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Las maldades de Karina, la ex guerrillera de las FARC

Por Maria Paulina Ortiz Fotografia Sebastián Jaramillo

Karina artículo 2

Las guerrilleras mas jóvenes adoptaban su alias para ganarse el respeto de los demás, su primer crimen fue un degollamiento y su fama sanguinaria hizo que el presidente Uribe pidiera que la atraparan.

12 de septiembre de 2012: Alias 'Karina' recibe una nueva condena de 17 años de cárcel por los delitos de desaparición forzada y homicidio. Todos los detalles de esta nueva condena aquí.

27 de abril de 2010: Alias 'Karina' fue condenada a 40 años de prisión por la toma del corregimiento Montebonito, Caldas, el 3 de marzo de 2006. Lea esta noticia aquí y el perfil de DONJUAN a continuación.

"Karina" entró en la caleta. La orden era matarlo sin hacer ruido.
-Le corté la yugular. No más -recuerda.

Eran amigos. Ella tenía 17 años y uno de estar en las Farc. Él, 24 ó 25, un campesino que iba con frecuencia al campamento a soltarles algún dato o a saludar. Se caían bien, y por eso lo eligieron. Él la miró al entrar, pero no dijo nada. Karina tampoco habló. Después de matarlo, el comandante le entregó una pala para que ella misma hiciera el hueco y lo enterrara. 

-Lo hice para demostrar que era capaz de matar.

Era un examen que tenía que pasar -la prueba de que no le temblaba la mano para asesinar a sangre fría- y lo había esquivado con su facha de no temerle a nada. "¿De verdad, negra, usted no lo ha hecho?", le preguntó "Efraín Guzmán", su primer jefe en las Farc. Entonces programaron la cita con el muchacho. "Si no lo mato, me fusilan", pensó. Ya había oído hablar de otras mujeres que se habían negado y entrado en pánico. La versión oficial era que las enviaban de regreso a sus casas. El rumor era que las mandaban acompañadas de otros guerrilleros con palas y bolsas de poliéster.
-A sus casas no llegaban -dice Karina-. Qué pesar con ese chino. Durante mucho tiempo viví con su imagen en la cabeza. Ya no.  
 

USTED SE ENCUENTRA EN LA SALA DE CAPTURADOS DEL DAS. Esa frase, en mayúsculas, en negro, es lo primero que se ve al entrar. A partir de ese momento hay que pasar puertas controladas por guardias y candados, poner huellas digitales, recorrer pasillos y cruzar rejas hasta llegar al salón de visitas. Hay una mesa redonda de madera, asientos cojos y una imagen de la Virgen en la pared. Elda Nellys Mosquera García -nombre real de Karina- asoma su cabeza desde su celda, como tanteando el rostro de quien vino a buscarla. Camina lento hacia la sala, mirando al suelo. Es cascorva, acuerpada. Tiene puesta una balaca blanca, un bluejean oscuro y un saco de lana que le queda pequeño.

Da la mano sin mirar a los ojos y sin apretar. Está fría. Son las ocho de la mañana y acaba de dejar los dos metros por uno y medio de su celda. Duerme sobre un par de colchonetas delgadas encima de un planchón de cemento (la segunda colchoneta fue petición suya, por el frío bogotano); tiene una mesa que le sirve de escritorio, un televisor y una repisa con cremas para la piel. En la mesa están los tres cuadernos en los que ha empezado a escribir su historia.

Sus manos son gruesas, grandes, muy grandes para sus 1,65 metros de estatura. Parece mayor de los 42 años que dice su cédula. Hoy tiene los labios pintados de rojo y las uñas con un esmalte blanco que ya se está cayendo. Sonríe poco. La guerra le dejó su ojo izquierdo muerto y el oído derecho casi inservible. Le falta un diente. "La más sanguinaria de las Farc", la mujer que más alto llegó en esa guerrilla -comandante de frente-, la dueña de un alias que muchas otras subversivas querían usar para ganarse un poco de su autoridad y provocar el mismo temor, pasa sus días casi sin hablar y viendo telenovelas (su romanticismo fue, de hecho, uno de los puntos débiles que terminaron por acorralarla) en esa celda del Das a la que llegó por seguridad después de estar en El Buen Pastor.

Luego de desertar, la guerrilla no la ve como gestora de paz, sino de traición. "Sé que 'Marcos' está ofreciendo 500 millones de pesos por mi cabeza", dice casi sin afectarse. Marcos es el coordinador de los tres frentes del oriente antioqueño, donde ella operó durante una década. "Pero de la mano de Jesucristo voy a salir adelante", agrega. Tiene acento paisa, habla despacio. A veces suelta griticos, como un recuerdo del mando que algún día tuvo. En prisión tocó una Biblia por primera vez. Se la regaló uno de los jefes de sala que se acercó a hablarle después de una semana encerrada sin que nadie le dirigiera una palabra. Cuando le habló, ella se soltó a llorar. Sin camuflado, sin poder, sin arma, Karina no da miedo. Mucho menos lástima. 

-Me mataron estos hijueputas -gritaba Karina.

-No se queje tan duro, negra, que nos van a rematar -le susurraba la guerrillera que había quedado tirada a su lado.

Agosto de 1998. Quinientos guerrilleros de los frentes 58 y quinto -del que ella hacía parte- se tomaron la base militar de Pavarandó, en el Urabá antioqueño. Los combates empezaron a las ocho de la noche y eran las tres de la mañana. Bajo el mando de Karina estaba una compañía de cierre con cuarenta hombres. En medio del fuego vio que los militares estaban saliendo por un lado de la base, justo donde ella había dispuesto a su equipo. Se acercó a verificar qué pasaba y notó que no estaban en posición. "¿No dizque saben de esto?", alcanzó a recriminarles antes de que una bala del Ejército le diera en un brazo. Era la primera vez que la herían en catorce años de guerra. Volteó a mirarse, notó que el hueso no estaba dañado, apenas le salía un chorrito de sangre.

Siguió echando bala y el Ejército continuó con granadas. Karina llevaba en su morral un lanzagranadas con dos bombas. Oyó un ruido y se agachó. Dio la vuelta despacio. Tenía una granada a sus pies. Pasó un par de segundos antes de que explotara e hiciera explotar también las que cargaba en su espalda. Sintió que subía al cielo y volvía a caer.

-Me mataron y dejé huérfana a mi niña -seguía gritando.

En ese momento su hija tenía siete años. Aunque la niña vivía con su familia paterna en Medellín, Karina lograba que se la llevaran con frecuencia al monte para verla crecer. Después la guerra se acrecentó y perdieron todo contacto. Volvió a verla el día en que se desmovilizó.

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