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Un pequeño kiosko en la plaza de mercado de Paloquemao es el mejor embajador de la comida mexiana de calle.

Al principio, La Lupita de Cletus no fue pensado para ser más que un puesto de comidas como cualquier otro. “Pero nosotros, pues, somos mexicanos, así que empezamos a inventar”, cuenta el dueño del local, Clemente Mesinas –o Cletus, como le dice su mamá–. Entonces él y sus compañeros en su empresa de catering empezaron a ponerle un toque mexicano a todo lo que cocinaban: hicieron huevos rancheros con salsa de tomate y tortillas, frijoles negros refritos, y además montaron un trompo de carne al pastor y trajeron un taquero veterano capaz de cortar la carne en finas tiras con una mano y atrapar los pedazos de piña en la tortilla con la otra, mientras les gritaba “cosas chuscas” a la gente para invitarla a comer.

Hace dos años armaron su primera carta: era un homenaje a las recetas de sus madres y a los puestos callejeros de Ciudad de México. Y, para su sorpresa, a los colombianos les encantó, aunque los ingredientes y los sabores eran raros: “Les dimos lengua, les gustó; les dimos hígado, les gustó; les dimos un guisado de riñones y se lo comieron. ¡Si no les dices a los colombianos qué se están comiendo, todo se lo comen!”.

Aunque aparecieron en Master Chef, la verdadera razón por la que decidí visitar ese kiosko escondido entre las pilas de frutas y vegetales de la plaza de Paloquemao fue porque me cansé de que la gente se acercara a decir: “Oye, ¡comí unos tacos en Paloquemao que tienes que probar!”. Nunca he estado en México, pero pude entender el sentimiento que Clemente y sus colegas les ponen a sus tacos: Es “el sabor del barrio de México”, como ellos dicen, que está en la deliciosa sencillez de sus platos.

Ahora, Clemente tiene grandes planes para La Lupita: lo amplió con un segundo local en la plaza, puso un puesto para los soldados dentro del Cantón Norte y ahora piensa abrir otro punto en el centro comercial Calima. El puesto original seguirá ahí, en la plaza de mercado, con sus tortas de cochinita pibil, sus burritos, sus enchiladas, su mole, sus tamales y sus chilaquiles. ¿Y qué hay que probar? La respuesta es obvia: “¡El pinche taco al pastor es invencible!”, dice Clemente. “Te lo comes en la mañana, en la tarde y en la noche”.

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