Edición 128

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El santo patrón de las venéreas y otros aún más raros

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Conozca al santo de los feos, el de los Motociclistas y el de los narcotraficantes.

Santa Bárbara, patrona de los fuegos artificiales, las tormentas, y de todo haga ¡Boom! 

 


Más de un ingeniero experto en explosiones se encomienda a ella antes de hacer volar con dinamita un viejo puente o un estadio venido a menos. Otros le rezan para espantar los rayos y las tormentas.

Santa Bárbara nació en el siglo III cerca del mar de Mármara. Su padre, un hombre rico y cruel llamado Dióscoro, no soportó que su hija se convirtiera al cristianismo y ordenó que la encerraran en un castillo. Como la mujer no daba señas de convertirse y en cambio afianzaba más su fe, su padre ordenó que la torturaran y le cortaran la cabeza con una espada. Se dice que el mismo día en que la santa murió, un rayo mató a su padre mientras este bajaba por una montaña. De ahí su título: patrona de todo cuanto explota.

San Drogo, patrón de los feos

 

Se dice que el patrón de los feos tenía el don de la ubicuidad, pues varias veces fue visto en dos lugares al mismo tiempo. Nació en Epinoy (Flandes) y murió en Sebourg (Francia). Toda su vida se culpó de que su madre hubiera muerto al darlo a luz. Tal culpa lo llevó a flagelarse. Siendo muy joven, donó todos sus bienes y se dedicó a peregrinar difundiendo la palabra de Dios. En alguno de los muchos pueblos que visitó contrajo una extraña enfermedad que deformó su rostro. Los habitantes del lugar le ofrecieron una celda para vivir, siempre y cuando no saliera a la calle, pues los niños lo veían como un monstruo. Permaneció en la celda durante 40 años y jamás volvió a salir. Hasta su muerte se alimentó de cebada, agua y ostias.

San Columbano, patrón de los motociclistas

 

Más de un intrépido domiciliario debería encomendarse a este monje irlandés que vivió en el siglo VI. Se hizo religioso para escapar de las tentaciones de la carne y fundó varios monasterios, entre los que se destacan los de Luxeuil (Francia) y Bobbio (Italia). En su obra Las instrucciones, escribió: “Si el hombre utiliza rectamente las facultades que Dios ha concedido a su alma, entonces será semejante a Dios. Recordemos que debemos devolverle todos los dones que ha depositado en nosotros cuando nos encontrábamos en la condición originaria”. En la década de 1980, un grupo de motociclistas italianos pidió al papa Juan Pablo II convertir a Columbano en su patrón. El sacerdote aceptó y desde 1991 es el santo de los motociclistas.

San Fiacro, santo patrón las enfermedades venéreas y las hemorroides

 

Después de “una noche de copas, una noche loca”, no sobra encomendarse a San Fiacro, por si las moscas… Se sabe poco de este hombre nacido en Irlanda en el año 607. Al parecer era hijo de Eugenio IV, rey de Escocia. Se dice que era un experto cultivador, cuyas cosechas eran la envidia de muchos, entre ellos de una mujer llamada Baguenaude, quien lo acuso de brujería. Su fama de hechicero llegó a oídos de un obispo llamado Faron, quien lo sometió a una curiosa prueba. Fiacro debía esperar el juicio de Dios sentado en piedra situada frente a la iglesia. El sacerdote permaneció varios días hasta que el obispo, sorprendido por la fe del penitente, le informó que había superado la prueba. Se dice que la roca donde se sentó San Fiacro se hizo blanda, como un mullido sofá. Desde entonces, quienes tenían hemorroides se sentaban en ella para curarse. Al parecer, Fiacro también poseía el don de sanar mediante el tacto varios males: ceguera, lepra y hasta enfermedades venéreas.

San Jesús Malverde, patrón de los traficantes de droga

 

La capilla donde le rezan queda en Sinaloa (México). Aunque muchos dudan de que hubiera existido, otros aseguran que es milagroso. Según la leyenda, Jesús fue un minero que, cansado de los maltratos que recibían él y sus compañeros, se enfrentó con el gobernador de Sinaloa. Este último ordenó que lanzaran a Jesús al río. Cuando estaba a punto de ahogarse, unos campesinos lo rescataron. Desde entonces, se convirtió en un bandido, un Robin Hood mexicano que robaba a los ricos para darles a los pobres. Los narcos de la región le piden ‘coronar’ sin sobresaltos sus viajes y ganar dinero.

San José Cupertino, patrón de los pasajeros de avión y los pilotos

 

Si las leyendas son ciertas, San Cupertino habría sido el más poderoso de los superhéroes de Marvel o DC: volaba por los aires, podía estar en dos lugares al mismo tiempo, se comunicaba con los animales, curaba con la señal de la santa cruz y exorcizaba con una sola frase: “Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores”.

Sin duda, su poder más famoso fue el don de volar. Se dice que llevó una cruz a un monte, cual si fuera Superman, y que solía rezar flotando en el aire. Cupertino es el santo de los pasajeros. Si usted es de los que el avión se aferra del apoyabrazos o le clava las uñas en el antebrazo a su pareja mientras mientas suda frío, récele a San Cupertino para que lo lleve con bien y tenga un feliz aterrizaje.

San Julián, patrón de los payasos y los homicidas

Cuenta la leyenda que cuando Julián nació, en el año 1128, se oyó una voz que decía: “hoy ha nacido un niño que en gracia no tiene igual”.

Los graciosos payasos le rezan, al igual que los homicidas. Se dice que esta fe se fundamenta en que un día, luego de volver a su casa después de una cacería,  halló a una pareja en su cama. Creyendo que eran dos adúlteros, los asesinó. Luego advirtió que era sus padres, que habían ido a visitarlo de sorpresa. Desde entonces, San Julián se entregó a una vida de penitencia y arrepentimiento basado en la palabra de Jesucristo.

Otros  del santoral:

San José de Arimatea, patrón de las funerarias
San Magno de Fussen, patrón contra las orugas
San Sebastían, patrón de las ferreterías.
San Friard, patrón contra el miedo a las avispas

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