Edicion 148

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Los jaladores de trineos

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El gran hito de la exploración antártica no pudo haberse logrado sin la ayuda de una manada de perros.

En 1911, durante la carrera por alcanzar el polo sur por primera vez en la historia, el ganador entre el explorador noruego Roald Amundsen y el capitán de la armada británica Robert Falcon Scott fue definido por un factor crucial: los perros de trineo. Por supuesto que la ruta y el tamaño de la expedición también fueron factores importantes, pero la decisión que condenó la travesía de Scott fue la de cambiar los caninos por trineos motorizados de última tecnología –que no hicieron otra cosa más que averiarse en medio del frío antártico– y ponis que estaban en constante peligro de sucumbir a la hipotermia y cuya comida había que arrastrar en los trineos durante toda la expedición. Scott pereció junto a sus dos últimos hombres en la nieve en marzo de 1912, cuando avanzaba hacia un punto de provisiones al que nunca llegó por las tormentas antárticas.

Días antes de este trágico desenlace, Amundsen y sus perros alcanzaron el polo sur geográfico, una planicie blanca igual a todas las que habían recorrido durante días, y lo marcaron con una bandera noruega. Rápidos, resistentes al frío y llenos de energía con tan solo comer la carne de las focas que se encontraban, los perros probaron ser la herramienta perfecta para la conquista de la Antártida: “El ambiente festivo que debía haber en nuestra tienda de campaña no hizo presencia: había depresión y tristeza en el aire; nos habíamos encariñado de nuestros perros”, escribió Amundsen en su libro, al recordar el momento en el que tomó la decisión de matar a algunos de sus perros para alimentar a los otros animales y a la expedición.


Hay varias razas de perros de trineo: los samoyedos siberianos y los huskys de Alaska son quizá los más populares –estos últimos gracias a la historia The Call of the Wild, de Jack London–, pero los chinook y los malamute son también bestias resistentes a temperaturas bajo cero. Por eso en Alaska, Canadá y los países nórdicos, donde la gente todavía usa trineos con perros para transportarse o simplemente para hacer deporte, en vez de confiar en máquinas y bestias que no pertenecen a esas partes del mundo, saben seguir el consejo que Fridtjof Nansen le dio a Scott antes de salir a la conquista del polo sur: “Lleva perros, perros y más perros”. 

El 14 de diciembre de 1911, Roald Amundsen alcanzó el Polo Sur junto a sus hombres y trineos. De los 52 perros con los que empezó la expedición, solo 11 sobrevivieron.

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