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Mi ama me mima: aterradora confesión luego de veinte años de castigos

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La historia de la ama Claudia es una película de horror. Su pasión es producir dolor, su fuerte son los latigazos y tiene una lista de más de cien clientes.
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La historia de la ama Claudia es una película de horror. Su pasión es producir dolor, su fuerte son los latigazos y tiene una lista de más de cien clientes.

En la pantalla del teléfono celular hay un hombre desnudo parado sobre una cama. Su pene está amarrado a una cuerda que pasa por una argolla que cuelga del techo y cae hasta la mano de la ama Claudia, que jala la cuerda y lo amenaza con colgarlo de los testículos. Hay cuatro mujeres más azotándolo alrededor. Una tiene un cuchillo en la mano y le dice que lo va a castrar. El hombre grita, pide misericordia. Todas gritan "capemos a este hijueputa".

-El juego consiste en que yo contrato a una chica y la visto de colegiala para que "Perrocapado" se la coma. Yo los descubro, finjo sorpresa y digo "¡es un violador, este hijueputa la está violando!". Lo agarro a golpes, llamo a las sumisas y lo colgamos de las pelotas.

La ama Claudia es un ama moderna. Además de su celular con cámara, tiene una filmadora y un computador con Internet. Ese es su nexo con el mundo. A veces usa el traductor de Google para hablar con italianos y franceses. Chatea cinco horas al día, y con música de Abba, Los Terrícolas, Maná y Alci Acosta, insulta y les pone tareas a sus clientes, los sumisos, que deben presentar con pruebas fotográficas.

-Les digo que desfilen con la ropa de su esposa, que se metan un banano y se lo coman, que se tomen fotos desnudos en un parqueadero -dice. Todos deben cumplir estas pruebas, desde los sumisos que visitan la casa un día o un fin de semana, hasta los que deciden vivir una temporada en ella. Estos son conocidos como sumisos 24/7, que están sumergidos en su rol las 24 horas los siete días de la semana. La ama Claudia ha llegado a tener hasta seis en su casa de 72 m2 en el barrio San Fernando de Bogotá.

El lugar tiene una sola planta, cinco cuartos, un patio, una cocina y un baño. La ama Claudia duerme sola en su cama, pero a veces esposa de una pata a uno de los sumisos para que duerma en el piso, y mete a cuatro en la jaula del patio, donde hay varios equipos que le harían agua la boca a un guardia de Guantánamo: cepos, aparatos inmovilizadores, látigos con tiras anchas para no dejar marcas, cadenas, cuerdas, dildos de todos los tamaños, pinzas y jaulas.

Una sesión de sadomasoquismo cuesta $100.000, y con $50.000 más se puede tener sexo. Entre los visitantes habituales de la casa están un sacerdote que le gusta que le digan "perra" y lo flagelen en la espalda; un ministro de una iglesia cristiana que le gusta vestirse de mujer y hacer el aseo de toda la casa; un actor de televisión que tiene el pene pequeño y le gusta que vean cómo crece con la ayuda de una bomba de succión; un veterinario que se baña con boñiga de vacas y caballos que trae de las fincas donde trabaja.

-La mamá lo dejaba solo cuando era pequeño y ahí le cogió gusto. Un día le regalé un pañal de mi nieta -cuenta la ama Claudia. La casa también es visitada por un hombre que en su niñez se metía juguetes en los oídos para no escuchar los gemidos de sus papás. Sólo eyacula si le clavan algo dentro de los oídos. La ama Claudia habla con la naturalidad de un ama de casa que le hace un resumen detallado del día a su esposo. "'Laura' se masturbó con un tomate y después se lo comió; vino 'Perrarrecha' con un velón grande de iglesia y se lo metió; 'Culichupada' ya casi llega a los mil azotes; 'Erika' limpió mis tacones con la lengua; 'La Vampira' vino por las toallas higiénicas de 'Dayana'; 'Shakira' se inyectó sus hormonas para convertirse en mujer".

"Cholachabuca", "Laura", "Erika", "Perrarrecha" y "La Vampira" no son mujeres. Son hombres con apodos femeninos para destruir sus egos masculinos. Según ella, muchos han sido violados. El doctor Gabriel Jaime Montoya, médico-psiquiatra y sexólogo clínico, dice que no todos los que practican BDSM (Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo) sufrieron abusos, ni son un peligro para la sociedad. Son personas con una sexualidad reservada que hacen sus prácticas en grupos reducidos y con todas las medidas de seguridad necesarias.

Las reuniones de sadomasoquistas en colombia parecen eventos de boyscouts. La comunidad más grande se agrupa en Mazmorra, una página web (co.mazmorra.net) con 250 miembros. Hay médicos, funcionarios públicos, estudiantes y profesores de entre veinte y cincuenta años. Todos son abstemios. No hay modelos, fisiculturistas, tatuados de pies a cabeza o enfermos mentales. Esta categoría, para el doctor Montoya, sólo es válida en los casos en que el sadomasoquismo es la única forma de tener sexo.

Si uno pudiera elegir con quién naufragar en una isla desierta, la mejor opción sería con un sadomasoquista. Sus medidas de seguridad son extremas: en sus cursos de bondage y actividades vigilan la presión de los nudos, saben de primeros auxilios y llevan tijeras en el cinturón para liberar a alguien en menos de tres segundos. El doctor Jairo Hernando Vivas, coordinador del grupo de Patología Forense de Medicina Legal, dice que en los últimos años han sido poco frecuentes los casos de muerte relacionados con sadomasoquismo: "Sólo tenemos registro de un caso de asfixiofilia autoerótica con evidencia de ligaduras".

Los grupos sadomasoquistas son tan antiguos como el sexo: flagelaciones en el culto de Artemisa (siglo IX a. C.), azotes en grupo en los poemas de Juvenal y Petronio en Roma, piruetas en el Kamasutra y actos sádicos en la Inquisición. En la literatura, el primer antecedente es la novela inglesa Fanny Hill (1748), de John Cleland, seguida por Justine (1787), del Marqués de Sade y la Historia de O (1954), de Pauline Réage. Las minorías gay de California y Nueva York en la década de 1950 fueron el caldo de cultivo para el crecimiento del BDSM, junto con las películas de Irving Klaw, que mostraba a la increíble Betty Page, con sus tacones y brasieres puntiagudos de charol, azotando nalgas.

La historia de la ama Claudia, por su lado, comienza en 1974, cuando tenía ocho años y su padrastro la golpeaba con una fusta para caballos, mojada para que le doliera más. En los azotes de la ama Claudia muchos sumisos buscan las golpizas de sus papás. Esas experiencias tempranas que se reviven en el sadomasoquismo, según el doctor Montoya, no están relacionadas con sexo necesariamente. Para huir de su padrastro, la ama Claudia se fue a vivir con un hombre cuarenta años mayor. Él le pagó su carrera de filosofía, y allí un compañero le mostró una revista española que tenía los datos de contacto de una escuela sado en Argentina.

Al llegar al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, la recibió una anciana alta, de pelo blanco, ojos cafés y una cara parecida a la de David Carradine. Era la ama Sonia. Se montaron en una camioneta blanca y llegaron a una casa de una planta. Pagó el equivalente a la época, 1984, de US$30. Claudia -en ese momento no era ama- se dio una ducha, se quedó en ropa interior y fue encerrada dos días en una jaula. El invierno le dejó una tos crónica. Era la única extranjera entre veinte sumisos. A veces le daban sólo pan y agua durante tres días. Le decían que iban a darle diez fustazos, y terminaban en cuarenta. En el sadomasoquismo hay palabras clave para terminar la sesión, pero la ama Sonia hacía caso omiso de ellas con Claudia porque la estaba preparando para ser ama. Si lloraba le daban más, y la ama Sonia le decía que cambiara su percepción, que se convenciera de que le gustaba. Los centros del dolor y el placer están muy cerca en el cerebro y comparten algunas vías neuronales. Por eso, jalarse el pelo o rascarse una herida puede producir placer.

La ama Sonia les dio la orden a un grupo de sumisos para que consiguieran carne. Podían pedir limosna, ir a una carnicería o robarse una vaca. Tomaron la última decisión y uno de los sumisos fue descubierto por los dueños. Lo descuartizaron y lo dejaron en una bolsa en la puerta de la casa. A Claudia le dio un ataque de histeria. Dijo que quería irse. La amarraron, la golpearon, la bañaron con orina, mierda y comida podrida. La dejaron ir al segundo día de tortura.

Después del curso huyó de su pareja y se puso a trabajar en venta de cosméticos. Le decían "Tyson", porque les pegaba a los hombres que intentaban acercársele. Un día le contó a un amigo su experiencia argentina y él terminó convertido en "Pepa". Iban a su casa cuando la esposa no estaba. Ella se ponía la ropa de su esposa y le pegaba. Ambos empezaron a contarles a sus amigos la experiencia y la gente se enteró de la existencia de una mujer que daba orgasmos con sus golpes. Hace quince años alquiló una casa en Chapinero para crear su mazmorra. "Patecumbia" fue su primer sumiso de tiempo completo. Era un pensionado que caminaba en muletas porque tenía poliomielitis. Pedía que lo colgaran, lo azotaran y lo sodomizaran. Estuvo dos años.

Desde entonces, más de trescientos sumisos han pasado por su casa, y 35 se han quedado entre un mes y dos años. Antes de entrar deben escribir una carta con sus fantasías y firmar un contrato en el que se obliga al sumiso a obedecer por completo a su ama, a renunciar a sus bienes, a su intimidad, cambiar su forma de hablar y de vestir. Deben cocinar, limpiar, cuidar la "disponibilidad de todos los juguetes", pagar facturas, "adornar sus órganos sexuales", mantener "su sexo limpio y rasurado o dejar crecer el vello si su ama lo pide" y dejarse hacer tatuajes y piercings. "Si su ama se cansa de sus ruidos, podrá amordazarlo". El sumiso no debe tener otros amantes ni amos, y debe estar de acuerdo "en que su ama tiene el derecho a determinar cuando otros pueden usar su cuerpo". Es opcional "servir de sanitario humano, tampón o toalla higiénica a la ama, limpiando sus fluidos con la lengua".

Existe un apartado en el que se habla de dos palabras claves: "Si el sumiso siente que la situación se aproxima al límite de lo imprevisto, puede pronunciar la palabra 'amarillo'. La palabra 'rojo' precisa la inmediata conclusión de la actividad". El contrato puede cancelarse cuando cualquiera de las dos partes decida. En la casa de la ama Claudia nadie ha pronunciado esas palabras. Ella es tierna y maternal. Cuando practica bondage saca la lengua por un lado de su boca como una niña cuando se amarra los cordones del zapato. Su hijo, de 25 años, atiende una sala de tatuajes que está en un garaje de la casa.

Tiene una hija de dos años y se la pasa a la ama Claudia por una abertura que hay en una pared de madera que divide la sala de tatuajes del resto de la casa. La bebé la empuja y le da cachetadas cuando la ve maquillada, como si supiera que minutos después se pondrá su ropa de cuero y le gritará a un sumiso frases como "te haré tragar caca de perro, porque la mía no la mereces, puta barata". Sus vecinos nunca se han quejado. Sólo el dueño de la tienda del frente. Una vez mandó a un cliente a que tocara la puerta y preguntara qué hacían en la casa. La ama Claudia le tiró la puerta, se vistió bien, cruzó la calle y le dijo al tendero: "Señor, en mi casa le damos por el culo a los metiches como usted".

En la actualidad viven sólo tres sumisos en la casa. Hace poco fue expulsado "Juana", un joven de 25 años que tenía engañada a su familia hace un año y medio con la coartada de que estaba de viaje por Europa. Los llamaba por roaming desde un teléfono celular internacional. Él dormía en la jaula del patio, y siempre estaba en ropa interior y con un collar de perro al cuello. La ama Claudia descubrió que cuando se ausentaba asaltaba el minibar y se tomaba hasta el alcohol antiséptico del botiquín.

Un día normal comienza cuando Dayana se levanta a preparar el desayuno a las 6.30 a. m. Es divorciada, tiene dos hijos y llegó a la casa a través de un aviso clasificado en El Tiempo. Ella es esclava, un rango inferior a los sumisos. Un sumiso puede llegar a ser amo si se lo propone, pero un esclavo no puede ascender. Su mejor amigo dentro de la casa es "Jovana", un hombre de cerca de cuarenta años que se vestía de mujer desde pequeño. Conoció a la ama Claudia en Facebook, donde le han cerrado varias veces su cuenta -ahora está registrada como Claudia Cárdenas-. Tres meses antes había terminado una relación de diez años con una mujer. Nunca le dijo nada de su afición. A veces sale a fiestas vestido de mujer con la ama Claudia, y la acompaña a restaurantes.

Él no pide nada, se sienta a su lado y espera a que ella le deje algo en el plato. Según la ama, duerme como un león y le molesta que los demás hablen de él como "ella". Es hábil con las manos, cambia los bombillos, construye artefactos de "tortura", remodeló el minibar y le incrustó un acuario con peces de plástico. También pintó durante toda una noche la casa de la mamá de la ama Claudia, una anciana de 74 años que ya no se escandaliza con nada.

Angie llegó a la mazmorra por intermedio de una amiga. Tenía un esposo que ella mantenía con su trabajo de mesera en bares y servicio doméstico. En su contrato de sumisión no están contemplados los golpes, pero ha recibido castigos. Un día pidió un permiso para salir dos horas de la casa y tardó seis. La ama Claudia le metió cabeza y manos en el cepo durante cuatro horas. Ahora es novicia, el grado intermedio entre el sumiso y el amo, y la ama Claudia le da el mando de la casa cuando se ausenta. Todos le tienen miedo a sus cachetadas.

Al mediodía, "Jovana" y Dayana preparan el almuerzo. Miran el noticiero en un televisor pequeño que está en una repisa del patio. Si aparece Chávez, la ama Claudia se despacha en insultos. Si aparece Andrés Felipe Arias, "Uribito", le grita piropos. "¿De qué se ríen", le grita ella a los sumisos. En las tardes hacen desfiles y concursos de canto. Pero por lo general "Jovana" va a algún lugar a hacer una reparación, y Angie y Dayana salen a hacer el aseo o a atender un cliente con sus deseos sexuales.

El dinero que ganan en estos trabajos se lo dan a la ama Claudia, que lo destina a los gastos del hogar. Es una especie de comunidad hippie-sadomasoquista. En la noche ven telenovelas. Si hay problemas para decidir qué canal van a poner, la ama Claudia, de castigo, elige los programas de partos y operaciones médicas de Home and Health. Es la dueña del control remoto.

"Jovana" es el único de los sumisos que la acompaña cuando sale a la calle. Hace poco fueron a jugar a los bolos con el hijo de la ama Claudia. Ella tiene un dolor crónico en su hombro derecho. Pegarles a personas todos los días durante veinte años también duele. El dolor que sentía al levantar la bola le recordaba que ella también es una esclava de sus sumisos.

MundoDonJuan

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