Edición 128

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¿Cómo es tener sexo en lugares peligrosos?

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Testimonios reales de parejas que no aguantaron las ganas y hoy tienen una historia que contar.

 “¿Cuál es el lugar más peligroso en el que han tenido relaciones?”, fue lo que pregunté por internet. Nunca imaginé las respuestas que obtuve.

Por ejemplo, un sujeto dijo que lo había hecho en un refugio antibombas en Afganistán (supongo que ambos estaban en el ejército, porque si no esa historia se quedó corta); otra persona confesó que una vez había tirado con su pareja, sin saberlo, sobre hiedra venenosa. Como consecuencia, durante tres meses se rascaron las ronchas que cubrían sus cuerpos; otra pareja tuvo sexo en la guarida de un oso en una excursión (el oso, por supuesto, no estaba, o hubiera tenido que pagar para ver). Un sujeto simplemente contestó “Baltimore”, un chiste que solo los fanáticos de The Wire van a entender.

“En la cabina de una locomotora que iba a 60 km/h, mientras yo la manejaba”, cuenta quien podría ser el mejor y único conductor de trenes que conozco. No le tiene miedo a desafiar a la muerte. “Definitivamente valió la pena”.

La gente un poco menos osada asoció “peligroso” con la idea de ser atrapados en el acto. Por eso, me bombardearon con historias sobre tirar en parques y edificios abandonados. En bibliotecas, playas, bosques y salones de eventos. Un hombre lo hizo mientras se resguardaba de la lluvia bajo la Space Needle de Seattle, y otro a medianoche en un parque infantil junto a la torre Eiffel. “Lo hice en una bañera del ala maternidad de un hospital mientras seguía en observación”, confiesa una mujer que acababa de dar a luz cuando lo hizo. “No fue la mejor idea, pero mi ex estaba muy arrecho y era muy persuasivo”.

“[Tuvimos sexo] en un hotel abandonado en la carretera de Taiwán”, contó otra chica. “Estaba oscuro y era difícil caminar, pero mi novio levantó mi vestido y me penetró, duro pero silencioso. Luego oímos un ruido y los dos nos congelamos en esa posición. Se sentía bien, porque él estaba dentro de mí, pero estaba ansiosa porque quizá el lugar no estaba tan abandonado como pensamos”. A la final se fueron antes de poder terminar.

“La posibilidad de que te atrapen es lo que lo hace emocionante”, contestó una persona que dice haber tirado contra la pared de una antigua iglesia y en el Coliseo de Roma. “Yo he pillado a unas tres parejas. Les hice un gesto de aprobación y seguí mi camino”.

Claro, una cosa es ser atrapado por un completo desconocido que salió a montar bicicleta una mañana en el parque y terminó tomando una lección involuntaria sobre la reproducción en mamíferos. Pero otra cosa son los amigos y familiares, gente que seguro tendrás que ver el resto de la vida. Aun así, hay quienes se la juegan frente a ellos: “tuve sexo con mi novia en una cama gigante, con otras dos chicas que dormían ahí. Fue después de un cumpleaños y todos estábamos muy ebrios para ir a casa. En la mañana mi novia me despertó con su culo contra mi entrepierna. Luego corrió su ropa interior a un lado y tuvimos sexo ahí. Muy despacio y muy callados. Luego mi novia me dijo que una de sus dos amigas se había dado cuenta”.

No faltan las personas que tienen sexo en la sala de la casa de los padres, en habitaciones sin cerrojo y hasta dentro de un armario, a tan solo unos metros de sus familiares. A mi parecer, todos ellos son más valientes que el sujeto de la locomotora.

“Mi novio anterior y yo estábamos acostados en la cama cuando su padre decidió entrar al cuarto a conversar”, contó también una chica. “Mi novio decidió penetrarme mientras estábamos a unos cinco metros de su papá, aún charlando. Fue genial, y su padre no se dio cuenta (o es un excelente actor)”.

Sorprendentemente nadie parece pertenecer a la cofradía de gente que ha logrado tirar en el baño de un avión: the mile high club, un club al cual no me molestaría unirme algún día. Les quedaré debiendo historias sobre estos pícaros de las alturas para una próxima entrada.

Estos son algunos highlights de las experiencias que la gente compartió:

● (Mujer) “Lo hemos hecho en algunos de los probadores de centros comerciales. Los más arriesgados son los que consisten solo de cortinas”.
● (Hombre) “Estábamos haciendo una consultoría de seguridad para un edificio y decidimos tener un quickie. Nos metimos en la oficina del jefe y usamos su escritorio porque no había cámaras en las oficinas, solo en los pasillos”.
● (M) “A pleno día, en la piscina de un hotel cinco estrellas”.
● (H) “Los auto-cines son muy divertidos. He tenido sexo en ellos docenas de veces en las que la gente podía pasar caminando y mirar por la ventana para vernos hacer cosas sucias”.
● (M) “[Lo hemos hecho] en un par de baños de estaciones de gasolina. Una vez había una mujer esperando para usar el baño cuando salimos. ¡Oops!”
● (H) “Tuve sexo con mi chica en una playa de Santa Bárbara. Nos atrapó alguien y nos ofrecieron 400 USD por hacerlo de nuevo frente a una cámara. Dios, extraño a esa chica”.

Me encantaría saber si también lectores de esta columna tienen su buena dosis de adrenalina en sus vidas. ¿Qué baños de centro comercial han mancillado, qué parque de Bogotá desvirgaron? Por mi parte no he sido tan aventurera (aparte de algún taxi y la casa de los padres de mi novio), pero si ustedes quieren compartir su experiencia, podemos ampliar entre todos este artículo en los comentarios. Porque cuando se trata de sexo, ¿dónde están los valientes?

 

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