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Manual para salir de la crisis

POR EDUARDO ARIAS Ilustración: Ivette Salom Foto: Jupiter images

La crisis económica todavía es una realidad y por eso DONJUAN le vuelve a presentar este manual, elaborado a comienzos del año pasado, para hacer más llevadero ese período difícil llamado crisis.

La crisis económica todavía es una realidad y a pesar de las leves mejorías que muestran los mercados del mundo, la palabra crisis sigue siendo una de las más pronunciadas, tanto, que Barack Obama tiene entre sus planes una nueva regulación para limitar el tamaño de los bancos y las prácticas arriesgadas que pudieran provocar una nueva crisis. Y mientras llega la luz al final del túnel, DONJUAN le vuelve a presentar este manual, elaborado a comienzos del año pasado, para hacer más llevadero ese período difícil llamado crisis.

Sangre fría
Si usted es una víctima de la crisis, ya sea porque lo echaron del trabajo, sus proveedores se han vuelto malas pagas o se ha reducido el número de contratos de manera dramática, lo primero que debe hacer es mantener la calma. Es fácil decirlo, obvio, es fácil racionalizarlo, pero no tan sencillo aplicarlo. Porque una cosa es lo que uno piensa y otra lo que uno siente, y en circunstancias adversas es más que lógico que la carga emocional se lleve por delante los argumentos. Ante todo, no le dé vergüenza decir que perdió su empleo o que las cosas andan mal en su negocio particular. A menos que usted haya cometido un delito o una negligencia imperdonable, no es un pecado quedarse sin trabajo o pasar por un mal momento, y mucho menos cuando en el mundo entero millones de personas pasan por el mismo trance.
Al revés, entre más lo comente y más lo sepa la gente, tendrá más oportunidades de que le hagan propuestas. De hecho, es normal que personas que antes no le proponían nada porque usted estaba muy bien ubicado, ahora tengan ofertas precisas que hacerle, y muy probablemente algunas de ellas serán el salvavidas ideal.

Eso sí, nada de quejarse ni de lamentarse ni de decir que usted es una víctima. Afróntelo con humor, con gracia, sin expresar rencores ni odios. Nada más aburridor y despedidor que una víctima del sistema, de un renegado del capitalismo salvaje que se queja que le va mal porque no tiene palancas o no es de la rosca. Piénselo, si de veras considera que es así, nunca lo exprese.

Chao, duelo
Es inevitable sentirse mal, que el mundo se acaba, que uno no vale nada, y esa idea seguirá dándole vueltas mucho tiempo después, independientemente de que usted encuentre una salida o no. Pero no se deje llevar por el duelo ni por la angustia. Haga el esfuerzo de anteponer la razón a la emoción. Desde el comienzo elabore un plan de contingencia o si no corre peligro de que el estrés se lo lleve por delante. Y trate de que sus planes sean realistas y progresivos. Conseguir de la noche a la mañana un empleo como el que tenía es muy poco probable. Pero usted puede comenzar a ofrecer sus servicios a destajo y, poco a poco, acercarse al nivel de ingresos al que estaba acostumbrado.

Calvinismo
No hace falta convertirse de manera integral al calvinismo o alguno de sus equivalentes como el puritanismo o la Iglesia Presbiteriana de Escocia. Simplemente adopte una de sus principales virtudes: la cultura del ahorro y de la austeridad.

La lista
Es obvio, pero no sobra decirlo: haga una lista de sus gastos fijos mensuales y mire de cuáles puede prescindir. ¿Es de verdad necesario tener tres celulares, o simplemente se trata de una señal de status que le permite desplegarlos al lado de los cubiertos cuando lo invitan a un almuerzo de trabajo? ¿En realidad es necesario tener los carros que tiene, o la familia puede bandearse sin problema con uno o dos? ¿Hace falta pagar cuotas mensuales de un club campestre al que no volvió a ir porque sus hijos crecieron? ¿Qué necesidad tiene de gastarse cada fin de semana pequeñas fortunas en Andrés Carne de Res sólo para que un par de conocidos se enteren de que estuvo por allá?

No es conveniente caer en el extremo de dejar de pagar sumas que no quitan ni ponen demasiado (como por ejemplo el servicio de televisión por cable o satelital), que al no contar con ellos le recuerdan que usted anda en la inmunda y lo único que logra es deprimirse aún más de lo que ya está. Tampoco se imponga hacer mercado en cinco sitios distintos para ahorrarse 800 pesos en una libra de tomates. Además, en las plazas de mercado le ven la cara al marrano y terminan tumbándolo. Recuerde que su tiempo también vale. Existen mercados donde las frutas, las verduras y la carne se venden a precios razonables. Nada de comprar al por mayor. Por un lado, las filas de frutas que están abajo suelen estar podridas. Además, a la semana usted termina regalando la mitad de los mangos que venían en el guacal porque está hasta la coronilla de desayunar, almorzar y comer con mango. Sin embargo, no se haga demasiadas ilusiones en este aspecto. Recuerde que al menos la tercera parte de los gastos mensuales de una persona -y más si se trata de una familia y sin importar su estrato- son los imprevistos. Que, por Ley de Murphy, suelen multiplicarse por dos o por tres cuando uno anda mal de plata.

Durante los compases de espera, ocupe su tiempo
"¿A qué dedica el tiempo libre?", le pregunta a su inminente ex José Luis Perales en su balada Y cómo es él. Pues usted no lo dedique a esperar la llamada que no ha de llegar o el correo electrónico que nadie le ha de escribir. Recuerde que, por más contactos que tenga, para que aparezca algo concreto y un trabajo que le imponga una nueva rutina hay que armarse de paciencia. Aunque sea dedíquele dos horas al día a caminar por el barrio o a montar en bicicleta. Hacer ejercicio no sólo ayuda a mejorar el ánimo y la autoestima, sino que también puede traducirse en un ahorro. En lo posible trate de desplazarse a donde tenga que hacer una diligencia a pie o en bicicleta. Si es el caso, arme un viaje que lo distraiga un poco, que le permita ver las cosas con cierta perspectiva.

Un buen ejercicio para recuperar la autoestima, mucho mejor que los libros de autoayuda, es leer novelas que suceden durante el sitio de Lerningrado o en el gueto de Varsovia. A veces no sobra recordar que a miles de millones de personas les ha ido o les va mucho peor que a usted en este momento de crisis.

Relación costo-beneficio
Se le atribuye a Bill Gates el razonamiento de que él siempre viajará en clase económica hasta que le demuestren que los de primera clase y ejecutiva llegan más rápido a su destino. Como seguramente usted no querrá que crisis sea un sinónimo de vivir con las privaciones materiales de una monja de clausura, tenga en cuenta la relación costo-beneficio.

a. Gastronomía
¿Vale la pena comprar ese vino que es tres veces más caro pero apenas 1,32 veces más rico que uno bueno de combate? Existen restaurantes en los que se come mucho mejor y, en términos absolutos, más baratos que en locales de comidas rápidas. Y, si usted es de aquellos que abominaba los cocteles, pues nada, cambie ese chip, haga vida social y hasta posibles contactos de trabajo con el plus de unos tragos y pasabocas gratis.

b. Rumba
Lo barato sale caro... casi siempre. Si de rumbear y reunirse con sus amigos se trata, lo más económico es poner la casa. Por lo que cobran en un sitio por un trago usted puede comprar media botella. Además, usted controla la música: nada de tener que soportarse, además de la chichonera, que le pongan ocho veces los cuatro hits del momento de Juanes, Fonseca, Silvestre Dangond y Sin Ánimo de Lucro. Además, como la etiqueta cambia, ya casi nadie se aterra de que lo inviten a un shower de dólares y mucho menos a una reunión en la que los invitados llevan algo: comida, trago, pasabocas.

c. Cultura y tecnología
Sea paciente. Ese libro, DVD o gadget tecnológico que cuando sale al mercado como novedad vale un ojo de la cara, muy pronto estará en promoción, o editado en una versión de precio más razonable.

d. La moda sí incomoda
Olvídese de estar a la moda. No hay presupuesto sensato que soporte los caprichos de los diseñadores, que en últimas lo único que hacen es darle y darle vueltas y más vueltas a lo que ya está inventado desde hace marras: el pantalón, la falda, la camisa, el suéter y la chaqueta. Además, cada vez que algo se pone de moda (por ejemplo las corbatas rosadas), los Ricardos Henao Calderón y los Titos Pucetti se encargan de que la alta costura de París y Milán se convierta en la marca de casa de las secciones deportivas de los noticieros. O si no, pregúnteles a sus amigos cuántos suéteres rosados imitación Camilo Villegas reposan en sus clósets sin que se los hayan vuelto a poner.

Parágrafos
1: La era del 'vintage'
Nostalgia, vintage, retro, los clásicos que nunca pasan de moda... haga suyos esos términos. En vez de gastarse la plata que no tiene en ropa de moda, aprenda a combinar viejas vestimentas, explore los rincones olvidados de su clóset, donde seguramente reposa una camisa de hace 20 años que le sirvió de inspiración a Hugo Boss o a John Galliano para su más reciente colección. Y si le hace falta algún accesorio, no le haga el asco a los mercados del usado.

2: No a las marcas
Está bien, usted no nació para vestirse de pionero de la Conquista del Oeste ni de bajista de Mars Volta y necesita adquirir trajes convencionales. Muy bien, para eso también existe una solución. En repetidas ocasiones revistas como DONJUAN y similares han demostrado que uno puede lucir igual de elegante por la quinta parte del precio si cambia a Versace por Arturo Calle y a Ferragamo por Spring Step. Sin hablar, claro está, del maravilloso mundo de las imitaciones Made in China.

La era del web 2.0
Aproveche los descuentos que ofrecen en páginas de Internet y aprenda a subastar aquello que le sobra o que no es indispensable conservar en páginas como e-bay o mercadolibre.com.

Proponga proyectos
"Toda crisis genera una oportunidad". Esa frase la habrá oído decenas de veces pero no por ello es un simple lugar común. En épocas de crisis bajan los precios y, además, las circunstancias obligan a buscar alternativas, lo que se traduce en oídos más dispuestos a recibir ideas innovadoras. Si usted tiene facilidades para vender ideas o proyectos, ¿qué espera? Siéntese a idear posibles talleres, foros, seminarios o conversatorios que usted pueda atender. Recuerde que este año la palabra clave sigue siendo crisis y todos están ávidos de recetas que los ayuden a salir de esta, a navegar en los mares embravecidos de la crisis. Una vez haya diseñado una posible línea de servicios, venza su timidez, saque su agenda, llame a posibles interesados en recibir sus servicios y... ¡déjese atender! Ingénieselas para que sus potenciales clientes lo inviten a un almuerzo de trabajo.

Cartagenas alternativas
Si, a pesar de la crisis, usted no puede vivir sin una casa colonial o la crisis le permite ciertos lujos no tan ostentosos como los de los tiempos de las vacas gordas, olvídese de ese atracadero para incautos llamado Cartagena y pase sus vacaciones en ciudades igual de acogedoras como Honda, Barichara, Santa Fe de Antioquia o Mompós. Si usted es propietario de una casa en Cartagena y la crisis lo obliga a vender, aproveche la crisis y cáigale a un desesperado propietario en alguna de esas ciudades. Con lo que le pague un chapetón por un metro cuadrado en Cartagena usted puede pisar la compra de una hermosa propiedad en alguna de esas joyas de la arquitectura colombiana.

Ecologízate
"Jumplin Jack Flash it's a gas gas gas", cantaban los Rolling Stones hace poco más de 40 años. Aunque hablaban de otra cosa completamente distinta, hágales caso. Si usted aún no ha convertido su carro a gas natural, ¿qué espera? Además de realizar un gesto amigable con el medio ambiente, el ahorro es de veras formidable. Esa sí es un buena inversión que, una vez amortizada, ahorra hasta casi que la cuarta parte por tanqueada. No les haga caso a los propagadores de mitos urbanos. El carro no pierde potencia y funciona perfectamente a nivel del mar, a la altura de Bogotá. Parágrafo: tenga cuidado con los términos. Una cosa es la ecología y una muy distinta el naturismo. Tenga siempre presente que en un restaurante naturista le cobran el doble de lo normal por un plato de carne, arroz y ensalada, sólo que le viene sin carne.

¿Divorcio? No, gracias
Si las cosas no andan del todo bien con su cónyuge, aguante, búsquele el lado bueno al asunto o trate de enderezar lo que anda como torcido. Nada de separaciones ni divorcios. El chistecito, además de agregarle un trauma adicional al de la crisis económica, le cuesta un ojo de la cara.

'Fast food'
Como esto no es Nueva York y no venden Frankfurters en la calle, adapte esta costumbre urbana y no le haga el feo a los pasteles de pollo, de carne o a los pinchos con arepas. No es muy sano, pero una que otra vez no le va a dañar su sistema digestivo y sí le ayudará a ahorrar.

Del avión a la mula
Aunque usted no lo crea, viajar en bus por Colombia es relativamente cómodo y, sobra decir, mucho más barato que en avión.

Yo no necesito visa para ir a Chaparral
Haga suya esa magistral frase del ex presidente Ernesto Samper Pizano. Si a pesar de la crisis usted no puede, escoja destinos buenos, bonitos y baratos, que casualmente son aquellos donde a los colombianos aún no nos exigen visa: Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú... Un ejemplo. Ir a Buenos Aires es como ir (salvo los museos y las ruinas) a Madrid, París y Roma, sólo que lo que en esas ciudades le cuesta 10 euros, en Buenos Aires le cobran 10 pesos argentinos.

'Bonus track'
Si tiene hija en edad de merecer con un novio de confianza, ya es tiempo de que ella retribuya en parte sus abnegados esfuerzos por sacarla adelante. Invente un matrimonio con posterior viaje al extranjero, pónganle fecha, y que le organicen la mayor cantidad posible de "lluvias de sobres". Aproveche esa inesperada bonanza de dólares y euros (páguele alguna comisión al novio que se presta a la farsa), y haga público que el matrimonio no se va a llevar a cabo antes de que tenga que gastar plata en la impresión de invitaciones y participaciones.

Nota final
Para los que aún no se han visto afectados. Si usted aún mantiene su empleo y la crisis no lo ha afectado, recuerde que más vale prevenir que curar. Trate de tapar el máximo posible de huecos. Limpie lo más que pueda sus tarjetas de crédito, no vaya y sea que una eventualidad lo sorprenda con un pago mínimo de cuatro millones de pesos. En lo posible no adquiera deudas (y menos con las 'pirámides' legales de los bancos) y comience gradualmente a suprimir gastos suntuarios y a adquirir hábitos económicos.
Si por algún motivo a usted le toca la crisis, estará preparado para afrontarla. Y si no, se dará cuenta que se puede vivir muy bien y ser feliz sin necesidad de gastarse millonadas en restaurantes, bares, ropa y viajes a destinos suntuarios.

 

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