Logo DonJuan

GALERÍA DE PORTADAS Edición 85
portada

Interés DJ

Los últimos Nukak Makú

Por Ricardo Abdahllah - Fotografía Juan Pablo Gutiérrez González

En la Amazonía viven los Nukak-Makú, el último pueblo nómada del que se tiene noticia en Colombia. Su número no supera los 500 individuos y ahora tienen que realizar trabajos como "raspachines"

En el corazón de la Amazonía viven los Nukak-Makú, el último pueblo nómada del que se tiene noticia en Colombia. Su número no supera los 500 individuos y ahora, en lugar de caminar por la selva, tienen que realizar trabajos extras como "raspachines" para no ser expulsados de su territorio. Veinticinco años después de su primer contacto con el mundo exterior, las consecuencias del encuentro continúan amenazando su supervivencia.

Por Ricardo Abdahllah - Fotografía Juan Pablo Gutiérrez González

En medio de las selvas que recorren los ríos Guaviare e Inírida -lo que quiere decir en medio de una tierra donde 3.500 milímetros de lluvia anual alimentan árboles de 30 metros de alto-, un mono churuco (un aua para los protagonistas de esta historia, un lagothrix para quienes buscan el nombre científico) escucha las voces de los que parecen ser algunos de los suyos que lo llaman y empieza a acercarse hacia la fuente de los sonidos.

Lo sigue otro y luego otro y así se va formando un grupo que baja despacio por las ramas con esa curiosidad que mata a los gatos y a las personas, y en últimas, a los monos. Lo extraño es que los llamados provengan desde abajo, porque los churucos rara vez bajan al suelo. Cuando el grupo ha comenzado a compactarse, se escucha un silbido y luego decenas de silbidos entre los árboles. En cierta manera los monos saben que han caído en la trampa y comienzan a remontar los troncos aullando, ahora de miedo, algunos tienen mala suerte y caen retorciéndose al suelo luego de ser alcanzados por los dardos.

Si el curaré, el "manyi", no los ha matado, será el golpe al caer desde las copas de los árboles. Uno de los nükak se acerca a una mona que ha caído al suelo, varios miquitos bebés siguen pegados a ella. Media docena de monos han sido atados a troncos o metidos dentro de canastos de palma para transportarlos de regreso al claro donde acampa el resto del grupo. Los monos servirán de comida durante tres días. Los bebés serán adoptados, vivirán con ellos y verán a los hombres llegar a veces con pescados y cestos llenos de "waná", milpeso y otras bayas y a veces monos muertos que los niños ayudan a despellejar y luego cocinan junto a sus madres en hogueras sobre el piso.

Así será hasta la nueva mudanza. El campamento en el que las mujeres y los niños esperan lo que los hombres han cazado y recogido es la reunión de no más de diez abrigos construidos con hojas de palma que los protegen del lado por el que sopla el viento. Tras él, los nükak cuelgan sus chinchorros en grupos de dos, arriba el del hombre, abajo el de la mujer -tres si hay niños-, junto a una fogata que casi siempre se encuentra encendida.

Alrededor de ella se conversa, se preparan las flechas y se aspira el eoro, el polvo que induce visiones. Al cabo de tres meses, cuando haya menos frutas en los árboles y los monos de la zona hayan aprendido que aunque los nükak imiten tan bien el sonido, no hay que confiarse, la "gente de verdad" recogerá sus cerbatanas de dos metros de largo, abandonarán sus refugios y caminarán varios días en la selva antes de volver a establecerse. Lo harán por miles de años sin que nadie sepa que existen.

De ese pueblo que vivía en medio de la selva se hablaba entre los colonos desde los años cincuenta, pero el resto del mundo no supo de ellos hasta mediados de los ochenta, cuando algunos evangelistas norteamericanos, a los que siguió la misión religiosa "Asociación Nuevas Tribus de Colombia", comenzaron a hablar con ellos. Los habitantes de Calamar, una población del Guaviare vieron llegar un grupo de niños y mujeres en abril de 1988.

No llevaban ropas ni zapatos, se pintaban la cara y afeitaban una parte de su cabeza. El descubrimiento "oficial" se anunció meses después: en la Orinoquia colombiana vivía la última tribu nómada del continente americano. Menos evidente fue que si los nükak habían descubierto el mundo de los kawene, los no-nükak, lo hicieron porque en la selva por la que habían deambulado desde siempre, los primeros colonos habían instalado cercas con espinas que les impedían buscar nuevos terrenos.

Los científicos Leslie Wirpsa y Héctor Mondragón estuvieron entre los primeros que se interesaron por el grupo cuya lengua, hasta entonces desconocida e imposible de comprender por otros indígenas de la región, los clasificaron dentro de la familia Makú-puinave. La cifra de unos dos mil habitantes en la época en que el primer grupo llegó a Calamar sigue siendo menos exacta que la de entre 1.000 y 1.300 que, según varios antropólogos que trabajaron en el grupo, estiman como la cantidad de los que murieron en la década siguiente.

Si bien el grupo pionero regresó a la selva, luego de ese primer contacto los nükak aprendieron a ponerse pantalones y camisetas con logos de marcas y descubrieron la propiedad privada, el paludismo y la gripa, tres cosas contra las que la medicina tradicional no podía hacer gran cosa y para las que nunca llegaron nuevos remedios.

Ya en 1993, la Expedición Humana del grupo de genética de la Universidad Javeriana estimaba que 68% de los miembros del grupo con el que habían podido tener contacto, y en el que nadie tenía más de 25 años porque los demás "ya se habían muerto", tenían síntomas de enfermedades respiratorias probablemente asociadas a la tuberculosis. En los años siguientes investigadores como Dany Mahecha, Carlos Franky y Gabriel Cabrera se acercaron a ellos y observaron cómo, tras la desconfianza inicial, los nükak los aceptaban como parte de su familia.

Así se logró describir a una comunidad en la que la idea de "nómada-recolector" es solo la base. Los nükak-makú, por ejemplo, no se desplazan al azar, conocen las rutas y establecen períodos tras los cuales es posible volver a los mismos lugares, tienen relaciones de trueque entre los diferentes grupos que en ocasiones se encuentran para realizar rituales y celebraciones que copiarían las que celebran sus divinidades y los espíritus de sus muertos que conviven con ellos.

...

Publicidad