sentimientos’”, dice Luisa Fernanda. “¡Es que está en la Constitución Política de Colombia: tenemos derecho a tener una vida privada! Yo comparto muchísimo de mi vida con mis seguidores, pero así seamos figuras públicas, solo compartimos lo que queremos compartir”.Cuando aún estaba en el colegio, fue presentadora de un programa local de televisión en donde entrevistaba personajes de la agenda cultural. Estudió comunicación social y periodismo en la Uniminuto, en Medellín, porque sabía que su vida iba a tener que ver con los medios. Sin embargo, no tardó en desmarcarse de las líneas más tradicionales: cuando no tenía que hacer trabajos, editaba breves sketches donde hablaba de situaciones cotidianas que vivían personas de su edad y los subía a Vine o a YouTube. Luego, en 2013, comenzó un canal de Youtube que se llamó Doobleuteefe Show, donde comentaba videos graciosos de internet. Y finalmente, por esa misma época, comenzó a subir videos a Instagram que creaba averiguando metódicamente los gustos y los intereses de sus seguidores.

Hoy sus mensajes les llegan a más de doce millones de personas y causan controversia: en agosto un tuit suyo donde decía que a los 40 años iba a ser presidente fue tendencia y por esa razón Daniel Samper Ospina la invitó a hacer un video en donde, con el humor característico de su canal de YouTube, la presentaba como candidata. En su discurso, ella afirma que va a ser la primera presidenta millennial, que va a darles celulares a todos los colombianos y nombra un gabinete que involucra a otros influenciadores, como Juanpis González, Alejandro Villalobos y Pautips. “Cuando me contó la idea, a mí me encantó. El video quedó muy divertido y a los que entendieron el sarcasmo les gustó mucho”, dice Luisa Fernanda. “Yo nunca en la vida me lanzaría a la presidencia, pero de algo sí estoy segura: si en un caso hipotético decidiera hacerlo, soy joven y tengo el tiempo para prepararme extremadamente bien para hacerlo; lo haría tan bien que sería la mejor presidente de la historia. Y así suene loco y descabellado, estoy segura de que ganaría”.

El teléfono suena un par de veces y al otro lado contesta Luisa Fernanda W.

¿Antes de hacer sus propios videos, qué veía por internet?

Yo consumía muchísimos videos. ¡Era una stalker y me mantenía en internet desde la época en que tocaba conectarse llamando por teléfono! Me la pasaba en YouTube, en Vine y veía muchos canales de gente de otros países, como Werevertumorro, de Gabriel Montiel, o los videos de Germán Garmendia. Lo que pasa es que en mi grupo de amigos del colegio nadie veía ese tipo de videos, entonces como que me tocaba socializarlos conmigo misma [risas]. Si acaso se los mostraba a mis papás y ellos decían: “Ve, ¿y qué es esto tan raro?”. Pero sí, yo me podía pasar toda una tarde viendo videos. Hasta que un día decidí escribirle a Gabriel, le mostré algunas cosas que estaba haciendo y él me dijo: “Ve con toda, haz tus videos”. Es importantísimo ese apoyo de colegas; creo que así fue que empezó toda mi travesía.

 

¿Cómo era en el colegio? Llegó a ser personera…

Yo era muy inquieta. Me encantaba estar en todo: baile, canto, estaba en cualquier actividad que hubiera y además me gustaba estudiar. Fui una niña muy activa, pero me iba medio mal en la disciplina. ¡Porque jodía! Tenía un montón de amigas y de amigos y me la pasaba hablando. Incluso me hacían bullying, pero yo no me dejaba y antes les terminaba haciendo bullying a los otros para que dejaran de molestar. En el último grado me fui con toda para ser personera con una propuesta para que los últimos viernes de cada mes tuviéramos días lúdicos y deportivos, porque en el Manual de Convivencia decía que los estudiantes debíamos tener ese tipo de actividades. El colegio se llama Pedro Nel Gómez y como tenía otra sede solo para primaria, me tocaba hacer campaña en las dos. Al final gané como por el 95 por ciento de los votos.

 

¿Cómo eran sus primeros videos?

En Vine los videos eran de seis segundos. Yo hacía cosas cotidianas, no sé… Molestaba a mi mamá y grababa la reacción que ella tuviera. Después descubrí que Vine tenía la opción de hacer ciertos cortes en la edición, entonces empecé a hacer sketches de dos amigas hablando, pero yo las actuaba a las dos. Es más: yo creo que el video que subí a Instagram y que se convirtió en mi primer video viral ya lo había subido originalmente en Vine: era una amiga que le decía a otra “Amiga, ¿de dónde es tu novio?”. Y la otra le respondía: “Amiga, mi novio es de Narnia”. Y contestaba: “¡Pero si Narnia no existe”. Y la otra: “¡Por eso, mi novio tampoco!” [risas]. Ahí me di cuenta de que tenía que mirar lo que les gustaba a las personas que me estaban siguiendo: miraba el caption de las fotos que subían, los perfiles que seguían y con base en esas personalidades creaba mi contenido. Ahí fue que mis números empezaron a crecer.

 

Ahí ya estaba en la universidad.

Exacto.

 

¿Y qué decía su familia cuando empezó a hacer videos con más regularidad para sus redes?

 Mi mamá me apoyaba, pero con mi papá sí tuve peleas. Él me regañaba porque no entendía ese mundo para nada y a veces cuando estaba editando de noche, él bajaba los tacos de la luz para que me durmiera. Él decía que yo tenía era que concentrarme en el estudio porque ellos se estaban esforzando para pagarme la universidad y yo me la pasada metida en el celular y en el computador. Yo le decía: “Confíe en mí”. Y lo confronté muchas veces, pero hasta que él no vio que tuve éxito, no me apoyó. Ya después me dijo un día: “Hija, discúlpeme y entiéndame, porque uno como padre es miedoso, pero ahora veo por qué usted luchó tanto y me quito el sombrero”. Yo le di las gracias y no lo juzgué, sino que le dije: “Pa, tranquilo, yo lo amo y lo entiendo; tal vez en su situación habría sentido lo mismo”. Lo importante es que tampoco me frenó.

 

¿Pero en qué momento trabajaba en sus videos?

A veces, cuando no tenía clase de universidad y él se iba a trabajar, ahí planeaba todo rápido y los hacía. Y voy a decir un secreto: muchas veces yo le decía a mi papá que me iba a hacer trabajos de la universidad, pero me iba a grabar los videos a la calle.

¿El hecho de haber estudiado comunicación le sirvió para hacer su carrera en redes sociales?

Sí, claro, me sirvió demasiado. Yo tomaba materias sobre medios audiovisuales y así aprendí a editar, a hacer maquetas para hacer los sketches… Es que las redes son comunicación. Ya después de graduarme, como en el 2013 y el 2014, fui a Los Ángeles para aprender cosas más técnicas de las redes sociales y conocer de verdad el mundo digital: hicimos un grupo con varios influenciadores, como Juan Pablo Jaramillo, Juana Martina, Sebastián Villalobos y Mario Ruiz, y nos fuimos a un encuentro que se llama VidCon para oír conferencias sobre redes sociales. Esas conferencias eran en Anaheim y como la idea era apoyarnos, nos quedábamos todos en un Airbnb. Las conferencias eran en inglés, pero yo las grababa y luego le pedía a alguien que las transcribiera y las tradujera, para poder entenderlas bien.

El mundo digital es muy cambiante. ¿Sigue viendo Instagram y las redes como un reto?

Los sketches y los contenidos de las redes me siguen moviendo todas las fibras, porque me gusta muchísimo ese mundo. Pero ya no es un reto. Ahora mi reto es levantarme temprano para ir a mis clases de técnica vocal, organizar mi trabajo porque el tema de la producción de contenidos es superexigente y hacer que todo funcione porque ya Luisa Fernanda W es una empresa. Yo soy una persona normal, común y corriente, pero mi nombre tiene una responsabilidad muy grande porque lo siguen millones de personas. Ahí hay otra cosa para aclarar: los que creen que a mí me siguen menores de edad, están equivocados. La mayoría de mi público está hecho por mujeres, sí, pero son mujeres adultas porque a través de mi contenido yo me comunico, sobre todo, con gente de mi edad.

 

Hace poco Daniel Samper la invitó a hacer una colaboración donde la lanzaba a la presidencia. Era un chiste, pero hablando en serio: ¿Usted cree que las redes sociales pueden cambiar la política en un país como Colombia?

Sí, de hecho ya hay un cambio. Creo que ya está pasando de moda la frase de que en las redes sociales no se debe hablar de política o de religión: los influencers tenemos que dejar eso de lado, hablar de política y asumir el papel real que podemos tener en un país como este. Eso significaría un cambio gigantesco porque en las redes sociales se ven las opiniones de todo el mundo.

Ahora hablemos de su incursión en la música. Ya ha grabado varias canciones y colaboraciones.

Bueno, en mi casa crecí rodeada de músicos. Carval, que hizo parte de los Cantores de Chipuco, es primo mío y yo vi cómo muchas personas cercanas a mi familia pudieron salir adelante con la música. Además, desde muy chiquita conocí a los chicos de Pasabordo y me volví superfan de ellos, tanto que le decía a mi mamá que me llevara a todos los shows. Mejor dicho: siempre me gustó, pero nunca me metí de lleno por miedo, hasta que conocí a Lega, a Itzza Primera, a Dejota2021 y a todo el Equipo Ganador, les mostré cosas que había hecho y me dijeron: “Usted tiene que seguir haciendo eso”.

¿Qué les mostró?

Eran canciones que tenía guardadas en mi celular. Cuando conocí a Legarda en Master Chef y nos poníamos a hablar en los descansos yo le contaba de mi pasión por la música. Él fue el que me dijo: “Parce, te voy a presentar a mis amigos para que grabemos cosas, vos tenés que seguir”. Con el Equipo Ganador hicimos Otra vez y Mi regalo, que es una canción que compuso Itzza Primera y me propuso grabarla. Lega quiso ser el modelo del video y cuando la canción llevaba tres semanas de número uno en tendencias, pasó el evento [la muerte de Legarda]. Ahora esa canción se convierte en eso que, sin querer, me hace recordarlo. Ya después dije: “No puedo dejar esto de la música, tengo que seguir”.

 

El hecho de ser una figura pública la convirtió en el blanco de muchas opiniones cuando Legarda murió.

Voy a ser superhonesta: yo me reservé demasiado mi vida privada, pero no dejé de ser Luisa Fernanda W, la figura pública. Luisa Fernanda Cataño, yo, viví mi duelo como cualquier ser humano que entra en un estado de shock y que necesita ir al psicólogo. En redes sociales hubo muchos mensajes que fueron interpretados de maneras equivocadas, pero a veces no todo es como se ve, porque uno no lo muestra todo en las redes: yo no soy de las que suben a Instagram un story donde estoy llorando para que la gente diga: “Mire, Luisa sí llora”, sino que eso lo vivo para mí.

Y ha seguido firme con la música.

Claro. Sigo en mis clases de técnica vocal y me voy a exigir un mil por ciento más. Es un proceso en el que tengo que ser cada vez mejor. Desde hace unos meses empecé a trabajar con Pasabordo, Sherman y Fine, Nats Bautista para grabar mi primer sencillo, Así soy yo, que salió en septiembre. Ahora estoy yendo a Miami a sesiones creativas con compositores demasiado tesos, como Andrés Castro. Con él salió una canción bailable increíble que habla de un party bien particular.

Esta es una edición especial de carros. ¿Le gusta el mundo del motor?

No soy fanática de ningún piloto, pero siempre he sentido que tienen algo. No sé, es como un sex appeal. A mí me gustan los carros y las motos, he ido a ver carreras de motos callejeras y me gusta el plan de ir con amigos y amigas a karts. En el mundo de los carros y las carreras hay mucho arte, siempre y cuando se haga de manera responsable.

 

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