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No se hace la tonta y podría ser el afiche de la femme fatale colombiana

Lo maneja perfecto. Se sabe "la gran hembra" en el país de las hembras. Juega ese juego, ataca, va directo, anota. Nunca se hace la tonta. Porque no lo es. Nataly Umaña está muy lejos de ser una 'tonta-hermosa'. Nadie, ni siquiera el más impávido de los televidentes, podría imaginar que en cualquiera de sus papeles actúa una lerda. Cómo lo va a ser si fue el 'cacao' que alguna vez -no hace mucho-, con los labios de punta, dijo a una cámara en una sección de farándula de noticiero: "Yo tengo mi corazón abierto a todas las propuestas que me vengan; así que ya saben, estoy consiguiendo novio".

Es muy hábil porque tampoco nos cree bobos. Aun con la baba afuera. Se sabe un trozo y punto. Y sabe que, tranquilamente, podría ser el afiche de la femme fatale colombiana. La viva representación de esa mujer que no tiene ningún problema en exhibir "las rígidas puntas rosadas" de sus senos -parafraseando al poeta Silva-, en este caso, genialmente esculpidos por un talento del bisturí. De esa "mamazota" criolla que alardea de su condición física, de sus curvas, de su abdomen como piedra. ¿Acaso una barriga hermosa puede ser motivo de orgullo tanto como una cara bonita? Y sí. Aquí las dos cosas.

Después está la sagaz, la actriz, la gran profesional de todo eso que en Colombia significa ser 'la gran hembra'. Pero siempre hay un pero. El nadaísta Jaime Jaramillo Escobar dijo que "las blancas, aunque se desnuden, siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto". Y con Nataly sucede. Con ella queda la impresión de que algo nos falta por saber. Menos mal.

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