158

¡Advertencia!

Las chicas buscan hombres mayores de edad

Si no tienes 18 años
No entres a esta página

Publicidad

Las herederas de Palenque

 - Autor: 

Hay algo que va más allá con las palenqueras. Estas mujeres cargan en su cabeza toda una cultura.

Un pedazo de fruta picada bajo el sol de 30 grados que permanece sobre Cartagena resulta más refrescante que un vaso de agua. No es porque lo dicte ninguna dieta, ni porque el agua embotellada sea un crimen contra el medioambiente. Es porque en medio de la playa, en una de las largas avenidas de Bocagrande o en cualquier parque de la ciudad amurallada, un vaso lleno de patilla, papaya, piña, melón, zapote, níspero, mandarina o cualquier otra fruta que esté en cosecha es como encontrar un oasis.

Es cierto. Cualquiera podría vender fruta picada. Pero nadie la carga con tanta majestuosidad como una palenquera, esas mujeres que caminan sonrientes de un lado para otro con sus coloridos trajes y tres kilos de fruta sobre la cabeza. Pregúntele a Angelina Casina, una palenquera que desde hace más de 18 años vende cortes de fruta por los que cobra entre cinco mil y diez mil pesos. Atiende todos los días desde las seis de la mañana en el Parque Bolívar frente a la antigua Gobernación, en diagonal a la catedral, donde prepara cualquier mezcla al antojo de los clientes: “Yo comencé a los ocho años en Palenque cargando un tanque de agua desde la casa hasta el arroyo”, cuenta ella. “Ahí aprendí a cargar lo que fuera en la cabeza. Y no es que yo haya querido ser palenquera porque sí, es porque nací en San Basilio de Palenque”, añade con orgullo.

Angelina compra la fruta todos los días en el mercado de Bazurto. Tiene que ser temprano para escoger las mejores frutas. Luego se viste con trajes que compra en el mismo mercado o en un almacén del centro: son una mezcla de colores que representan el linaje de su pueblo y el enraizamiento que hubo en el siglo XVII, cuando en la costa caribe los africanos se mezclaron con europeos, indígenas y mestizos. Después, recorre las calles: no tiene que buscar clientes, a ella la buscan. Los turistas compran mango, sobre todo, “mientras más dulcecito mejor, aunque otros lo prefieren biche”, explica. Sin embargo, ella selecciona las frutas típicas de la región, como el níspero y el zapote. También se toma fotos con los turistas y cuando se cansa de llevar los tres kilos de fruta sobre la cabeza conversa con
algunos conocidos mientras posa su vasija llena de fruta sobre una mesa.

Publicidad

Publicidad