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El Estado francés sabe cómo mantener viva una colección de vinos.

El 29 de mayo del 2013, Francois Hollande –el presidente de Francia en esa época– recogió 718.000 euros después de dar la orden de subastar 1.200 botellas que estaban guardadas en la cava oficial del Estado. Era solo una pequeña fracción de los vinos presidenciales, una colección de 14.000 vinos que actualmente descansan en una sala subterránea del Palacio del Eliseo, cerca de otra sala donde –según especulan medios como Food and Wine y Le Monde– queda el centro de comando del arsenal nuclear francés.

Con esa pequeña movida, Hollande logró seguir manteniendo viva una de las cavas más representativas del mundo. La misma que durante la Segunda Guerra Mundial se tomaron los oficiales alemanes para celebrar la ocupación de París, que en 1947 fue refundada por Vincent Auriol y que guarda algunas de las preferencias personales de los expresidentes, como el Haut-Marbuzet del Medoc –uno de los favoritos de Francois Mitterrand– o la champaña Drappier –que solía tomar el general Charles de Gaulle–. Pero de nada valen los pequeños tesoros si no se pueden servir en cenas oficiales; cuando hay menos de 40 botellas de una misma etiqueta, la mejor opción es salir de ellas.

En esa ocasión Virginie Routis, la sommelier del Elíseo, eligió cada una de las botellas que serían subastadas: un blanco de Burdeos Château Laville Haut-Brion de 1966, una magnum de Château Lafite 1975 y botellas individuales con riesling de Trimbach o champañas Salon. Un coleccionista chino compró por 5.800 euros una botella de Château Petrus de 1990 y otro pagó 3.500 por una de Château Latour de 1936. El presupuesto anual del 2016 para mantener la cava fue de 170.000 euros, de los cuales 50.000 se consiguieron vendiendo en subastas botellas de las que ya no queda mucho inventario. La fórmula para una cena presidencial es simple: un sauternes (como un Château d’Yquem) para el foie gras, un Burdeos potente (como un Château Cheval Blanc) para el fuerte y una champaña para el postre (en el 2014 a la reina Isabel le ofrecieron Pol Roger, para conmemorar a Winston Churchill). Para otras cenas, Routis prefiere que los invitados descubran a los pequeños productores franceses; de hecho, Emmanuel Macron le dio carta blanca para buscar nuevos proyectos y nuevas regiones. La única norma es que no haya ni una sola botella de otro país: los vinos deben hablar por Francia.

 

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, acertó correctamente dos de tres copas en una cata a ciegas que le hizo la revista Terre des Vins. Foto: CC BY-SA 3.0 Gobierno Francés

JOSÉ AGUSTÍN JARAMILLO
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 142 - DICIEMBRE 2018

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