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Psicópatas colombianos: los siete peores asesinos en serie.

Por: Miguel Mendoza Luna

Los asesinos en serie son la peor anomalía de la especie humana: seres sin conciencia que matan por placer, que violan, torturan y extraen órganos para llevar a la realidad sus fantasías de poder

Los asesinos en serie son la peor anomalía de la especie humana: seres sin conciencia que matan por placer, que violan, torturan y extraen órganos para llevar a la realidad sus fantasías de poder. Subespecie cuyo proyecto personal es hacer todo el daño posible a los demás. A diferencia de lo que nos ha mostrado el cine o la televisión, sus ojos no brillan de manera especial, ni los delata nada extraño en su aspecto. Puedes estrecharles la mano y creer que detrás de sus sonrisas habita un ser humano como tú, pero estás equivocado: ellos sólo esperan la oportunidad para cazarte.

La pérdida de la autoestima, el rechazo emocional, o el simple tedio, pueden ser los detonantes de su proyecto homicida. Son sujetos narcisos y egocéntricos, que sólo por medio del asesinato y la tortura se sienten todopoderosos; el terror experimentado por sus víctimas los excita y es la forma de reafirmar su lugar en el mundo. Se complacen con actos de canibalismo, necrofilia, y toda forma de sadismo sexual inimaginable. Son psicópatas incapaces de sentir remordimiento o piedad;  no presentan alucinaciones (como los psicóticos), y pasan inadvertidos la mayor parte del tiempo.

No experimentan ansiedad ni miedo alguno, lo cual les otorga ventaja a la hora de atrapar y someter a las víctimas. Algunos, como el estadounidense Jeffrey Dahmer, conservan los cadáveres e incluso fabrican objetos con los restos de los cadáveres; otros, como Charles Ng y Leonard Lake, prefieren mantener a sus víctimas cautivas para torturarlas por largo tiempo, convencidos de ser sus dueños. Otros coleccionan "trofeos", recuerdos de las víctimas, que pueden ir desde documentos o prendas de vestir hasta partes de los cuerpos.

Si bien desde el punto de vista psiquiátrico técnicamente no se catalogan como "locos", por supuesto su personalidad funciona diferente y no experimentan empatía alguna (los demás son para ellos simples "cosas"). Se cree que pueden presentar trastornos bioquímicos, así que sus neurotranmisores funcionan mal y sólo por medio de experiencias extremas sienten placer. También se reconoce que algunos han recibido golpes que lesionaron el funcionamiento de sus cerebros (en el hipotálamo y el lóbulo temporal, principalmente) y por lo tanto no controlan la agresividad y no pueden asimilar las normas sociales; también se habla de factores genéticos de predisposición a la violencia, y por supuesto se reconoce el impacto negativo de una infancia traumática como génesis de su odio.

El origen del apetito homicida de los asesinos en serie aún es un misterio; no hay consenso sobre si nacen o se hacen; es probable que exista una predisposición biológica que sumada a situaciones biográficas configure la fórmula para crear un monstruo humano; pero de igual manera algunos investigadores afirman que la práctica continua de actos sádicos y violentos por parte de un sujeto que no ha sufrido trauma alguno, también puede lesionar su cerebro y volverlo adicto a la crueldad y consecuentemente, con el tiempo, convertirlo en un asesino en serie.

¿Se trata de seres sometidos por un cerebro en malfuncionamiento?, ¿son personas que decidieron tomar el camino del mal? Lo único cierto es que habitan en todas partes del mundo y que emergen en cualquier tipo de sociedad. La mayoría son sistemáticos, astutos, y lo único que los detiene, una vez han matado por primera vez, es el tedio consecuente después de haber llevado al límite sus rituales homicidas.

Se pueden clasificar en lujuriosos, que matan por satisfacción sexual (Ted Bundy asesinó a más de veinte jóvenes motivado por el placer de agredir y violar); misioneros, justifican sus actos convencidos de hacerle un favor a la sociedad (Harold Shipman, médico homicida de más de 200 personas, afirmó que sólo buscaba liberar a sus pacientes del sufrimiento); lucrativos, extraen provecho económico de los crímenes (Henry Landru asesinó a varias esposas para heredar sus fortunas).

La edad promedio del inicio del asesino en serie se calcula entre los 25 y 35 años, no obstante se han reportado casos de niños con comportamientos similares a los asesinos adultos (Jessey Pomeroy, de doce años, torturó y asesinó a dos menores y torturó a otros tantos). Son pocos los casos de mujeres asesinas en serie; uno de los más impactantes fue  el de la noruega Belle Gunnes, que envenenó a más de cuarenta personas.

Resulta frecuente que cuando surge la alianza con un hombre cuya fantasía es matar, emerge el sadismo femenino en su máxima potencia. Así ocurrió en el caso del inglés Ian Brady quien convenció a una joven puritana, Myra Hindley, de ser su cómplice en cinco asesinatos; una vez ella aceptó participar, resultó ser más despiadada que su compañero.

Sin duda el asesinato serial es un fenómeno más propio de Estados Unidos y Europa, sin embargo algunos de los peores casos han ocurrido en territorio colombiano. Mientras que el estadounidense Gary Ridgway, con 50 víctimas, se trata probablemente del mayor asesino en serie de ese país, algunos de los asesinos locales lamentablemente registran en su carrera delictiva más de cien homicidios.

En Colombia muchos asesinatos registrados mediáticamente, donde la violencia sexual se considera evidente y el móvil no resulta claro para las autoridades (y además no logran resolverse), pueden haber sido obra de tales psicópatas sin que nos enteremos de su presencia. Es muy común reconocer en las páginas rojas la aparición de violadores en serie.

A continuación presentamos una siniestra galería de homicidas colombianos, que claramente se clasifican como asesinos en serie. La motivación primordial para cometer sus horrendos crímenes fue la búsqueda perversa de placer; no necesitaron de ningún otro pretexto más que su secreto deseo de invasión suprema de una vida humana. Ya que se trata de una galería del crimen múltiple, incluimos al final un caso de asesino frenético, muy diferente de los seriales, pero que comparte con éstos el escandaloso número de víctimas cobradas.

Encaremos al mal en su forma más aterradora.

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