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Maestro

Cuestión de pandebono: perfil de Jairo Varela, fundador del Grupo Niche

Umberto Valverde Fotografía Bernardo Peña

Jairo Varela

El genio detrás del Grupo Niche retratado por el experto -y entusiasta- escritor del género salsero Umberto Valverde

Por Umberto Valverde. Publicado en la edición 33 de DONJUAN correspondiente a julio de 2009.

Varela no se siente asustado por atravesar el sexto piso de la vida. "No le tengo miedo a la muerte, sino al momento de la muerte. Hace rato repito una frase que no sé de quién es y dice: 'Lucho todos los días contra la vida porque el día que me enfrente a la muerte, sé que la llevo perdida'". Ahora, después de extenuantes jornadas en su estudio, en la calle 5a con 39, acaba de terminar un sencillo con una nueva voz que incorpora a su orquesta, Elvis Magno, de las más recientes generaciones de salseros negros, alto, bien parecido, y con voz romántica con el cual ha firmado un contrato de cinco años.

El tema se llama Un día después y cuenta una relación de pareja que se rompió, pero la vida sigue en donde se conocieron. El coro repite insistentemente: "en el mismo lugar sigue Cartagena, con la misma playa, con la misma arena". Desde septiembre del año pasado escribe una novela titulada Luces negras, en la cual cuenta la historia de un niño: Pirringo. Se desarrolla en Pizarro (Chocó), donde a raíz de la violencia paramilitar, su familia se traslada a Buenaventura y luego a Cali, al distrito de Aguablanca. En el manuscrito se palpa ese español antiguo que perdura en los ancestros negros. Pero la producción del sencillo ha cortado su inspiración literaria. "El problema es que tengo la molleja cerrada, me faltan unos tres capítulos. Ya están terminados once".

Un amigo que tiene conexiones con la Universidad Católica de Santiago de Chile adelantó ya la posibilidad de publicación. "Ahora es un compromiso y no puedo dejarlo a mitad de camino". En el sótano de Estudios Niche queda la discoteca que inauguró en diciembre: Dulce con Dulce. Varela -con su esposa y representante, Damaris De Diego- la atiende personalmente. Por ahí circulan habitualmente ex jugadores de fútbol como Harold Lozano y Frankie Oviedo, del América, y Hamilton Ricard, del Deportivo Cali, muchos músicos y gente común y corriente. "Tiene presencia negroide, afines a mi raza, un sonido arrecho y la gente siente que está metida en la mitad de la orquesta". Varela, como máximo, se bebe un whisky en la noche. Aunque sabe bailar no lo hace a menudo.

No ha sido nunca un bohemio, es un hombre tímido, distante y humilde, que valora a quienes lo respetan y lo quieren. Hace algunos meses, en un conversatorio en el Centro Cultural de Cali confesó que uno de sus últimos temas estaba inspirado en la mujer que amaba, Damaris, una negra altísima, ex reina de belleza, señorita Chocó 1994. Hace doce años, desde la experiencia de la cárcel, en la cual permaneció tres años, grabó una producción titulada A prueba de fuego, interpretada por Willy García y arreglos de José Aguirre. Hoy en día, en las barriadas de Cali y en las discotecas de la salsa dura es el tema que más se oye de Jairo Varela.

Su letra es absolutamente vigente: "De qué valió me pregunto yo, mi bandera y mi emblema, si yo soy parte de la solución, no del problema". Varela fue capturado en 1995 cuando regresaba de una gira por Estados Unidos, acusado de testaferrato y enriquecimiento ilícito por recibos de pagos de la cuenta de una hermana de Miguel Rodríguez que correspondían a las presentaciones del grupo Niche en la Caseta Carnaval del Norte, donde también se presentaron Óscar de León, El Gran Combo de Puerto Rico, Sergio Vargas y todas las agrupaciones salseras y merengueras del momento. Varela salió lastimado, "la cárcel es un cementerio de hombres vivos". Después se fue a vivir seis años a Miami, con familia y orquesta. Hasta que decidió regresar a Cali, porque todo es "cuestión de pandebono".

El 3 de septiembre de 2007 tuvo que ser intervenido en la Clínica Imbanaco porque tenía dos arterias obstruidas. Le pusieron dos steam. Uno de los médicos determinó que todo era producto de tres problemas: "El paciente es fumador, sedentario y tiene sobrepeso abdominal". Varela aceptó dejar el café, el cigarrillo Pielroja y ahora por las mañanas le hacen unos masajes que le están permitiendo rebajar la talla de la ropa. "Estoy pesando sobre 103 kilos y debo bajarme a 93", aclara. No cree en la medicina tradicional, sino en tratamientos alternativos o en medicamentos que aprendió desde niño.

Duerme poco, por la tarde se encierra en su estudio hasta bien tarde y de vez cuando sale a comer, preferiblemente mariscos. Cuando tenía ocho años, su mamá, Teresa de Jesús Martínez Arce, una gran escritora del Pacífico, hizo un tremendo esfuerzo económico y le regaló una guitarra porque creía que Jairo iba a ser músico. Varela creó su primer grupo musical, llamado La Timba, en su ciudad natal, Quibdó, con un formato musical que contenía dulzaina, bongo, maracas y güiro. Sus primeros temas fueron Difícil y Atrato Viejo. Mi pueblo natal, que grabó muchos años después, es una versión de este primer tema.

Empírico, sin formación académica, Varela se despertaba en los amaneceres y grababa las letras que soñaba. Después, con el paso del tiempo, aprendió a tocar una gran parte de los instrumentos fundamentales, sobre todo los de percusión. En tarima, aprendió a dirigir como el Benny Moré, con el cuerpo y el movimiento de sus manos, y hasta el de su cara. Aunque el grupo Niche nació en Bogotá, se instaló en Cali. "A Cali le debo todo lo que soy y lo que llegaré a ser". Por eso explica que el salto a la fama lo dio cuando grabó Cali pachanguero.

"La esencia de la salsa en Cali no se ha perdido. Es el ritmo que identifica a la ciudad". Con Varela se habla de cine, música, fútbol y de la liga de básquetbol de Estados Unidos. Es hincha del América. Más que opiniones, entrega juicios técnicos, aunque poco va al estadio. Por su estudio pasan todos los músicos. En los últimos tiempos, por ejemplo, me crucé con Tito Gómez, antes de morir. Ahí siempre está Jairo, con jeans a la rodilla y sandalias, acompañado de Bony, un perrito Shit Tzu, de color café con blanco, con origen en el Oriente y reservado para los emperadores chinos, que permanece todo el tiempo a su lado y reacciona ante los cambios de voltaje de la consola. Y de la cual no se pueden descuidar los visitantes cuando se despiden. En su casa -a la espera para mover la cola-, permanece el hermanito de Bony, Ping Pong.

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