Edición 125

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Esta moto es rock and roll, velocidad y adrenalina. No por nada era la moto favorita del Rey del cool, Steve McQueen.

Al otro lado de la línea está Steve McQueen, quiere ir al desierto de Mojave a correr en su Triumph TR6: “Será genial. Veremos salir el sol en el desierto. Fumaremos un poco. Para acercarnos a la naturaleza, ya me entiendes. ¿Te hace?”.

Solo la idea de conducir por muchas horas esta moto de 650 cm3 haría que William Claxton, uno de los fotógrafos más importantes de EE. UU., se levantara de su cama, dejara a su esposa y empacara su cámara, para inmortalizar ese momento y repetirlo en su libro de fotos sobre Steve.

Ochenta años antes, un inmigrante alemán, Siegfried Bettmann, llegaba al Reino Unido para fundar una de las empresas de motocicletas más importantes del mundo. En 1902 fabricó el primer modelo y la empresa no paró hasta 1983 cuando cerró su planta de producción en Meriden, Inglaterra, después de haber fabricado las motos del ejército británico en la Primera y la Segunda Guerra Mundial o haber sido una de las marcas con más apariciones en Hollywood, como en The Wild One, The Great Escape o en Coogan’s Bluff donde actuaba Clint Eastwood.

Sin embargo, un multimillonario nostálgico, John Bloor, compraría el nombre de Triumph y las instalaciones de la fábrica para mantener vivo el espíritu y la historia de estas motos. Su acto le valió el reconocimiento de la Corona Británica, es miembro de la Orden del Imperio Británico, y una buena cantidad de ceros a la derecha en su cuenta bancaria al haber renovado y reinventado a Triumph, al punto de posicionarla como una de las más vendidas en Europa y EE. UU. Hoy es un ícono inglés como el Manchester United o los Beatles. 

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