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El pole dance ha dejado de ser un espectáculo de bares escondidos o de películas de striptease; las mujeres han descubierto que las mantiene en forma, y eso es mejor que dietas que no sirven para nada

El pole dance ha dejado de ser un espectáculo exclusivo de bares escondidos o de películas de striptease; las mujeres han descubierto que las mantiene en forma, y eso -para ellas y para nosotros- es mejor que un montón de dietas que no sirven para nada. Es hora de cruzar los dedos: en un futuro no muy lejano todos los cuartos matrimoniales tendrán un tubo frente a la cama y el protagonista de esta historia, sin ninguna duda, será nuestro empleado favorito.

Por Juan Pablo Villalobos - Fotografía: Álex Mejía

Por más que la gente se ofenda o se ría, este es un negocio como cualquier otro. Hay muchas maneras de ganarse la vida y cada cual hace lo que humanamente puede y quiere, ¿o acaso todos los niños que querían ser astronautas acabaron yendo al espacio? Es lo que les digo a mis hijos para que no se avergüencen del trabajo de su papá, que instalar tubos recreativos es igual que curar canarios, sincronizar semáforos o escribir historias para esas revistas donde aparecen las muchachas con poca ropa, muy provocativas.

Quiero decir que es un trabajo como otros, uno tiene que ser responsable y serio, esforzarse, ser profesional. Pero la gente cree que si uno se dedica a la industria del tubo erótico se la pasa en el puro desmadre, como si las chicas vinieran incluidas en el servicio de instalación.

Está bien, no voy a negarlo, uno ve sus cositas, es parte del trabajo, ¿qué voy a hacer?, ¿taparme los ojos? Mi mujer no entiende y sigue pensando que seguramente me voy a ir derechito al infierno, me dice: "por lo menos cámbiale el nombre al negocio, somos el hazmerreír del mundo".

Pero yo no le voy a cambiar el nombre, porque ya estamos posicionados en el mercado, somos los líderes del sector y a la gente le gusta el nombre. Otra que se queja es la secretaria, se siente ridícula de tener que repetir cientos de veces al día el nombre de la empresa cada vez que levanta el teléfono. ¡Tubo, tubo, tubo!, se llama el negocio, al fin y al cabo es lo que hacemos y no vamos a esconderlo. Además, así le queda claro a la gente, para que no nos llamen clientes pidiendo poliductos o pasamanos para escaleras.

Antes sí hacía poliductos, pero era un mercado muy competido y ganaba poco. En aquel entonces la empresa se llamaba Tubos del Bajío y de ahí surgió la confusión que me llevó al negocio del tubo erótico. Una mañana nos llamó un tipo agitadísimo porque le urgía reparar el tubo de su club nocturno. La madrugada anterior el tubo se había zafado mientras una pelirroja irlandesa giraba boca abajo.

Se armó el caos: el tubo golpeó en la cabeza a dos diputados que estaban en las mesas de pista y la irlandesa cayó de bruces en la mesa de unos seminaristas. Había que hacer la instalación de un nuevo tubo con urgencia, porque era la semana de la convención nacional de un partido político.

El tubo estaba mal instalado, porque lo había hecho un fontanero.
Ya ni chinga -le dije al dueño del tugurio-, anda poniendo en riesgo a las señoritas.
No fue por gusto -me respondió ofendidísimo-, ni por tacaño, ¿a quién quiere que llame?, no hay especialistas en el ramo.

Lo convencí de que lo importante era fijar el tubo no solo a la pista, sino también al techo, para ganar mayor estabilidad. Que invirtiera en un tubo de acero en lugar del latón que usaba antes. Y que el diámetro fuera de 4,5 centímetros en lugar de 5, porque las mujeres no suelen tener manos grandes. Me dijo que sí a todo, el dinero no era el problema. Me pagó en efectivo, un montón de billetes arrugados y apestosos.

Al día siguiente llamó de nuevo para decirme que las chicas estaban encantadas y que andaban ensayando piruetas nuevas. Que había sido una noche apoteósica, que los ingresos se habían duplicado. Quería cambiar los tubos de otros clubes nocturnos de su propiedad, porque resultó que era un magnate del ramo. Como yo tendría que viajar a otras ciudades le dije a mi mujer que nos había caído una chamba para cambiarles los tubos a todas las estaciones de bomberos, pero no me creyó.

No me digas mentiras, eso nomás pasa en las caricaturas -me dijo-.

Total que tuve que contarle y desde entonces no me la quito de encima, todo el santo día con la cantaleta de que soy un desvergonzado. No es que yo quiera presenciar los espectáculos, es parte de mi trabajo, por múltiples razones. Eso le digo, mira, piénsalo un poquito:

Primero: tengo que asegurarme de que la instalación quedó bien hecha y para eso se necesita hacer pruebas. Las llamamos stress test y tienen que ser realizadas en condiciones de uso normal: con el club abarrotado, la música a tope (los bajos afectan la estabilidad del tubo), humo, luces, etcétera. Y tienen que ser las chicas haciendo sus piruetas de siempre, no basta con ir a tironear el tubo o a acariciarlo, ¡la creatividad de las muchachas no conoce límites!, nunca se sabe qué van a inventar y tenemos que garantizar su seguridad.

Segundo: además de la seguridad, observar los espectáculos me ayuda a mejorar las instalaciones e incluso a idear nuevos productos. ¿Cómo se me iba a ocurrir la pista bi-tubo, tri-tubo o cuatri-tubo si no fuera mirando a las chicas bailar?

La tercera razón es la más difícil de defender, porque las esposas no entienden nada de relaciones públicas. Si uno va a cenar con los clientes y a beber unos tequilas no es por gusto, es por relaciones públicas. Y si mis clientes trabajan por las noches, sus clubes nocturnos son los únicos lugares donde puedo verlos para estrechar nuestras relaciones.
No me gusta verlo, ¡es mi chamba! -le digo a mi mujer-.

Pero ella nomás me contesta: no te hagas el pendejo.

Gracias a mi aguda observación, he podido tipificar la combinatoria de ejercicios en el tubo, que es muy diversa e incluye, entre otros:
La escalada del tubo: se trata del ascenso vertical hacia lo alto del tubo, ayudándose de pies y manos, hasta llegar a la parte superior, desde donde se ejecuta el siguiente ejercicio, a saber:
El descenso del tubo: puede ejecutarse haciendo giros (ver siguiente ejercicio) o lentamente de cabeza, utilizando las piernas como freno hasta llegar al suelo de pechito, o de bombero (bombero de caricaturas, diría mi mujer).

Giros: es el ejercicio más común, dar vueltas alrededor del tubo con una o ambas manos y con los pies en contacto con el suelo o de voladita. (Por cierto, el giro de voladita es una buena manera de  probar la estabilidad de la instalación del tubo). Los giros también pueden hacerse como mecanismo de descenso.

Caricias: se trata de un uso metafórico del tubo, en el que la mujer actúa como si el tubo fuera un hombre, tocándolo con cariño.

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