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La faceta más íntima del cerebro de DMG. Su vida en la cárcel, sus proyectos descabellados, sus acusaciones contra el presidente y su obsesión desmesurada por ser el hombre más rico del mundo

David Murcia Guzmán es un preso especial. Es una especie de joya de la corona. En la cárcel La Picota, donde se encuentra desde noviembre de 2008, tiene un jefe de seguridad propio y el equipo de protección más grande que hay en Colombia para un recluso. Cada vez que sale a cumplir una cita con la justicia, que lo procesa por lavado de activos y captación ilegal de dinero a través de su firma DMG, lo acompañan 30 hombres fuertemente armados. Y cuando está dentro de la prisión lo siguen al menos diez guardias que lo escoltan con escudos de seguridad y lo blindan con chalecos antibala para protegerlo de un posible atentado.

Según él, por su vida están ofreciendo 300 millones de pesos y aunque no sabe quién ofreció ese botín por su cabeza las autoridades prefieren curarse en salud. "¿Usted se imagina lo que puede pasar con nosotros donde le pase algo a este muchacho?", pregunta uno de los guardias que lo acompañan. Después de sus tres años de opulencia, David Murcia, un hombre de 28 años, de signo Leo, que cumple años el 29 de julio, pasa sus días en un pabellón aislado. La única persona que lo puede ver durante sus días y noches es "Rojas", el controvertido guerrillero, campesino y con un vocabulario bastante limitado, que llegó a una brigada del Ejército con la mano del comandante de las Farc "Iván Ríos", para demostrar que lo había asesinado y poder acceder a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz.

El mismo Murcia nos dijo que Rojas no sólo era su amigo y compañero, sino que comparten la persecución del Estado. En su caso, el gobierno de Álvaro Uribe acabó con DMG por una alianza con los grandes banqueros del país. En el de "Rojas", Murcia asegura que el Gobierno le incumplió la promesa de pagarle una millonaria recompensa y lo acusa de secuestro, cuando fue él quien asesinó a uno de los mayores secuestradores de las Farc como era "Iván Ríos".

Pero en medio de la soledad y del encierro, Murcia y "Rojas" se hacen la vida agradable. Juegan ajedrez, almuerzan, desayunan y comen juntos, hablan sobre los acontecimientos del país y tan solo toman una hora de sol, cuando lo hay, porque el resto del día deben soportar las bajas temperaturas de Bogotá y en especial de la cárcel.

"Es muy buena compañía. 'Rojas' es un intelectual", asegura con convicción. Es eso precisamente lo que desconcierta de Murcia. Es, ni más ni menos, un hombre que vive en su propia fantasía. Su obsesión son los hombres más ricos del mundo. Admira a Warren Buffet, a Bill Gates "que logró hacer un emporio de una idea" y a Carlos Slim por ser un latino que encabeza el listado de multimillonarios. Sabe todo sobre sus vidas, cómo hicieron su fortuna, cuáles fueron sus inicios, conoce sus perfiles al derecho y al revés y habla de ellos con la confianza de un periodista de la revista Forbes.

El controvertido "empresario" es vanidoso, siempre tiene las uñas bien arregladas, está bien peinado y todavía usa en las muñecas manillas de su "familia" DMG. También es un hombre de poco apetito. Durante muchos años se alimentó a punta de polen, Propoleo, jalea real y makra, una raíz peruana, según él, con abundante valor nutritivo. Todo eso contenido en cápsulas que vendían algunas de las empresas naturistas con las que empezó su imperio. Él recuerda que fueron esos, entre otros productos, los que por años comercializó en el sur del país, donde arrancó su carrera de negociante.

Aunque en sus años dorados viajaba con una cocinera que lo deleitaba, cuando comía algo más que pastillas, con platos típicos colombianos, ahora debe someterse a una dieta vigilada. Antes de que lleguen a su celda, sus comidas deben pasar por un riguroso control por parte de las autoridades penitenciarias que incluye una grabación en video para evitar que muera envenenado. "El Inpec me autorizó una nevera pequeña y un microondas para mantener y calentar la comida que me manden de mi casa. Esos son los únicos lujos que tendré, por ahora".

David Murcia ya no piensa en los lujos que durante años rodearon su agitada vida. Ya no se muestra feliz, como alguna vez lo hizo, por haber tenido carros lujosos y suficiente dinero para derrochar al lado de modelos, empresarios, políticos y abogados de ocasión, que hoy le dieron la espalda y niegan cualquier cercanía con él. En las grabaciones que tienen las autoridades se habla de una vida en playas en Estados Unidos y de fiestas interminables, pero él afirma que no tiene visa y nunca ha ido a Estados Unidos y que, en realidad, de parrandero no tiene nada, que las fiestas en las que estuvo eran sólo compromisos de negocios y que ni siquiera tiene un trago favorito.

También niega que tuviera una bruja de cabecera y que, por el contrario, es un ser religioso. Aún así sigue con un plan de vida que más parece una desfachatez: "Quiero ser el hombre más rico del mundo -dice con una seriedad que impacta-. Quiero acumular cinco trillones de dólares en activos". Y como si fuera poco asegura que cuando pase "este inconveniente jurídico" que lo tiene tras las rejas, va a continuar con su misión en la Tierra: acabar con el hambre en el mundo y en el camino algún día ser presidente de Colombia.

Sus palabras, más que esperanzadoras, retumban en un lugar donde abundan el pesimismo y la depresión. Aunque se autodenomina como un intelectual, que devora las biografías de los poderosos, Murcia se parece más a un sociópata, que tiene alterada la realidad. Después de que las autoridades estadounidenses lo solicitaron en extradición por conductas derivadas del lavado de activos y narcotráfico, sigue con su idea de salvar al mundo.

Desde su encierro escribe sobre estrategias de negocios. Parte de su tiempo lo utiliza en el asesoramiento de montaje de compañías a personas que lo siguen y que quieren heredar su supuesta habilidad para multiplicar el dinero como Jesucristo con el vino. Su paso por la cárcel le ha servido para diseñar un programa social de cárceles productivas que, afirma, no ve la hora de poner en marcha. Cuando no está en la celda despliega todo su encanto y es, según algunos de sus guardias, el preso más querido de toda la cárcel. En las pocas oportunidades que tiene de circular por algunas dependencias del penal, Murcia se vende como una estrella de cine. Saluda, sonríe y, aún esposado, hace con sus dedos la señal de victoria.

Algunos de los visitantes al penal lo hacen sentir el todopoderoso. Su ego lo alimenta coleccionando frases de personas que lo halagan y le dicen que el presidente Uribe y las autoridades están cometiendo una injusticia con él. El día de la entrevista, un día después de que las autoridades estadounidenses lo pidieron en extradición, estaba lejos de sentirse derrotado. Todavía mira a los ojos y mantiene la actitud segura y arrogante de una persona que se las sabe todas. Con una apariencia de un hombre libre, llegó vestido con un traje informal: jeans, tenis Lacoste y un saco negro debajo de su chaleco antibalas, y posó en su primera sesión de fotos.

En medio del trabajo fotográfico fue diciendo frases sueltas. Cuando habla de sus ex socios, Margarita Pabón y Daniel Ángel, ambos detenidos y condenados por lavado de activos, dice que lo dejaron solo y que allí supo que en realidad no eran sus amigos. Habla de su cuñado y mano derecha, William Suárez, también detenido en La Picota, sobre quien asegura que quiere negociar a toda costa con la Justicia y que por ese camino pretende salpicar a personajes de la vida pública.

Sobre su vida familiar habla muy poco. Dice lo que ya se sabe: que tiene cinco hermanos, un papá muerto, una esposa inteligente y creativa y dos hijos de ocho años que no son mellizos y que algunos especulan que no son de él. Cuando se le indaga por el tema sonríe y dice que ha vivido cosas complicadas y extrañas en su matrimonio.

Murcia cambia el tema y prefiere hablar de su mamá, confinada en la cárcel El Buen Pastor de Bogotá. Dice que es la típica mujer colombiana que sacó a sus hijos adelante en medio de la pobreza y las dificultades. "Nos crió con esmero y nos enseñó lo que era el respeto y la lealtad", asegura que después de varios meses de no verla, las autoridades penitenciarias autorizaron su traslado el domingo 29 de marzo desde la cárcel donde se encuentra a La Picota, donde pudieron compartir el momento que atraviesan, los dos tras las rejas.

En todo momento Murcia controló sus emociones. Parece programado para no reflejar en su personalidad miedo, tristeza o ansiedad. Es una especie de robot que calcula cada frase y nunca se sale del libreto. Guarda infinidad de secretos sobre sus vínculos con empresarios, políticos, funcionarios y periodistas, y prefiere no darlos a conocer por el momento, porque serán la carne con la que alimentará un libro escrito de su puño y letra que publicará la editorial de DMG. Y ahora está en busca de un ghost writter para que lo ayude en la redacción. Dice que recibe hojas de vida.

No suelta ninguna noticia. Se repite con frecuencia e insiste en su inocencia. Aunque la Fiscalía tiene un amplio material probatorio contra él, asegura que su caso es absolutamente político y que el error estuvo en no haber colaborado con la campaña del Presidente desde el principio. "¿Es cierto que DMG dio plata a la campaña de Uribe?" Como si fuera un niño que acaba de cometer una fechoría, Murcia sonríe y habla sobre la participación de DMG en la campaña de recolección de firmas del referendo para la reelección presidencial.

"Claro, con la recolección de firmas primero, que era lo más importante -dice-. Se hicieron lo del transporte de las firmas (sic) que eso vale un dinero porque es a nivel nacional. Entonces, se tuvo que utilizar aviones, helicópteros, transporte blindado etc, y también aprobé unos recursos para que compraran camisetas, gorras y un poco de papelería que necesitaban". Cuando se le preguntó a quién le dio el dinero para contribuir con la recolección de las firmas, Murcia responde con la misma frescura de siempre "Creo que fueron 5.000 millones de pesos. Es que en política empiezan con una cosita y luego piden más.

Hay personas que están afuera y que son empresarios fuertes a través de los cuales se hizo eso. Si me pongo a dar nombres la seguridad de mi familia peligra". Y no dijo nada más. En el único momento que se mostró incómodo fue cuando se le preguntó por la serie de televisión Inversiones A.B.C. que pretende recrear su historia y la de su empresa. Vio solo los primeros capítulos y se indignó. Murcia afirma que los libretistas tienen un guión que no muestra la realidad de su vida y que hace que su empresa sea calificada como una 'pirámide'. "Sospecho que la Presidencia está detrás del guión -dice con rabia-. Yo ya le puse un nombre: 'La Uribenovela'. Allí se burlan de los ahorradores de DMG y logran manipular a la opinión de la gente", dice.

Lo que más le ofende es que el actor que lo representa en la serie haya utilizado la misma cola de cabello con la que se hizo famoso. Para él no es más que la "ridiculización" de su nombre y recalca que todo hace parte de una trama de desprestigio contra él desde Palacio. Murcia cree en el destino. Todo lo que le ocurre lo recibe con resignación, incluida su presunta extradición. Dice que es lo mismo una cárcel en Colombia que una en Estados Unidos. "Estar preso es suficiente".

MundoDonJuan

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