Edición 136

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El Mini-Cooper BlackStreet está pensado para todos los que entienden que un Mini también es cuestión de actitud.

El que maneja un Mini sabe que va sobre uno de los íconos del siglo XX. Un carro que se hizo un hueco en la cultura pop no solo británica, sino también mundial, de ahí su aparición en películas como The Italian Job o Austin Powers in Gold Member. Es la unión perfecta entre estilo y máquina.

La versión limitada que probamos del Mini está enfocada precisamente a eso. A darles a las personas que siempre han querido uno de estos carros la oportunidad de tenerlo con todos los juguetes, no solo técnicos, sino también de diseño. Las dos franjas sobre el capó, los rines negros y para los más atentos a los detalles viene con una luz led que rodea el Centre Instrument (panel de control) que pareciera que tuviese a vida propia. Los cambios de color al activar alguno de los modos de manejo, al subir el volumen de la música o al recibir una llamada le dan un look moderno al mejor estilo de las consolas de videojuegos.

 

En las calles, el Mini se comporta a la perfección. Nosotros jugamos con los tres modos de conducción (Green, MID y Sport) y el carro respondió a las exigencias sin problema. Para las ciudades con trancones el modo Green es una maravilla, porque optimiza el consumo de combustible y al mismo tiempo reduce las emisiones de CO2. Y cuando las calles estaban solas el modo Sport es fantástico, la aceleración del carro se siente mucho más, el verdadero espíritu de un Go Kart, y la capacidad de respuesta mejora considerablemente. Pero como no todo en la vida es de extremos, también cuenta con la opción MID, que consiste en un balance perfecto entre las dos opciones anteriores. El precio del Mini Black Street va desde $79.900.000.

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