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Trece testimonios para conocer a fondo a Laura Acuña

Me demoro una hora bañándome todos los días. Una hora exacta.   

A mí me gustan los hombres juiciosos. No me gusta nada extremo. Nada extremo en ningún sentido. Nada extremo de nada. No me gustan los hombres arrebatados y salvajes, no.

Yo me siento muy normal. no me siento una vieja sexy. Creo que soy más cute que sexy. Soy como de presentar en la casa.

El plan de cocinar en pareja es supersexy.

Me encantan los zapatos. Tengo muchos y me encantan los tacones. Esa es una de mis grandes excentricidades, yo creo que es lo único que tengo como de raro: que me encantan los zapatos y pago lo que sea y me endeudo por comprarlos.

 Nunca me han parado bolas, pero yo siempre he dicho que soy mejor detrás de cámaras que delante de cámaras. Yo soy creativa, a mí me gusta inventarme cosas. Yo veo las cosas desde fuera mucho más claras de lo que las tengo dentro.

En Muy buenos días me veo como la parte divertida. La parte montadora de Muy buenos días soy yo.

Una de las cosas más difíciles en mi vida es levantarme temprano, y por alguna extraña razón siempre me ha tocado: clases a las seis de la mañana, trabajo o lo que sea, pero siempre me ha tocado madrugar y me cuesta mucho trabajo. La única forma de levantarme de verdad de la cama, de poner los pies en el suelo, es poniendo música.

Soy muy dormilona. Me encanta dormir más que comer.

Me encantan los animales. No mato a ningún animal. Ni siquiera una cucaracha. No la espicho. Primero, me da impresión, y segundo, ella no tiene la culpa.

Me encantan las vacas cuando están muertas: me encanta la carne.

Yo no soy mucho de conciertos, nunca voy a conciertos. Y hay artistas que me gustan mucho pero no voy a conciertos porque no me gustan tanto como para aguantarme el concierto, la gente, la entrada, el frío si hace frío, la lluvia si llueve... Los únicos conciertos a los que voy son los de reggaetón, no me los pierdo por nada del mundo.

Yo no dimensiono. Realmente no dimensiono lo que alcanzo a decir. Voy soltando cosas de la vida, como loca. Y no me doy cuenta. Pero además porque no le veo malicia, no le veo la parte mala a lo que digo, y pronto sí estoy hiriendo susceptibilidades o estoy diciendo alguna cosa jarta, pero a mí me parece como tan normal. Pero eso me parece chévere: la gente sabe a qué se atiene conmigo.

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