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Está ubicado en Suecia. La Coca Cola II y un smartphone para el olvido forman parte de su colección.

“Me cansé de las historias de éxito”, es lo que dice Samuel West cuando le preguntan de dónde nació la idea de su museo. Es un museo pequeño, ubicado en Suecia, en un local adornado con pendones, pancartas y letreros alabando el fracaso. Después de investigar por ocho años sobre innovación, sobre marketing y ventas, una cosa le quedó clara: “tenemos que darle al fracaso la atención que se merece”.

La idea de crear un panteón físico para exponer fracasos vino después de visitar el Museo de las Relaciones Rotas en Zagreb, Croacia. Se dijo para sus adentros “¡eureka!” y en cuanto volvió a casa se dio a la tarea de conseguir un lugar para abrir su museo, decorarlo y, lo más importante, armar una colección. Empezó investigando qué fracasos pueden ser los más interesantes, buscando los objetos en internet para comprarlos o pidiéndolos prestados. Su curaduría se reduce a tres reglas: que el objeto sea interesante, que sea un fracaso comercial y que haya sido una innovación a su manera.

Estos son algunos de los grandes fracasos del marketing que podrá encontrar en el museo. Un recordatorio de que entre el 80% y 90% de los productos lanzados al mercado fallan, y de que detrás de todo gran éxito hay docenas de fracasos igual de grandes.


Google Glass:
Si todavía cree que estas son el futuro, entonces se quedó en 2013.

 


Betamax: El perdedor de la lucha por el formato con el VHS, pese a que lo supera en calidad.

 


Trump The Game:
Más relevante hoy día, pero menos divertido que Monopoly.

 


Apple Newton: En la ausencia de Steve Jobs, Apple lanzó en 1993 esta agenda digital, demasiado cara y complicada como para tener una oportunidad.

 


Twitter Peek: Un dispositivo solo para ver Twitter, en un mundo en el que ya hay smartphones.

 


Máscara rejuvenecedora eléctrica: La idea detrás de este invento era mantener la piel joven… aplicando descargas eléctricas sobre ella.

 


Taza del Titanic:
Divertida, pero de mal gusto.

 


Baqueta doble: Algunas cosas tienen sentido cuando se piensan, pero no cuando las ves.

 


Bicicleta plástica Itera: un orgullo convertido en vergüenza de Suecia, una bicicleta “eco-amigable” que terminó siendo más costosa y más fácil de romperse que una normal.

 


Teleguide: Una especie de smartphone que nunca fue ni un buen teléfono ni un buen computador. No salió de Suecia y fue un completo fracaso.

 


Loción Harley-Davidson:
Quién diría que un perfume de una marca que hace motos grasosas y complicadas no despegaría. Tenía notas de madera y tabaco.

 


Bic for Her: Un lapicero hecho para mujeres. No duró más de un año en el mercado.

 


Coke II: En 1984, Coca-Cola cambió su sabor para intentar ganarle en ventas a Pepsi. Los consumidores protestaron hasta que Coca-Cola tuvo que volver a la vieja fórmula.

 

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