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Interés DJ

'No hay tipos que me den la talla': la mujer más fuerte de Colombia

Por: Camilo Beltrán Jacdedt Fotografía: Sebastián Jaramillo.

Mujer increíble

Levanta 100 kilos con sus bíceps y ha 'cascado' a muchos hombres que han osado ofenderla. Ha sido campeona nacional de fisicoculturismo y ahora entrena boxeo para retar a la panameña Ana Pascal

Amparo Agudelo abrió la puerta de su casa y quedó de una pieza. había "un macho enorme" que llevaba de la mano a sus dos nietas. se asustó. Intentó mirar detrás de esa cabeza rapada y enorme cuello de búfalo, pero el tamaño de los brazos, las piernas y el torso cubrían casi la totalidad del paso de la entrada. Trató de raparles a las niñas y el "macho" sonrió. En ese momento, por fin, por su inolvidable sonrisa y por sus ojos achinados reconoció que era Liliana Cheung, la hija que tanto anheló después de que nacieran sus dos varones. Por más que intentó armar a la adolescente de 16 años, que cinco años atrás decidió irse de su casa en Cartagena para instalarse en Cali, no pudo recuperar la imagen "de la mujer sexy, de pelo largo y caderona", a la que le gustaban los vestidos cortos para mostrar sus fabulosas piernas de patinadora.

La sorpresa de su mamá no ha sido el único desaire que le han propinado por su descomunal cuerpo. Hace dos años, en Bogotá, la campeona nacional de fisicoculturismo seguía reventando su feminidad alzando pesas, marcando e inflando su cuerpo, sin darse cuenta de que sus abdominales encerraban, como si fueran barrotes, a Milagros, la tercera hija, que necesitaba el espacio de una barriga de cinco meses. Aunque Milagros, literalmente, nació de milagro y su marido la obligó a decidir entre "las pesas o yo", Liliana siguió sola y es la mujer más fuerte de Colombia. El olor del hierro y el sudor, mezclados con el golpeteo de las pesas y la luz opaca del gimnasio Body Zone Sport, produce en Liliana una reacción explosiva, "es como si me pasaran pólvora por la nariz". Ver la cara de sorpresa que ponen los hombres cuando levanta más peso que ellos, la provoca, la anima a retarlos. Se sienta sobre la máquina para trabajar el pecho, le pone 150 kilos y empieza con las repeticiones hasta que sus contrincantes se rinden.

-No arranco como nena -dice-, de una le pongo bastante peso para que sepan con quién se están metiendo. Me gusta chicanear. La verdad es que no hay tipos que me den la talla.

En bíceps levanta 100 kilos en barra recta, 60 kilos en tríceps, y en sentadillas 250 kilos. Cuando empieza su rutina "se me sale el macho y la fuerza de algo que no tengo". El único comentario -mirándola con miedo y siempre pensándolo dos veces- que se atreven a decirle algunos hombres es "como para llegarle tarde a la casa", pero eso no la pone brava. Hay cosas más serias. Una vez pasaba junto a una casa en la que había una fiesta y un policía borracho ESMAD, en su día de descanso, le gritó "travestí" e intentó pegarle. No tuvo chance. Liliana le dio un golpe seco en la cara.

-Lo privé.

El Smart no ha sido el único hombre al que ha noqueado. "El que me falta al respeto le doy". Otra noche, a varias cuadras del gimnasio, dos rateros se le vinieron encima. Uno de ellos la agarró por la espalda, pero se soltó de un jalón y le dio un gancho en la mandíbula, lo agarró de las orejas y lo fulminó con un rodillazo en la cara. El otro se asustó y salió a correr. Pero Liliana no se aprovecha de su fuerza y tampoco actúa como un hombre. Durante el día, siempre anda con un poco de rubor, delineador en los ojos y brillo en los labios. Cuando levanta pesas no deja de mirar la forma de su cuerpo en todos los espejos que forran el gimnasio: aprieta los brazos, expone los músculos de sus piernas y espalda, levanta la cola y de nuevo, se mira de frente.

-Soy vanidosa -afirma.

El brazo mide 42 centímetros y las piernas 68 centímetros de ancho. A los buses tiene que montarse por la parte de atrás porque no cabe por la máquina registradora. Sus brazos y torso son tan anchos que no alcanza a rascarse la espalda y le tiene que pedir a sus hijas que lo hagan. En el campeonato anual de "El hombre más fuerte de Colombia" siempre realiza una exhibición. En su mejor presentación sostuvo un yunque de 45 kilos durante 40 segundos, dio cuatro pasos cargando un yugo de 220 kilos, volteó ocho veces una llanta Caterpillar de 120 kilos y jaló cuatro metros un camión de cuatro toneladas.

Los fines de semana le gusta llevar vestidos cortos y jugar a la "casita y a tomar el té" con sus hijas en el parque. Liliana se levanta a las cinco de la mañana. Arregla su apartamento, viste a sus hijas y las lleva al colegio. En la tarde, después de haber levantado pesas durante dos horas en el gimnasio Body Zone Sport, recibe a un grupo de la tercera edad al que entrena. Cuando termina, asesora a los usuarios del gimnasio. No se trasnocha, no bebe, lleva una alimentación estricta y espera "ser cada día más grande y demostrar que las mujeres sí podemos con cosas de hombres", y tal vez, convertirse en escolta o formar parte de la seguridad de algún bar.

Actualmente entrena boxeo y espera retar en algún momento a la campeona panameña Ana Pascal. A Amparo Agudelo ya no le impresiona "el enorme macho" ni le da rabia por su "absurdo cambio extremo". Siente orgullo de su hija deportista y sobre todo recuerda el día en el que uno de sus amigos la llevó al barrio la Boquilla, con la excusa de invitarla a comer pescado y ver un poco de deporte en uno de los coliseos.

-Después del almuerzo, no entendía a qué me llevaba al coliseo -recuerda-. Adentro sólo escuchaba que la gente gritaba: "¡Esa vieja es mucho macho man!", entonces miré a la tarima y vi a mi Liliana en bikini y con el cuerpo brillante por los litros de aceite que tenía encima.

Amparo no podía dejar de sacudir la cabeza. La gente aplaudía y ella volvía a mirar a su hija y a la gente. Le parecía mentira, dos mujeres que estaban a su lado no paraban de gritar "¡Macho man!". Amparo se llenó de cólera y las encaró cogiendo a sus nietas de la mano.

-Sabes, ese "macho man" es la mamá de estas niñas y yo la de ella. ¡Ajá, ajá! ¡Y qué!

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