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Drone racing

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Las carreras de drones están tomando fuerza en Colombia y el mundo. Si es fanático, más vale estar preparado.

Parecen una mezcla entre un helicóptero y un vehículo de ciencia ficción. Son pequeños, pero cuando el piloto se pone sus gafas de realidad aumentada, el mundo se siente inmenso, los edificios en ruinas y los estadios adquieren el tamaño de una ciudad convertida en pista de carreras. Los espectadores ven en sus pantallas lo mismo que el piloto, como si estuvieran a bordo de una cabina de mando. Tienen que tener cuidado de no marearse con los giros abruptos, con los colores de las luces de neón que marcan el camino que han de seguir las naves. Algunos chocan espectacularmente, otros pierden su rumbo. Al final del día y en las competencias más grandes, un ganador se puede ir con miles de dólares en la mano.

Este es el mundo de las carreras de drones. Cuando reportamos sobre este tema en 2016, parecía ser una excentricidad. Sin embargo, la Drone Racing League (una de las más importantes, pero no la única liga en el mundo; hay desde México hasta Corea) ahora es una comunidad que alista su tercera temporada en ESPN con eventos que atraen a cientos de pilotos. Hay un mercado de drones para carreras, de piezas para armarlos desde cero e incluso hay entusiastas que hacen sus propias partes en impresoras 3D para repararlos y modificarlos. Poco a poco este fenómeno llegó a Colombia. Quizá aquí no es tan fancy como se ve en televisión, pero el mismo principio sigue ahí: drones que pueden alcanzar más de cien kilómetros por hora corriendo entre obstáculos, estrellándose en curvas pronunciadas, ganando por fracciones de segundo.

Quienes compiten en estas carreras estiman que hay alrededor de 80 pilotos en la capital, y quizá 300 regados por todo el país. “En Bogotá ya vamos para la cuarta carrera”, cuenta Alexander Brijaldo, un piloto que saltó del mundo del aeromodelismo a los drones. Con unos cuantos pesos puede comprar un dron pequeño y aprender a volar, pero si quiere entrar al mundo de las carreras, tiene que meterse la mano al bolsillo y tomarse las cosas en serio. “Un buen dron de carreras puede costar unos cinco millones y hay que practicar con él todos los días”, dice Alexander. “Es más que un hobby; se vuelve una parte de tu vida”.

RACER X: Creado por la DRL, tiene el Guinness record de mayor velocidad en un dron (265 km/h).

1. Cámara con transmisor de video
El transmisor manda las señales de la cámara al dispositivo de video, con una latencia de una décima de segundo, que puede significar la vida o muerte del dron si no se vuela con gafas. Para carreras es preferible usar una cámara de 2,5 mm, que dé  una buena visión del entorno (147° de visibilidad). Cámara: aprox. $150.000

2. Frame y tarjeta controladora
El frame es el esqueleto del dron. Los más livianos y resistentes son de fibra de carbono. La tarjeta controladora es la que dicta el manejo del sistema. Saber de programación no viene mal para configurarlas según el gusto del piloto (generalmente, en una modalidad  “acrobática”). Frame: aprox. $200.000  Tarjeta controladora: desde $80.000

3. Motores y hélices
Estos drones usan motores brushless, de imanes, con poco desgaste y mayor potencia. También se necesitan speed controls , uno por motor. Usualmente, los motores utilizan hélices tripala de plástico, pues dan “un equilibrio entre
eficiencia, por su gasto de batería, y potencia”, dice Brijaldo. Speed controls: desde $30.000 c/u Motores: desde $60.000 c/u Hélices: $10.000 por cuatro hélices

 

 

Radiocontrol y gafas de inmersión
Los radiocontroles son herencia del aeromodelismo. Los más caros suelen ser más precisos y pueden vincularse a varios drones. Para los pilotos, la mejor opción para volar es usar gafas de inmersión que les da una perspectiva FPS (first person view) del vuelo.
Radiocontrol: aprox. $800.000
Gafas de inmersión: desde  $600.000

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